Medios de comunicación: ¿catarsis o enajenación?
29.02.08 @ 21:18:45. Archivado en Cultura
Este año los premios Oscar han reconocido a las películas violentas. Los personajes de estas cintas también han sido considerados dignos de los reconocimientos de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas.
¿Pero estos trabajos artísticos permitirán reconocer las falencias de la sociedad y servirle de catarsis? O acaso acumulan cieno en los espíritus más sensibles y dan pie para moldear personalidades enfermizas y marginales.
El impacto de las historias sobre la mente de los espectadores podría tener muy diversas expresiones. Las emociones asaltarán al cinéfilo medio y podrían instalarse en el recóndito sitio donde su cerebro no decodifica con solvencia; o sencillamente no se produzca nada y los desasosiegos de los investigadores de los fenómenos colectivos no sean más que reflejos de su propia inseguridad.
¿La violencia en las pantallas logrará tener la virtud de aplacar los monstruos interiores o acaso los estimulan para emerger? ¿Los potenciales criminales serán aletargados por la contemplación de imágenes sangrientas, por las visiones salvajes de los tiempos o se verán estimulados por los ritos de muerte y maldad?
Contemplar la tragedia, la violencia, el derramamiento de sangre podría ser una especie de espita de salida de todo el vapor dañino que incinera las neuronas. Ser testigo de los aquelarres de malevolencia podría ser una forma de aturdir el desenfreno y la voracidad de nuestros instintos homicidas más terribles escondidos en un aparato emocional propio de los trogloditas.
¿Es posible que se levanten sensaciones de compasión al ver a la víctima indefensa derrumbarse ante la soberbia y perversa presencia del forajido. La liberación del fardo oscuro podría permitir el surgimiento de los estados ponderados por la civilización?
Algo ha de haber también de temor. El rostro de la bestia con sus fauces abiertas, lista para saltar sobre la vena que palpita en el cuello, haría dar paso atrás al delirio del psicópata y la cólera del arrebatado.
Sin embargo, las dudas existen y nada ha sido dicho ni escrito de manera concluyente. Nada de liberación ni de descarga se ha evidenciado en la población, cuando los medios masivos de comunicación les ofrecen un menú de sacrilegios.
Las primeras planas de los diarios, esos de cónica roja y amarilla, saturan los canales arteriales de sus lectores. Es un complemento a los estremecimientos visuales presenciados en las pantallas.
Ver morir a un ser humano ha sido siempre algo trágico, quizá no tanto por presenciar el momento último de una existencia, sino por las consecuencias que sobre las emociones tenga este acto extremo.
Se calcula que los niños estadounidenses al concluir la escuela primaria han podido ver un promedio de 8 mil asesinatos en la televisión y unos 100 mil actos violentos.
¿Contendrán el germen de la violencia en estos inocentes y nobles espíritus la contemplación de la sangre vertida? De no ser así, ¿cuál sería la causa real del incremento de la violencia en muchos países?
Si esto fuera cierto, ¿por qué no florecen, ante la visualización de representaciones heroicas donde los valores se elevan sobre las cenizas de la hecatombe de la sociedad resquebrajada, más ejemplos de altruismo, de misericordia, empatía, solidaridad y humanismo?
Cuándo se ha exhibido una trama basada en la vida de prohombres como Gandhi y en arquetipos de bondad y santidad como Jesús y su cohorte de santos, ¿es contagiado alguno de los espectadores con estas sublimes observancias?
Entonces, ¿pueden los medios hacer descargar la violencia o al contrario le aportan combustible para expandir el proceso destructivo?
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¿Es cierto que se ha incrementado la violencia...? ¿No será más cierto que cada vez hay más información sobre ella, más medios que nos hagan llegar el conocimiento de estos actos violentos?
¿Acaso necesitó Caín ver una película para acabar con la vida de su hermano Abel? ¿Acaso tenían televisión en su casa? ¿Videojuegos?...
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Roderick Guzmán Meza






