Hablemos Chino
07.03.08 @ 21:14:41. Archivado en Cultura, Historia
Ante el sostenido crecimiento económico de China, son muchos los países que exploran la posibilidad de comunicarse directamente en el idioma de los ciudadanos de ese país asiático y no a través de inseguras traducciones.
Si nos diera de pronto por aprender a hablar chino (no imaginemos siquiera escribirlo) debemos recordar su antigüedad de 5 mil años. Cinco milenios de nutrirse de innumerables fuentes, han conformado una impresionante concatenación de fonemas, giros idiomáticos y expresiones.
Nuestro venerable amigo Pu Chi Yow, nacido en Beijing, estudioso de las lenguas romances y con particular predilección por el español, se tomó el fatigoso trabajo de explicarnos algunas singularidades del idioma de sus ancestros y también de él.
Es la lengua más hablada del planeta, me dice con un notorio gesto de orgullo. En el territorio de la China Popular, tan solo ahí, conviven más de mil 300 millones de personas, sin considerar a quienes también se comunican en el también llamado mandarín, en Taiwán, Singapur, Malasia e Indonesia.
Los chinos le llaman Pu Tong Hua o idioma común. En el pragmático occidente le conocemos como mandarín. Es utilizado por los funcionarios en documentos oficiales y sus sonidos podemos escucharlos en recepciones, encuentros comerciales y diplomáticos.
Aparte del Pu Tong Hua, los chinos hablan 56 idiomas diferentes, cada uno con sus normas, con sus insondables complejidades gramaticales, inesperadas estridencias y más aún sorpresivas afluencias guturales.
Además, continúa Pu Chi Yow con esa lineal sonrisa ocular sus paisanos, los chinos, con tanta sabiduría, con tanto criterio y talento para la comunicación, entablan ruidosas conversaciones en cientos de dialectos ramificados por todo el territorio como una inmensa red de tentáculos.
De todas estas formas de expresión, el más conocido y el que cuenta con un mayor número de usuarios es el cantonés. En América hemos escuchado sus variaciones, sus estímulos y sus ruidosos esplendores. Entre los tenderos y los empresarios fabriles se forma una comunidad muy próspera que ha servido de complemento cultural para las naciones.
Explica Pu Chi Yow que el idioma hablado por él y sus ancestros es monosilábico, analítico y tonal.
Nos agrega que son 406 sus sílabas fijas. Con este bagaje fónico se forma todo el repertorio del idioma. Deben entonces agregarse cuatro tonos en combinación cuando se desarrolla el diálogo. Por eso, al escuchar una conversación entre paisanos chinos, abundan los giros inesperados, las subidas de tono. De allí que nos parezca una platica entre estos orientales una especie de ácida disputa.
Entre los chinos siempre ha preponderado, siempre según nuestro interlocutor arriba mencionado, el campo, la guerra, la familia, la comida. Un ejemplo interesante de su cultura y su forma de expresión oral es que para saludar a una persona se le pregunta si ha comido ya.
El idioma escrito abunda en formas puntiagudas, como de lanzas o espadas. Son muchos los caracteres con forma de cuchillos y de chuzo. Una historia plagada de guerras, de enfrentamientos y rebeliones perdura en los signos de la escritura.
Al traducir al habla occidental, el proceso no es sencillo. El peso cultural detrás de cada signo es tan denso que no se puede establecer una afinidad sin correr el riesgo de tergiversar lo dicho.
A la traducción fonética de las sílabas chinas a las formas de comunicación oral de occidente se les llama pin yin, lo que de manera literal quiere decir deletrear.
La conformación de frases se basa, igual que en el español, en la presencia de un sujeto y un predicado con un verbo como complemento.
Nos aclara nuestro paciente amigo chino que en su comunicación verbal no se habla de género o de número, porque no es necesario. Una persona es siempre honorable o vituperable o sagaz, pero siempre desde el marco de referencia de su condición de ser o existir.
Para decir sí, no hay fonema específico. Hacerlo vendría a representar una aceptación casi implícita, relacionada con la inclinación de la cabeza, de la sumisión a antiguos señores. Decir sí era tan solo un protocolo en épocas arcaicas, porque se daba por hecho que un vasallo no osaría jamás contradecir a un gran señor.
Por su parte, no, la negación se sostiene sobre el curioso monosílabo “bú”. Negar tendría su génesis, especulo, imagino, en alguna forma de rebeldía. El campesino flagelado por el caporal, harto del látigo sobre su espalda y del sol sobre su cabeza, finalmente se sublevaría con un rotundo “bú”, como bien lo haríamos nosotros hispanohablantes con un prolongado y oscurecido no.
Llama mucho mi atención la aseveración de mi ilustre contertulio, al decir que la palabra “bú” (no en el castizo idioma de Góngora y Quevedo) posee una especial variedad de formas de expresarse. Son muchos los matices para la negativa y los sinónimos monosilábicos para rechazar ofertas o enamoramientos.
Me dice que al principio, cuando los pueblos apenas conocían la agricultura, cuando todavía corrían por las llanuras para atrapar enclenques cervatillos, la escritura se empleaba para hacer inscripciones sobre los caparazones de las tortugas.
Los signos allí grabados eran utilizados por los magos y los nigromantes para la adivinación. En rituales al borde de los ríos y las playas, los arúspices predecían las bondades o terrores del clima, la buena o fatídica época de cosecha o la voluntad de los dioses.
Al principio, se escribía de arriba abajo y de derecha a izquierda. Era como decir que el arte de escribir procedía del cielo y era entregado a los hombres. Iniciar por la derecha era como siempre dirigirse en dirección a oriente. Hoy día, se ha adoptado la dirección utilizada por quienes escribimos los idiomas occidentales.
Quien conformó un sistema para la preservación y enseñanza de la escritura en idioma chino fue el legendario Emperador Amarillo, Huang Di, en el siglo veinticinco antes de Nuestra Era. Llegado el 800 A.E.C., se lleva a cabo otro proceso de sistematización conocido como Gran Sello. Más adelante, en el 221 se da otro procedimiento como iniciativa de Qin Shi Huang.
En la actualidad se ha calculado el uso de unos 56 mil caracteres del idioma chino, aunque se considera culta a una persona capaz de dominar entre 8 y 10 mil.
Pu Chi Yow termina su disertación. He escuchado atento. Algunas fechas he retenido. Con dificultad recuerdo un nombre. Se despide de mí con una reverencia mientras yo dejó mi mano extendida. Me dice una frase en chino y se marcha sonriente. No tengo la menor idea de lo que me querido transmitir.
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Roderick Guzmán Meza








