La Violencia, el ghetto y el raggae
28.02.08 @ 20:59:13. Archivado en Cultura
La violencia se ha entronizado en nuestras sociedades, ya no acampa con sus huestes del otro lado de las murallas de la ciudad. El demonio de la sangre y la muerte se ha logrado introducir por los grietas de las paredes. Duro y despiadado levanta su tridente y lo incrusta con fruición.
Las antiguas formas de protesta, las rebeliones políticas no se dan ya para desmantelar el engranaje de sistemas inicuos que acosan, someten, doblegan y destruyen al hombre y la mujer. Ahora la energía se vuelve contra la propia población y la destruye con lentitud.
Ya no es raro que los noticiarios sean una ventana por donde podamos asomarnos a los dominios de la muerte. Cada día, alguien cae, cada momento algo desaparece, cada instante es impredecible para la preservación de la integridad física.
Decíamos que antes las rebeliones se organizaban para reajustar un modelo de sociedad caduco pero empeñado en mantenerse sobre sus frágiles bases, para depurar los estratos del poder en supuesto beneficio de las masas quebrantadas por los abusos de los políticos y los poderosos.
Ahora, esa fuerza se ha revertido y amenaza a la propia sociedad. Las revueltas contra el poder hegemónico han disminuido, al menos en mi país. En los grupos humanos se ha inoculado un virus de autodestrucción.
Dentro de los conglomerados humanos se atiza un fuego nada sacro, nada purificador. Crecen sus llamas y amenazan con reducir todo a escombros. En los barrios pobres, llamados ahora “ghettos”, se alimenta el germen del mal, el tiempo le otorga fuerza, pero también los desajustes, las injusticias y los desenfrenos.
Todos los días alguien muere. Destruido por un acto de violencia, se convierte en una cifra más. Los censos se incrementan con los disparos y la muerte se enseñorea por los callejones, las callejuelas, las casas de madera, zinc y cartón. Camina con la delicadeza de la bailarina o con el estruendo de los aguaceros.
Hace unos días, un cantante del género raggae fue abatido a tiros. Quedó tendido en la calle de un barrio de la periferia de la ciudad capital de Panamá. En la alta noche, los disparos sonaron como truenos, mientras los verdugos escapaban sin mucho apremio, caminando entre las sombras.
Se dice que el mencionado intérprete andaba en dudosos pasos, nada de eso nos consta. Se aventuran varias hipótesis, mientras esta misma tarde su cuerpo yace en un féretro flanqueado por cuatro cirios ante una multitud de amigos, familiares y seguidores.
Lo cierto es que la letra de sus canciones evocaba un sórdido universo de maldad, de competencia dolorosa por un espacio en el mundo, de intolerancia y de pesadillas. Esta es la modalidad de protesta, la autodestrucción.
Situados a la sombra de las colosales torres de concreto, acero y cristal, los barrios del ghetto hierven en una ira mal canalizada. El encono atormenta a sus pobladores, pero hace explosión en su interior, no se lanza contra los pabellones pintados de rosa donde los personeros se solazan.
¿Se ha manipulado la conciencia de las masas para generar un movimiento de autodestrucción? ¿Se ha torcido el pensamiento reflexivo para corroer el frágil tejido de su entorno? ¿Será acaso un género de música, como el raggae, la hipodérmica que lava los cerebros de sus jóvenes seguidores, como en su momento se dijo del rock? ¿Han encontrado los oscuros personajes que controlan el sistema, la fórmula para destruir sin crear?
No nos atrevemos a respondernos esta pregunta. Las evidencias son apabullantes. Entre estos grupos de “artistas” no es extraña la injustificada violencia entre sus integrantes. Letras que injurian y ofenden son corrientes, respuestas que demuestran la belicosidad y el encono.
La juventud se consume a si misma mientras alguien se llena de dinero.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/147860
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Muchas hipótesis se podrían plantear alrededor de este problema. Al final de seguro ninguna sería de total aceptación para todos. ¿Qué le ocurre al mundo de nuestros días? En algo estamos todos de acuerdo: que el mundo está más complicado que nunca, que anda patas arriba desde cualquier punto que lo veamos. Los nihilistas de los tiempos anteriores a la revolución bolchevique se quedarían pálidos ante las acciones de los desalmados asesinos invisibles cuyos cuerpos vuelan en minúsculos pedacitos al estallar la carga de dinamita que se amarran a la cintura con la intención de despanzurrar a multitudes, diz que con el ¨patriótico objetivo¨ de ¨defender los intereses de su pueblo¨.
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Roderick Guzmán Meza








