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El Poeta de las Balsas

Permalink 27.02.08 @ 21:21:18. Archivado en Cultura, Literatura, Ficción

Reinaldo Arenas nació en Cuba el 16 de julio de 1943. Era poeta, novelista y dramaturgo. Su verso fluía a través de una vena donde la sangre era como la luz. Era pobre, muy pobre. Allá, en aquellos tiempos de su infancia, comía tierra en los jardines. Arrancaba las flores y las colocaba sobre su cabeza. La abuela se lo celebraba y reía. Más allá de ese parterre se escuchaban las violentas vociferaciones de un hombre que golpeaba a su mujer.

La abuela vestía amplios faldones y era regañona, pero amorosa. Reinaldo la miraba escabullirse hacia la parte trasera de la casa, pero no le había dado mayor importancia a las incursiones de la señora en los desordenados módulos de hierbajos y residuos de la labor doméstica.

Un buen día la siguió. Con sumo cuidado la vio recoger algo del suelo y lanzarlo del otro lado de la cerca. Algo dijo, palabras ya borradas y olvidadas que Reinaldo no supo descifrar. En su periplo doméstico, la abuela llegó hasta una esquina donde había un depósito de herramientas.

Reinaldo amaba a su abuela con devoción, pero ese día, ese momento tan único e irrepetible, se dio cuenta de algo extraordinario: la abuela orinaba de pie. Cuando levantó el faldón de su vestido vio como el chorro de orina salpicaba las piedras y las hierbas todavía verdes.

La madre, dentro de la casa, derrumbada casi sobre una vieja máquina singer, cosía y remendaba. Sobre el pelo de la mujer se adormecía el hilo de luz que entraba por la ventana. Nadie se enteraba que Reinaldo leía poemas en medio de la más áspera oscuridad de la habitación que compartían los tres.

En 1956 Reinaldo Arenas cumplió trece años. El país estaba en crisis, el gobierno pretendía un control riguroso sobre los ciudadanos y había dispuesto espías por todas partes. La abuela del futuro poeta normalmente vociferaba algunas incoherencias que en el ámbito político resultarían inofensivas.

Pero la madre resentía la carencia de recursos. El padre de Arenas había desertado de la vida familiar y se había perdido una mañana bajo los efluvios de un sol candente y unos vientos alisios que despeinaban los matorrales y mecían las cañas y los limoneros.

Comenzó a escribir muy joven. A los trece años desgranaba versos sobre hojas de papel manchadas con grasa y polvo. El mundo era parar él un lugar peligroso y lleno de secretos. Su exacerba sensibilidad le hacía enfrentarse con una discutible objetividad, pero con emociones poderosas.

Cuando comenzaron los enfrentamientos entre las fuerzas irregulares y el gobierno, Arenas se alistó entre los rebeldes. Convertido en guerrillero sentía la existencia en el mayor de sus esplendores. Las energías negativas del universo desgarraban el país. Combates frenéticos entre los rivales dejaban como abono los cuerpos muertos de los combatientes.

Pero pronto comenzó a sentir desafección por el tumulto de los combates y por la fuerza de los fusiles y los cañones. No se sabe lo que pudo haber sentido o pensado Arenas cuando decidió colgar la boina y la metralla. Una tarde miró a sus compañeros recostados de viejos cascotes y troncos mutilados.

Aquellos hombres estaban tan cansados que su rostro se escondía en un gesto permanente de cansancio y temor. Decidió en ese momento, imaginemos, dejar atrás su ardor de rebeldía romántica. Después cayó la dictadura de Fulgencio Batista.

Dedicado a escribir sin satisfacciones ni vanidad, compuso El Mundo Alucinante, pero el libro fue catalogado como contrarrevolucionario. Desde ese momento, Arenas debió cambiar su forma de vida. Estaría en la mira de los agentes del gobierno y debió esconder sus manuscritos.

Otra vez el mar debió ocultarlo bajo tierra, entre las raíces, los guijarros y los minerales. En ese silencio, las olas golpeaban los folios con su vaivén y fue descubierto por la policía que lo incineró junto a las obras de otros escritores y poetas.

Fue enviado a las plantaciones de caña, donde trabajó en la campaña de la Zafra de los Diez Millones. En el campamento de los cortadores vio al poeta Heberto Padilla al ser golpeado y torturado por los guardias.

