Martin Luther King. A cuarenta años de su asesinato
03.04.08 @ 21:57:15. Archivado en Historia, Biografías
Martin Luther King, Jr, nació en Atlanta, Georgia el 15 de enero de 1929. Una aureola sobre su cabeza presagiaba sus inclinaciones religiosas. Reverendo de la iglesia bautista, también había señalado por fuerzas oscuras para jugar un trágico papel en la sociedad estadounidense del siglo veinte.
Todavía era muy joven cuando se hicieron evidentes sus deseos de luchar contra la discriminación contra los negros. Eran tiempos de temor, una época de violencia y abusos, de fuerza y sangre derramada.
King asistió al Morehouse Collage donde, en 1948, obtuvo el título de Sociología Bachiller de Artes BA. Más tarde en el año 1955 logró su doctorado en Filosofía en la Universidad de Boston.
Era un joven estudioso. La Biblia refulgía en su biblioteca personal. A ella dedicaba los días, las noches y el tiempo libre. Rompía las ataduras del tiempo y el espacio para poder sumergirse en el estudio de los filósofos y los clásicos griegos y romanos. Alimentó siempre el sentido de la duda como elemento catalizador de la verdad.
La situación de la población negra en los Estados Unidos era humillante.
Ofensas pululaban en el aire, empujones, golpes y asesinatos era la agenda diaria. Por las noches, hordas de fanáticos repasaban las calles de las principales ciudades del país, sobre todo las enclavadas en el sur.
Un negro sentado plácidamente en un autobús, de regreso a casa del trabajo, debía levantarse tan pronto un blanco abordase el vehículo y cederle el asiento. Negarse a hacerlo significaba una golpiza por parte de los demás usuarios y hasta varios días encarcelados si la policía patrullaba por el área.
Habían pasado sí, los tiempos de la esclavitud, de los linchamientos, de las violaciones y las expropiaciones. Aquel sur esclavista debió haber visto con rabia la forma en que los negros abandonaban las plantaciones de algodón, donde desgranaban sus penas en la interpretación de aquellos profanos blues, la semilla más distante de varios géneros musicales populares de la actualidad, pero también de los magníficos cánticos de las iglesias de Alabama, Atlanta, Nueva Orleáns o Kentucky.
King era heredero de esta funesta tradición de dolor y sangre. En su corazón hacía efervescencia una tormenta, un movimiento de emancipación que pretendía culminar en los códigos legales, pero que tenía su génesis en lo más profundo del espíritu.
En 1954, Martin Luther King se convierte en pastor de la Iglesia Baptista de Dexter Avenue, en el condado de Montgomery, Alabama. Desde su púlpito podía ver los rostros expectantes de sus hermanos de raza. Ojos luminosos, miradas de incertidumbre, pero con un aliento de esperanza propagándose con suave oscilación al principio, para después arder como fogata en la dura y densa oscuridad de la noche.
Al llegar 1955, la ciudadana Rosa Parks, abordó un autobús local. El recorrido debía ser corto hasta su residencia. Unos pocos kilómetros, unas cuantas paradas apenas le separaban de la quietud del hogar, del silencio de su aposento, de la serenidad del descanso.
Sin embargo, Parks se negó a acatar la llamada ley Jim Craw que le obligaba, tal como arriba se ha recordado, a las personas de color a ceder su asiento a los blancos. Se negaba la mujer a incomodarse para que un hombre que apenas rebasaba los cuarenta fuera cómodamente sentado en detrimento de ella que superaba ya los sesenta.
Ni su condición desventajosa ante una mayoría blanca anglosajona, ni su carga de años, le restaron valor a Rosa Parks para reclamar lo que era su inalienable derecho, la igualdad ciudadana.
Es entonces cuando King se convierte en el líder del boicot contra la línea de autobuses de Montgomery. Marchó al frente de un creciente número de personas que vieron en la acción de Parks el elemento motivador que necesitaban. Pronto la situación se tornó demasiado tensa. El descontento de los blancos por la rebelión de los herederos de la marca del esclavo se había tornado violento. La casa de King fue atacada. Le lanzaron antorchas, piedras y varios disparos hicieron diana en las paredes.
El Doctor King fue arrestado. Fuera del centro penitenciario de la localidad, un edificio de una planta, con una entrada flanqueada por cariátides pintadas de blanco yeso, una multitud de personas de raza negra comenzaban a reclamar la libertad de quien se había convertido en su líder, no solo espiritual, sino también material.
La Corte Suprema de los Estados Unidos tomó la decisión de separar los autobuses en los estados. Ahora los negros serían transportados en viejos armatostes oxidados, con los asientos erizados de resortes, los cristales de las ventanas agrietados y sin salidas de emergencia.
