¿Apocalipsis Alimentaria?
11.04.08 @ 22:09:27. Archivado en Economía, Política
De acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), durante los últimos nueve meses, el precio de los comestibles ha aumentado en un 45 por ciento.
Al llegar diciembre del año 2007, los precios se dispararon hacia alturas nunca antes alcanzadas. En veinte años, las despensas y las mesas no se habían visto tan amenazadas por la voracidad del comercio y de la industria.
Los especialistas de la organización internacional han señalado tres rubros como los directamente afectados por estas subidas: cereales con un incremento del 41 por ciento, aceites vegetales con el 60 y productos lácteos empujados hasta el 83.
A pesar del esfuerzo de los gobiernos por detener esta vorágine, las tendencias no parecen contenerse y su empuje comienza a agrietar muros antes inexpugnables. El panorama se torna sombrío para la inmensa masa de pobres de todo el mundo que depende, casi exclusivamente, de la adquisición de los rubros arriba mencionados.
Se ha dicho que entre marzo del 2007 y el mismo mes de este año, el trigo ha incrementado su costo en 130 puntos porcentuales, lo que le distancia de la exigua capacidad adquisitiva de los habitantes del África subsahariana y América Central, dos de las más afectadas por esta situación.
La tendencia no parece retroceder y se ampara, como pocas veces, en los precios internacionales del petróleo. El precio de los alimentos sube mientras son menos los que pueden comprarlos.
Otro producto que se ha visto mordido por las bestias salvajes del comercio ha sido el arroz. Plato principal de la dieta básica de miles de millones de personas, sus precios gravitan por alturas considerables y nada de descender a puntos más accesibles.
Los economistas han manifestado que el sobreprecio de los alimentos en el planeta tiene varias causas, entre las principales han destacado las significativas variaciones en la oferta de los diferentes rubros, así como modificaciones en su demanda.
La oferta de la producción de los productos agrícolas ha sido golpeada con fuerza por el alza de los precios de los combustibles, sí. Esto es innegable. Pero la fuerza de este sector se nutre de los conflictos que se presentan en las regiones donde se explotan sus yacimientos, como el Oriente Medio, África y algunas naciones como Venezuela, Ecuador y otros.
En el 2008, los precios del crudo y sus derivados, por primera vez estuvieron marcados por encima de los 110 dólares por barril. Desde la invasión y ocupación militar de Iraq hace cinco años, la cotización del petróleo no ha cesado de tener movimientos amenazantes para todas las economías.
Esto ha contaminado los precios del combustible e incrementado los costos de producción y transporte de los bienes del sector agrícola y el pecuario. Además, algunos cultivos como el maíz, utilizado para la fabricación del biocombustible etanol, han motivado que los agricultores pierdan interés en otros rubros para formar parte de la danza de millones que representa esta modalidad de carburante.
Otro elemento que se establece en la lista de causas de esta antesala de la hecatombe es la incontenible demanda de materias primas provenientes de Asia. Naciones como China e India han hecho crecer sus economías por lo que la capacidad adquisitiva de su población demanda más productos no elaborados en estos dos gigantes.
En un informe del Programa Mundial de la Alimentación de la ONU, al cual hemos tenido acceso, se subraya que “el aumento en el precio de venta de los alimentos ha tenido un mayor impacto en América Central”.
El valor del maíz en esta región, se ha señalado, se ha duplicado en los últimos nueve meses. Otro tanto ocurre con los granos, otro de los productos básicos que ha subido debido a las negativas condiciones del clima. Los casos más graves se han detectado en Nicaragua y El Salvador.
En Nicaragua, el precio de la tortilla, a partir de la harina de maíz, voló hasta la estratosfera con un aumento del 54 por ciento desde enero del 2007 hasta el mismo mes del 2008. En México ocurrió algo más grave cuando este producto aumentó se cuadruplicó. El gobierno debió intervenir para ejercer controlo sobre los precios del nutriente.
Por su parte, en El Salvador, la inflación ha provocado una disminución del poder adquisitivo de la población, sobre todo la de áreas rurales. Se calcula que estas personas han perdido el 50 por ciento de su posibilidad de adquirir productos alimenticios para su dieta diaria.
Cifras proporcionadas por la FAO indican que en América Latina existen en este momento unos 52 millones de personas que padecen desnutrición. El asunto se torna mucho más complicado, toda vez que los más afectados son los niños, cuya muerte antes de los dos primeros años de vida se ha incrementado.
Se ha creado una especie de callejón sin salida. En América, Brasil y Estados Unidos, se han convertido en los principales productores de biocombustibles, con una acumulación del 90 por ciento del mercado mundial. Según se ha indicado el objetivo de las dos naciones es obtener energías renovables para reducir la dependencia del petróleo.
Otros países han levantados sus voces para aclarar que la tierra solo debe ser labrada para producir alimentos y no otras sustancias que puedan afectar la seguridad alimentaria de todos los países.
En opinión de los analistas del Instituto Internacional de Investigación de Política Alimentaria ha manifestado que de mantenerse la expansión al ritmo actual del sector de los biocombustibles, los bienes de consumo seguirán aumentando de precio, ya que los cultivos dedicados a fines energéticos restarían mercado a la agricultura.
Por cada punto porcentual que aumente el índice mundial de los precios de los alimentos, unas 16 millones de personas sufrirán los efectos de la carestía y la desnutrición sería su opción menos peligrosa.
Comentarios:
Si un día desaparecieron los dinosaurios de nuestro planeta, cualquier día el hombre dejará su puesto a sólo Dios sabe qué engendros o quizás seres superiores tan evolucionados que se alimenten sólo del aire que respiran, que, por supuesto, tendrá una composición diferente a la actual.
Terrible pensar en que nuestra economía no alcanzará para dar de comer a nuestros hijos. Pero más terrible todavía, en que lo que les damos de comer, con el sudor de nuestra frente y el dolor de nuestro bolsillo, no sirva sino para que crezcan, sí, pero mediante un alarmante deterioro de su salud.
Si cara se está poniendo la industria de la alimentación en general, ni que decir tiene la elitista de los alimentos biológicos, cultivados de forma natural, sin pesticidas, sin agresiones externas, sin alteraciones genéticas, con un mínimo de garantía y fiabilidad en que son realmente alimentos y no tendremos que echar mano de los complementos dietéticos, sin los que, hoy día, es imposible alimentarse...
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Roderick Guzmán Meza