Para evitar las sospechas, Reinaldo se casó con la actriz Ingrávida González, partidaria del gobierno comunista, y esquiva de las manifestaciones del antiguo régimen donde la charanga y el juego, el brinco y la juerga llenaban una plaza o consumían el tiempo.

En 1973 fue detenido. Se le acusó de ir en la dirección contraria a al revolución. Todo lo que negara, consciente o inconscientemente, los postulados de la revolución pertenecían al reino de la anormalidad y Reinaldo de eso era tachado.

Intentó escapar pero fue traicionado por un amigo. Le condujeron al cuartel Miramar donde fue lanzado en un cubil hediondo y húmedo, donde se apiñaban varios presos más acusados de muy diversas faltas.
En el patio de la prisión vio cómo se amontonaban los neumáticos.

Sustrajo una de las gomas y con ella colgada del hombro huyó hacia el mar. No había dado todavía ni cincuenta pasos cuando una ráfaga de ametralladora le rozó las piernas, como un violento enjambre de avispas.

Logró escapar de sus perseguidores y se escondió entre la vegetación, pero fue encontrado casi deshidratado por unidades de los cuerpos de seguridad. Le condujeron al castillo del Morro, donde cada dos días le recetaban una paliza. Varias veces intentó Reinaldo suicidarse.

Durante los trabajos forzados fue golpeado en la boca. Perdió dos dientes superiores. El labio quedó casi partido y la sangre cubrió su pecho como un manto escarlata. Los castigadores le empujaban al terminar con su sesión de sadismo dentro de un agujero de dos metros por dos.

Fue dejado en libertad cinco años después de haber sido encarcelado, pero estaba enfermo y cansado. Sus amigos murieron. En un sueño o tal vez en la vigilia, la abuela le señaló hacia el mar y él entendió que esa sería la ruta de su próxima peregrinación.

Antes de salir a la mar, debió sobrevivir. Llegó hasta un poblado costero donde había una iglesia. Se hizo pasar por borracho y fingió dormir recostado de una vieja pared desconchada. Cuando cayó todo el peso de la oscuridad sobre el villorrio, Reinaldo ingresó en el templo y robó algunas hostias y un poco de agua para poder recuperar las fuerzas.

Reinaldo Arenas se enamoró de Lázaro Gómez y pretendió sentir un amor diferente, pero imperaba la supervivencia. Después del horizonte, las cosas serían diferentes, más allá de las olas estaba la tierra prometida.
Para ese tiempo a un grupo cada vez más numeroso de personas le fue permitido salir de la isla. Arenas falsificó un pasaporte para escapar. En lugar de Arenas, fue Arinas para evitar ser localizado. Existían listas con nombres de proscritos que no podían salir del país.

Llega entonces a Miami. Es el año 1980. Imaginó que los exiliados le ayudarían a salir de abismo de la pobreza con que había llegado a Estados Unidos, pero en vez de eso le dieron la espalda. Insatisfecho con los emigrantes, sus paisanos, decidió recorrer varios países.

Viajó a Venezuela, Francia, Portugal, España, Dinamarca y Suecia.
Muchos intelectuales le dieron la espalda, y aprendió que un exiliado sin dinero no era nadie. Arenas paseó 10 años su grito por Venezuela, Francia, Portugal y Suecia.

Todo el esfuerzo realizado para sobrevivir en la isla, el maltrato, la soledad, la angustia, terminaron por anular la capacidad de Arenas para mantenerse con vida.

El 7 de diciembre de 1990, Reinaldo Arenas se suicidó.

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Qué preciosidad de texto, lleno de contrastes. Belleza, riqueza expresiva, poesía y sentimintos de amor se oponen a brutalidad, pobreza, abandono y desesperación.
Con qué sabiduría comienza Roderick con el nacimiento de este poeta, recorriendo su vida desde la infancia, donde crecen todas las ilusiones, va abordando el día a día del personaje, su lucha por la supervivencia, los sinsabores, la amarga existencia, la pérdida total de esas ilusiones, para terminar con su muerte, una muerte trágica y voluntaria que acabaría con una vida plena de desgracias en la que únicamente se sintió protegido por una figura femenina y maternal, su abuela.
"Reinaldo Arenas nació en Cuba el 16 de julio de 1943...El 7 de diciembre de 1990, Reinaldo Arenas se suicidó".
Enlace permanente Comentario por solariana 03.03.08 @ 13:16

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