A pesar de que el movimiento por la igualdad ganaba adeptos en casi todos los estados, King debió enfrentar divisiones dentro de sus estructuras, así como también las artimañas de algunos representantes de la autoridad que amedrentaron y compraron la conciencia de varios líderes locales.
El 25 de marzo de 1955, se organizó una marcha que tenía previsto llegar hasta Montgomery, capital del estado de Georgia. Los primeros movimientos se habían realizado el 7 de marzo de ese año, pero la policía asedió a los participantes y aplicó una violenta represión. Ese día es recordado como el Domingo Sangriento o de Estado de Gracia.
Más tarde, en 1957, el reverendo King fundó junto a otros activistas la Conferencia Sureña del Liderazgo Cristiano, una organización creada con el firme propósito de reclamar y defender los derechos civiles, no solo de los negros sino de varios grupos minoritarios, entre ellos los hispanos, loa asiáticos y otros.
Para este apóstol de la lucha civil por los derechos humanos, lo importante era mantener viva la esperanza, no ceder un ápice en sus exigencias. Todo bajo el concepto de la no violencia y la desobediencia civil utilizado años antes por Gandhi.
El éxito de este tipo de protestas fue sorprendente, sobre todo en un país donde la violencia se cocía con suma facilidad entre las masas.
Ardían en cólera los fanáticos del Ku Kux Klan, encendían cruces en los jardines de las casas de los negros y las de los llamados “white trash” o “basura blanca”. Los autos eran atacados en los semáforos, los jóvenes negros, sin embargo, no toleraban las agresiones ni los insultos e ingresaban de forma retadora en las cafeterías, en los cines, los estadios y tantos lugares de reunión como hubiera.
A pesar de las suspicacias motivadas por decisiones inexplicables de King y por acuerdos con las autoridades de algunas ciudades, el movimiento mantuvo su vigencia. Los medios de comunicación de la época, consagrados a preservar la llamada supremacía blanca, no solo como norma legal, sino también como fenómeno enquistado en el pensamiento de la población, alegaban que King había cedido a los sobornos. Nada de esto pudo ser comprobado. Sin embargo, la duda se cernió sobre todos y laceró la esperanza.
A pesar de haber sido quebrantada la fe del movimiento, King recibió la suficiente publicidad a través de los medios, para que su empresa trascendiera las fronteras. Pronto el mundo conoció la lucha por la igualdad sostenida por los ciudadanos estadounidenses de raza negra.
El más importante reconocimiento internacional le es concedido el Premio Nóbel de la Paz, siendo el más joven en obtener el universal galardón. La Academia argumentó que King se merecía el reconocimiento por liderar la resistencia no violenta para terminar con los prejuicios raciales en los Estados Unidos.
Al comienzo de 1965, King puso en duda el papel de los Estados Unidos en la Guerra de Vietnam. En febrero y en abril de 1967 lanzó graves acusaciones contra la escalada bélica.
Martin Luther King era odiado por los blancos sureños. Durante toda su trayectoria no dejaron de conspirar en su contra. Algunos intentos de asesinarlo fracasaron. Según analistas de esta época existía una fuerte oposición de algunos sectores progresistas ligados a los sectores económicamente poderosos.
Sin embargo, la conjura alcanzó finalmente su propósito. El reverendo Martin Luther King fue asesinado antes de la marcha del 4 de abril de 1968 en el balcón del Motel Lorraine, en Memphis, cuando se preparaba para liderar una marcha local en reclamo de mejores condiciones de trabajos para el sindicato de basureros negros.
“ Yo tengo un sueño...Sueño que un día los hombres se levantarán y percibirán que están hechos para vivir unos con otros como hermanos. Ese día seremos juzgados por lo que somos y no por el color de la piel, todos los hombres respetarán la dignidad y el valor del ser humano”…REVERENDO MARTIN LUTHER KING.
Comentarios:
Aunque tengo ciertas dudas y reservas en algunos aspectos, espero que ya haya llegado el día en que se vea cumplido el sueño de Martin Luther King.
Tremendas emociones se desatan ante el recuerdo de aquellos días. Blues, gospell..., música realmente entrañable, música emotiva que llena el espíritu de profundas sensaciones.
Lucha de negros e hispanos por conseguir algo que realmente les pertenecía, la igualdad. Es verdaderamente increíble que un ser humano tenga que luchar por algo que le pertenece, que un ser humano sea capaz de creerse con derechos por encima de otro ser humano. Me hierve la sangre cada vez que se tocan estos temas, cada vez que a mis oídos llega algún episodio de injusticia.
Afortunadamente en Estados Unidos hoy día pienso que está considerado igual cualquier ciudadano independientemente de su color, raza o procedencia. Que es perfectamente factible que un negro ocupe su asiento de un transporte público tanto como que ocupe un cargo de importancia en una empresa como que aspire a la presidencia del gobierno. Y esto es debido en mu...
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Roderick Guzmán Meza


