¿Curan las plantas el Cáncer? Entrevista al botánico Diomedes Ureña
10.04.08 @ 22:09:14. Archivado en Ciencia, Medicina, Tecnología
En entregas anteriores hemos publicado varios artículos sobre la actividad curativa del botánico Diomedes Ureña, oriundo de la provincia de Chiriquí a unos 500 kilómetros de la ciudad de Panamá. Hoy nos disponemos a conocer quién es este especialista que en la floresta dice haber encontrado la manera de curar enfermedades terminales como el cáncer y el Sida.
La sala de espera, ubicada en la planta baja del edificio Balmoral, en Vía Argentina final, está decorada con recortes alusivos a Ureña aparecidos en diarios locales e internacionales. Algunas fotografías de sus pacientes complementan los textos informativos. Uno de los hijos de Ureña nos conduce al despacho del experto. Con un apretón de manos somos recibidos y ante un escritorio de caoba nos sentamos para dar inicio al diálogo.
Ureña es un hombre que ronda los sesenta años, es delgado y su estatura es un poco menor al metro ochenta. Como la mayoría de los panameños es trigueño de ojos y cabellos oscuros, aunque asoman ya unas cuantas hebras blancas.
Antes de comenzar la entrevista, consulta su reloj de pulsera y con un gesto de la mano derecha hace entrar a su hijo. Le da unas instrucciones y se dispone a la conversación. Nuestra primera inquisición es la lógica. ¿Cómo y cuándo ha comenzado a dedicarse a la actividad curativa?
DU. Todo comenzó hace más de veinticinco años. Yo tenía un tumor cerebral. Me había sido diagnosticado por, al menos, tres médicos. Me sentí frustrado y pronto me sumí en la depresión. Salí de casa y me dirigí al monte. Era un lugar solitario. Allí, me senté sobre una roca muy grande y desde una elevación, miré en derredor. “Todo esto lo ha creado Dios”, me dije. “Ahora, mi vida está en sus manos”. Entonces comprendí que algo me estaba deparado para estar allí. Así que le imploré al Señor encontrar ese destino que presentía.
Respira profundamente mientras pongo pausa en la grabadora. Carraspea y juega con un bolígrafo. Parece haberse remontado emocionalmente a esas épocas. Pero luego hace acopio de fuerza y continúa.
DU. Le confieso, amigo periodista, que lloré como un niño porque tuve mucho miedo. Pero como siempre he sido un fervoroso creyente en la bondad de Dios, lo dejé todo en sus manos. De pronto, como si siempre hubiese estado allí esperando el momento oportuno, una brizna de hierba voló hasta mi y se depositó en mis manos, abiertas en oración. Entonces me dije que había en esto un mensaje y… así fue.
HYS. ¿Ha sido una especie de visión la que ha tenido. Algo relacionado con la intensidad de su fe?
DU. Todo es cuestión de fe, sí. La mayor parte del proceso curativo es un asunto de creer en nosotros mismos. Tener dudas es dejar de creernos merecedores del bienestar, la felicidad y la salud. Si usted pierde la fe en si mismo, es como si negara la razón de su existencia, como si se saboteara.
HYS. ¿Qué ocurrió después?
DU. Seguí mi intuición. Caminé por el entorno. En esos lugares, en mi provincia natal, la floresta es abundante y la tierra es muy fértil. Después procedí con el método experimental de observación, ensayo y comprobación. Probé las facultades terapéuticas de algunas raíces, plantas y hierbas. Descubrí las diversas formas en que podían ser útiles para la salud y me bebí la primera infusión que preparé. Durante varias semanas ingería el resultado de la mezcla y cuando menos lo esperaba, todos los síntomas habían desaparecido.
Mientras nos muestra fotos de algunos de sus pacientes (una señora mayor curada de cáncer en los senos, un hombre de unos 40 años curado a su vez de un melanoma maligno y otros más), Ureña nos reafirma que el cáncer y el SIDA tienen cura. Si son tratados con sus medicinas naturales por un período determinado. Añade el botánico que las plantas de su fórmula tan solo son conocidas por él y pueden combinarse. Ha podido encontrarlas en puntos altos, llanuras y zonas montañosas de las provincias limítrofes de Chiriquí, Bocas del Toro y Darién.
HYS. ¿Fue usted su propio sujeto de experimentación?
DU. Así es. No tenía opción. Nadie me hubiera aceptado una prescripción en ese tiempo. Cuando acudí posteriormente al médico, se comprobó que las protuberancias en mi cerebro habían desaparecido. Algunas dudas por parte de los facultativos motivaron nuevos exámenes y análisis, pero todo había vuelto a la normalidad.
Muestra su rostro una creciente satisfacción. El orgullo se refleja en sus ojos cuando rememora esa época. Alguien le saluda desde una ventanilla. Un rostro viejo y curtido escondido tras unos anteojos oscuros deja salir una voz estridente que le desea buena suerte al naturista que responde con un ademán y un “hasta luego”.
Uno de los logros más importantes para Diomedes Ureña, ha sido, en sus propias palabras, haber curado a su esposa de tumores malignos en las glándulas mamarias. Esto fue en el año 1984, cuando el “boom” de la naturoterapia no había alcanzado el nivel que hoy ha logrado gracias a este herbolario panameño.
