Raymond Carver o el Resplandor detras de la Suciedad (R)
12.03.08 @ 21:24:18. Archivado en Literatura, Biografías
Raymond Carver fue un magnífico escritor, pero cometió un error: morir antes de tiempo. Desaparecer de este mundo y dejarnos una maravillosa obra no justifica ni compensa su partida. Tiene esa deuda con nosotros donde quiera que pueda estar. Tal vez de muchos mejores textos nos ha privado, de mucho óxido sobre la luz.
Ese estilo casi intangible, transparente, pero irónicamente denso y de enorme gravitación, nos permite percibir la estructura de su acto creador en toda su magnitud, el alcance de su imaginación durante el proceso de iluminación. En él se ha podido deducir antes del acto de reflexión, nos lo permite esa armonía debajo de la desentonación. Su voz de pronto es trepidante y estentórea, para luego ser un susurro casi fantasmal. Es la imposición y el ruego.
A veces sus recursos pasan desapercibidos porque se apropia de un hilo y lo desenreda casi sin percatarnos para luego, cuando ya recorremos el sistema planetario de su fantasía con el que dibuja su versión de la realidad, completar el trazo o la puntada del lienzo.
Carver era un mago de la narración corta, un poeta de lo breve, de esas densas historias contadas en algunas cuantas páginas, donde giran de manera incontenible las galaxias de su pensamiento y su voz.
Tiene un sentido de lo real y de lo poético que logra fusionar la delicada dureza de lo sucio, con la estremecedora lírica de lo sórdido y lo escabroso. Bebía alcohol y se desahogaba con la literatura. Escribía para no sucumbir a esos demonios al acecho en la oscuridad de una habitación.
Utiliza también el método de la confesión y logra expresar sus percepciones cotidianas, con ornamentos íntimos. Sus personajes son individuos comunes, frustrados proletarios víctimas del avance de la modernidad, consumidos por el atropello, por el caos y los abismos.
Son los ciudadanos del Estados Unidos de la segunda mitad del pasado siglo veinte, que ya perciben el desgarrador aliento de la insania apoderándose de su existencia, no solo como unidades sino como colectividad.
¿Será siempre Carver el protagonista de sus narraciones, con otro rostro, otro nombre y en otras circunstancias, pero con la misma conciencia?
Este hombre de mirada endurecida, no tenía otro afán que sentir el amor como una mano sobre el hombro ante la inminencia de la catástrofe, como un beso ante la expectativa de lo deplorable. Deseaba experimentar el sabor de ese trago que devuelve la conciencia, que permite la visión de una realidad menos turbia.
En ocasiones es crudo y sobre esa rugosidad de sus descripciones logra asentar una escritura de donde surge esa transparencia anteriormente mencionada, con elegancia y con eso de sucio que tiene la vida.
Su obra ha sido alimentada por la savia del dolor, de los fracasos afectivos, de la soledad y de lo cotidiano. Para él, como para todos los grandes creadores, la realidad no está clausurada; al contrario, se encuentra en una relación dependiente con el artista, con su sensibilidad y sus sueños.
Carver consideraba al mundo como una amenaza para los personajes de sus historias. El mundo es temible y casi todos, alegaba el escritor, sienten miedo de estar en él.
A pesar del peso de la rutina, de su tenacidad por mantenerse instalada en la vida de los individuos, para Carver, llega el momento de la llamada iluminación. Es entonces cuando en un instante aparece la insatisfacción y la incomodidad; sobrevienen ciertos movimientos pero que en realidad no logran modificar nada y todo termina circulando por los mismos derroteros rutinarios.
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Tenía razón, incluso los que no sentimos miedo, los que pasamos por la vida desaprensivamente, sin percatarnos de sus peligros, tarde o temprano nos tropezamos con ellos y la mayoría de las veces no sabemos salir indemnes.
Como siempre, profunda y bella reflexión de Roderick sobre la obra, sobre la personalidad de un escritor, de la calidad y la importancia de Raymond Carver en la escritura del pasado siglo XX, que nos la hace llegar a la manera que sólo Roderick sabe hacer, penetrando en el interior del alma del autor y exponiéndola con su pluma maestra.
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Roderick Guzmán Meza








