Los Primos George Bush y Barack Obama
26.03.08 @ 19:55:45. Archivado en Política, Ciencia, Medicina, Tecnología, Biografías
Era el año del Señor de 1602. En el condado de Cape Cod, en Massachussets, Samuel Hinkley trabajaba en su granja. Levantaba una cerca para encerrar algunos animales. El sol comenzaba a levantarse entre un pliegue abierto entre dos cerros. La luz le daba color y forma a las cosas. A lo lejos un frenesí de árboles se recortaba contra un horizonte azul mientras las águilas acechaban desde sus pedestales siderales.
Frente a la plaza donde los niños correteaban y ensordecían con sus gritos, cerca de allí, se levantaba la morada de los Smith. Pintada con un agradable tonalidad del verde, era jaspeada por larvas de color rosa dibujadas por la sonrisa del amanecer. Un ecléctico jardín de tulipanes, magnolias y girasoles jugueteaba con el viento proveniente de las lejanas elevaciones donde la nieve coronaba las cimas. Allí vivían Margareth y Alice, hijas de Jonathan un notable ciudadano dedicado a las actividades agrícolas y de Gertrude, una melancólica ama de casa de familia alemana.
Samuel Hinkley cortejaba a Margareth, la mayor de las hijas de Johnathan. La visitaba casi todas las tardes después de terminar con las faenas de su pequeña pero productiva hacienda. Con el sombrero en la mano llamaba a la puerta, mientras la joven prometida volaba escaleras abajo para girar el pestillo y recibir con un rosado gesto de luna boreal al hombre que se había introducido en sus sueños. Pronto contraerían matrimonio.
Casados por el párroco local, levantarían su hogar no muy lejos, donde el río se deslizaba sobre un lecho de cieno al que el sol le daba un matiz dorado. Tres hijas y dos hijos alegraron el matrimonio.
De todo esto han pasado 346 años. El mundo continuó girando en su órbita eterna. Desde aquel remoto pasado han vivido casi doce generaciones. Las granjas pasaron a ser enormes estructuras de cemento y piedras. Las calles de tierra endurecida por las innumerables pisadas, se habían trocado en concreto y asfalto.
También los protagonistas originales han dado paso a otros, aún más relevantes, de una inesperada relación tan solo ahora descubierta por los investigadores de la genealogía.
Estos analistas de la prosapia han hecho públicos este miércoles unos descubrimientos que rozan con lo fantástico. Enlaces, nexos, parentescos, al parecer imposibles, han sido establecidos por las pesquisas.
La más extraordinaria de estas concatenaciones indica que el precandidato presidencial demócrata, Barack Obama es primo lejano del actual gobernante de los Estados Unidos, George W. Bush.
Ridícula o absurda, fantasiosa o delirante, la relación entre estos dos individuos se remonta a ese misterioso Samuel Hinkley de Massachussets que rondaba la residencia de los Smith. Aquel oscuro personaje, del cual no conocemos la apariencia sirve de punto de amalgama, de nivel de contacto entre el hombre que lidera el país más poderoso del mundo y quien aspira a reemplazarle.
Hinkley dejó este mundo en 1662, posiblemente derrotado por la tuberculosis o quizás debido a algún accidente de trabajo o a la larga peregrinación por los senderos de este ingrato mundo, viejo, aniquilado por el tiempo.
Es curioso, pero una parte de los genes de Obama surgen en uno de los más recónditos parajes del África negra, en un villorrio pastoril de Kenia, donde su padre arreaba ovejas y bebía una amarga cerveza de raíces. Allá en las ardorosas planicies donde se adormecen los leones, saltan los ciervos y merodean las hienas, el código genético del aspirante presidencial estadounidense se enlaza en espirales.
La otra rama de eslabones hereditarios de Barack se suelda en el estado de Kansas, donde una mujer blanca anglosajona miró los ojos de aquel negro africano una tarde y sintió que todo el sentido de su existencia gravitaba en sus oscuras pupilas.
Jugarretas del destino, casualidades del movimiento migratorio de los humanos que rodamos por este mundo en busca del bienestar, estos dos hombres podrían terminar fusionando sus esencias en el Salón Oval de la Casa Blanca.
Pero esto no es todo. La contendiente de Obama también ha establecido vínculos familiares un tanto lejanos. Hillary Rodham Clinton es una de las múltiples ramas del árbol de figuras como Madonna, Celine Dione, Alanis Morrisette, Jack Kerouac y Camila Parker Bowles.
Un tanto bohemia y de destellos artísticos aparece la concatenación de líneas en espiral del diagrama genético de la ex primera dama, ahora en la carrera por la silla presidencia, ocupada hace algunos años por su marido, Bill (de quien sería interesante conocer las ramificaciones de su herencia).
Además, las investigaciones de los expertos en genealogía afirman que Hillary también tiene nexos consanguíneos con la célebre actriz, Angelina Jolie, la esposa del no menos famoso, Brad Pitt, quien a la sazón, también ha sido relacionado con Obama.
Toda una serie de encuentros familiares se han revelado hoy. Los fantasmas del pasado han de festejar con insólita efervescencia desde la eternidad donde se encuentren, la circunvalación de su información celular, desde las sombrías sociedades del siglo XVII, hasta el abierto y globalizado mundo del XXI.
¿Es acaso un círculo irrompible el que nos ciñe al momento de ser presentadas las opciones para elegir a los que han de gobernar nuestros países y el mundo entero? Imposible la certeza de la respuesta, pero algo hay de sospechoso en estas jugadas del destino.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/153768
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Roderick Guzmán Meza








