Hablemos Arameo
02.04.08 @ 21:34:09. Archivado en Cultura
Son varios los pueblos enlazados por polvorientos caminos durante el verano y por fangosos senderos en el invierno. Es un área montañosa a más de mil 500 metros sobre el nivel del mar. Estamos el norte de Siria. Los habitantes de estos lugares son hospitalarios y alegres. Reunidos por las tardes en pequeños grupos en los locales comerciales o en las plazas intercambian las experiencias del día.
La población de estos lugares es calculada en 18 mil personas. Se dedican al pastoreo, el comercio y la agricultura cuando la benevolencia del clima lo permite. Un nexo más poderoso que la nacionalidad une a estas personas. Más allá de la tradición de los pueblos de las tierras altas, la hospitalidad, las costumbres y los sueños, el idioma se presenta como un poderoso eslabón de integración. Son las últimas personas que en todo el mundo hablan el arameo, la milenaria lengua utilizada por Jesús y sus apóstoles.
Los expertos consideran que esta cantidad de personas no aseguran la supervivencia de este idioma, casi muerto, apartado en distantes rincones donde las nubes se enroscan en los minaretes y en los árboles enclavados en los declives de los montes; sin embargo, cada uno de ellos se ha convertido en un bastión, en una fortaleza inexpugnable para la preservación de su más precioso legado.
La diversidad cultural y religiosa no significa separación ni segregación. Entre ellos conviven cristianos y musulmanes. No hay aquí enfrentamientos ni batallas, tan solo las contradicciones habituales de quienes comparten los mismos intereses. Los habitantes del montañoso poblado de Maalula, a unos 50 kilómetros al norte de Damasco, capital de Siria, no son parcos en expresar su orgullo por ser de los pocos que hubieran podido comprender las expresiones del Cristo en su andar por la tierra.
A la entrada de una casa de adobe, ornada con rosales, un anciano fuma su pipa. Puede ver desde allí el ir y venir de la aldea. Los pastores que arrean sus ovejas, los carretones con verduras que circulan hacia los tenderetes del mercado y los vendedores de tejidos y artesanías que se detienen brevemente frente a su portal. Alguien levanta una mano y saluda: “Ibla Jatita”, que es como decir “hola” y de vuelta le llega la misma expresión, acompañada de una majestuosa sonrisa.
De esta manera ha de haber saludado Jesús a sus discípulos, con esa misma gracia y amabilidad, con esa misma reverberación circulando en la corriente de los vientos. Todavía han de retumbar entre los dos macizos montañosos que rodean a esta aldea, los ecos de las voces neotestamentarias hilvanadas por los peregrinos y los caravaneros que hace dos mil años iban camino de Jerusalén. Maalula parece haberse congelado, el tiempo no ha reparado en su presencia allí, bajo el intenso azul del cielo sirio, al menos en lo que respecta a el paisaje natural.
”El arameo es nuestro tesoro y si lo perdemos, desaparecerá del mundo”, ha dicho Georget al Jalaba, un librero del antiguo monasterio de San Sergio y San Baco. “Este es un templo católico, uno de los pocos en todo el mundo, donde todavía puede escucharse rezar el Padre Nuestro en arameo”, agregó henchido de orgullo, mientras unas cabras balaban en la distancia.
Georget confunde a veces algunos acentos del francés con la compleja fonética árabe y el enigmático declive del arameo, pero siempre está consciente de que tiene una obligación moral, cultural y también espiritual de conservar vigente la lengua en que Cristo expresó el Sermón de la Montaña.
Pero no todo queda en el esfuerzo de los lugareños, porque las autoridades se han encargado de establecer un centro educativo donde se imparten cursos de lengua aramea. Los adultos acuden con el mismo entusiasmo que los niños a las aulas para aprender y perfeccionar su pronunciación.
Frente al centro educativo, Antón Taglub vende estampas cristianas y pequeñas cruces de madera con imitaciones de marfil incrustadas, en una tienda del monasterio donde se pueden ver tablones repletos de objetos de arcilla, porcelana y cristal. En su opinión este legado no puede ser destruido porque Dios permitió que ellos fueran sus custodios y no pueden faltar a estos propósitos.
Muchos de los vecinos conversan en las calles animadamente en esta casi muerta forma de comunicarse. Puede escucharse algo que, para quienes desconocemos la cadencia y el ritmo del arameo, sonaría a pugna o rivalidad, pero no es más que la manera en que el idioma ha asentado su forma de traducir el pensamiento en palabras llenas de energía y color.
Cada palabra en arameo tiene una musical fonación y los que las utilizan a diario en los campos, en las calles pedregosas y estrechas o en los declives del terreno trabajado por los agricultores para conformar terrazas de cultivo, parecen recitar los salmos o anunciar las epifanías religiosas.
La lengua ha sobrevivido tres mil años como resultado del aislamiento de los pueblos que la hablan. Poca ha sido la influencia de los imperios invasores más preocupados por los saqueos y el pillaje, nula la introducción de elementos foráneos hasta hace poco, otorgaban seguridad a los arameohablantes. Ahora estamos en una época de apertura de fronteras y de globalización.
Estos dos factores no son vistos como elementos de progreso y desarrollo por muchos de los adultos. Son en realidad voraces fantasmas que engullirán con avidez y fruición toda la tradición guardada con celo por estos pueblos, donde tal vez un niño haya repetido las mismas frases que Jesús decía mientras jugaba sentado debajo de un ciprés con muñecos de madera.
La televisión y la Internet son amenazas para la conservación de esta inestimable herencia. Los jóvenes gastan parte de su tiempo en navegar por la red, mientras se familiarizan con otras culturas y dejan filtrar en su habla cotidiana algunos componentes foráneos provenientes del inglés y el francés, sobre todo.
Frenéticos, algunos ancianos han perseguido con sus bastones en alto a quienes perforan la protegida muralla del arameo con acerados vocablos instalados como fórmulas de comunicación abierta, utilizadas por el universo tecnológico.
El virus de los ordenadores podría saltar de improvisto y lacerar la sutileza de la lengua con las contracciones de la comunicación actual y en poco tiempo enterrar bajo toneladas de basura virtual aquella inflexión con la que el Cristo mencionó la palabra.
No obstante, la nueva generación apuesta por mejores días al estudiar en universidades de la capital, Quienes emigren a Damasco, por ejemplo, reciben correspondencia en arameo y en algunos casos también cintas magnetofónicas en esta lengua para aplacar el movimiento que lance al abismo del olvido la lengua de Jesús.
No solo los grupos cristianos que viven en Maalula sienten orgullo por haber heredado el arameo como lengua madre, sino también los árabes, que han adoptado la lengua de alguien a quien los musulmanes respetan como Profeta.
La humanidad ha perdido grandes tesoros con el avance de la modernidad, esperemos que esta singular y área heredad no sea contaminada con agentes destructores que la hagan desaparecer.
Comentarios:
Esperemos que se logre la conservación de este idioma tan singular.
Como dice Roderick, hablemos arameo.
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Roderick Guzmán Meza