El tiempo apremia con la llegada de varios pacientes, así que comprimimos la entrevista.
HYS. Las enfermedades incurables parecen hacer sentir más motivación por ayudar a las personas, pero dígame, ¿qué es el cáncer y el sida?
DU. El cáncer, mi estimado amigo, es un alejamiento de la naturaleza, una expresión del orgullo del hombre que pretende controlarlo todo y en ese afán lo que hace es destruir. Es desequilibrio y el efecto de emociones negativas. Son como sombras que crecen en el interior del cuerpo mientras nos intoxicamos con alimentos tratados con sustancias artificiales.
El ser humano incuba este enemigo dentro de si. El cáncer es, como sabemos, un crecimiento anormal y descontrolado de las células. Al ocurrir este proceso, el órgano afectado se transforma y crece, pierde la proporción original para la cual fue creado y estropea su relación con el resto del organismo; entonces comienza la degradación y la decadencia, precisamente porque la comunicación es cortada y pierde fluidez.
El Sida, por su parte, es una invasión externa, algo que proviene de afuera. Se ha abusado de la sexualidad y de los vicios y una nueva generación de virus se apodera de los sistemas de defensa. Este virus es tan feroz que ha logrado transformarse hasta protegerse de los llamados “cócteles” antirretrovirales.
HYS ¿Cuántos casos ha logrado curar?
DU. Puedo decirle sin duda que han sido miles. El problema que he tenido es que pocos son los testimonios de mis pacientes. Después que les he curado desaparecen. Unos pocos sí han sido agradecidos y me visitan ocasionalmente. Nos convertimos en una especie de familia. A veces me descorazona, pero debo entender que así es la humanidad.
Nos comenta que ha llegado a atender más de cien personas en un día. En ocasiones la cantidad de pacientes rebasaba los mil al mes. Para poder enfrentar esta demanda es necesario contar con una estructura de funcionamiento, nos explica Ureña. El proceso es complicado y un poco largo, agrega, porque debemos sembrar la planta, preservar las hierbas y las raíces, recolectarlas, someterlas a secado, maceración, empaque y transporte hacia los diversos centros de atención.
HYS. ¿Casos difíciles?
DU. Por supuesto, ha habido casos difíciles, pero no por ineficacia de la fórmula, sino por la terquedad de las personas. He sabido de casos de individuos que acuden al consultorio del oncólogo que les receta radiaciones o quimioterapia. Este procedimiento no reconoce células sanas o enfermas, tan solo ataca. Así las cosas, destruye todo el sistema y se corre el riesgo de debilitar el cuerpo cuando ya está en una fase muy avanzada. Mis medicamentos restituyen sustancias que son asimiladas favorablemente por el órgano afectado y por la sangre en general. Allí comienza el misterio que la medicina tradicional no ha podido descifrar. Algunos de los elementos de las plantas, hierbas y raíces reconocen dentro del tejido en riesgo, la malevolencia de estas células y las destruye.
HYS. ¿Qué planes tiene el doctor Ureña?
DU. Me gustaría llevar mi medicina a otros países, ayudar a personas que han perdido la esperanza en la ciencia. Hay muchos hombres y mujeres que padecen diversos tipos de males y a ellos me gustaría ayudarles. Ojala pudiera establecer contacto con alguien importante en países como México, Venezuela, Brasil y Estados Unidos para demostrar con hechos la efectividad de mi trabajo. No dejo de agradecer a Dios la oportunidad que me ha dado de servir a la gente. Dios nunca me ha abandonado porque sabe que mi tarea es noble, a pesar de la duda que puedan tener algunos.
Es hora de atender más pacientes. La sala de espera está repleta. Personas de diferentes edades aguardan su turno. En sus rostros hay esperanza y a pesar de que puedan sufrir, tienen mucha fe en Diomedes Ureña.
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alvaro
chile.
que es buepara las ulceras cronicas
que es buepara las ulceras cronicas
ESPERO TENER NOTICIAS SUYAS Y EN VERDAD LE DOY GRACIAS A DIOS POR PONERLO EN MI CAMINO.
MIL GRACIAS.
Poria consultar con Ud. este caso?
Mil gracias por su pronta respuesta.
Maribel
Poria consultar con Ud. este caso?
Mil gracias por su pronta respuesta.
Maribel
Poria consultar con Ud. este caso?
Mil gracias
Maribel
Es complejo este mundo de la medicina natural, tiene muchos detractores pero es que también existen muchos intereses creados en torno a la industria farmacéutica, pero eso sería ya otro tema, y además, como en todo, hay personas, que se aprovechan de la buena fe de las gentes, falsos curanderos que son los que dan mala fama a esta profesión tan noble.
Ignoro si es cierto lo que nos cuenta Ureña respecto a sus curaciones, pero leo sus palabras y siento que tiene razón en lo que dice. Llevo mucho tiempo leyendo, aprendiendo y experimentando sobre terapias naturales y, aunque cuesta, porque uno ha de ser constante, no dejarse llevar de la urgencia y la artificialidad de nustro mundo tecnológico y agitado de hoy, seguir unas condiciones de vida lo más...
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Roderick Guzmán Meza








