El Adiós de Fidel
19.02.08 @ 20:30:56. Archivado en Política
Durante casi cincuenta años la presencia de Fidel Castro extendió su sombra sobre la isla de Cuba y con mano férrea mantuvo su dominio a pesar de intentos de atentado, invasiones y bloqueos económicos. Llegó de la Sierra Maestra vestido de verde olivo, con una barba que le erizaba el rostro, seguido por sus camaradas.
En aquellos tiempos, el mundo se caldeaba de ideologías. Capitalismo y comunismo se enfrentaban por la hegemonía del orbe. El hongo atómico resplandecía en las pesadillas de todos.
Cuba vivía sometida por el peso terrible de la corrupción, del juego, la prostitución y por sus calles flanqueadas por palmeras los mafiosos se pavoneaban con soberbia y desprecio.
Fidel se enfrenta a este paraíso de marginales y los lanza por un barranco. El presidente Fulgencio Batista escapa durante la fiesta de año nuevo de 1959 y deja la presidencia vacía en todo el sentido que adquiera esta frase, mientras el nuevo sistema comienza a germinar con la entrada del ejército revolucionario en La Habana al mando de Fidel.
Casi cinco décadas después, el comandante ha escrito una larguísima historia. Remarcado con rojo granate están los nombres de los nueve presidentes de Estados Unidos que han intentado derrocarlo por todos los medios.
Pero ahora, el líder de la revolución ha firmado su renuncia. Le ha impulsado su propia decadencia, su perecedera humanidad, evidentísima a pesar de la voluntad de parecer apto y eficiente.
Dentro de si mismo ha germinado la fragilidad y el espanto por adivinar en la aureola dorada del amanecer, en la soledad de las habitaciones custodiadas por gendarmes o entre la multitud que vitorea sus proclamas, el rostro de la muerte. El tiempo pasa y nos lleva consigo.
Las reacciones del mundo apuntan a cambios sustanciales, a pesar de que no se ignora el nivel de influencia que el octogenario dirigente ha de tener en la toma de decisiones del gobierno, ahora en manos de su hermano Raúl, un anciano de 76 años.
No es lo mismo ver aparecer en un estrado, ante la masa bulliciosa y expectante, al hombre vestido con el uniforme, cuyos discursos han sido una prueba de resistencia física y de atención, que percibir la insolvencia de un adulto mayor para acercarse al atril desde donde ha de proyectar el trueno de su voz por breves instantes para después lanzar un susurro o un balbuceo.
Esa fuerza se desvanece y Fidel es consciente de que sus días concluyen. El calendario no es ya de papel sino de plomo y rocas. Las jornadas le han de parecer interminables mientras a su alrededor los demás tan solo esperan.
El cuerpo de Castro se encuentra en franco proceso de deterioro. Como todos los ancianos, ha de dormir poco y en sus desvelos rescatará de los archivos de la memoria jornadas de gloria o de hastío.
Demasiado tiempo ha estado en el poder para ahora pretender el relevo de alguno de sus coetáneos, todos oxidados e inconsistentes con las responsabilidades del cargo. No sabemos si la estructura de Raúl es de granito, pero cerca de su despacho, los jóvenes aguardan su momento que saben se aproxima.
Fidel es el último líder histórico del comunismo, de una corriente de pensamiento político que surgió de los escombros de otro tipo de autoritarismo. En Rusia, los zares, en China los emperadores y en Cuba el despotismo corrupto de un sargento megalómano.
Con casi 82 años, Fidel parece llegar al final del largo camino. Ha preferido irse de manera discreta. Tomar al pueblo desprevenido sería catastrófico. ¿Qué harían los cubanos ante la pérdida repentina del gran líder, del prohombre? Caos, luchas intestinas, muertes innecesarias, porque ya de eso ha habido mucho, Castro cierra la puerta de su habitación para entrar en la oscuridad con la serenidad de quien está consciente de haber cumplido su misión. Él ha dicho que la historia le absolverá porque se sabe juzgado.
Pero, a pesar de la presencia de Raúl Castro, los modernos personeros del régimen podrían dar por concluida la influencia de los dirigentes históricos e inaugurar una nueva era con personajes como el vicepresidente Carlos Lage de 56 años, a la cabeza del Estado.
Dentro de la isla existe apatía, pero también esperanza. Puede ser la consolidación de Raúl, han dicho algunos, pero también es posible que se lleven a cabo los cambios tan esperados, dijeron otros.
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Roderick Guzmán Meza






