Editado por

Roderick Guzmán MezaRoderick Guzmán Meza

Buscar
Temas
Archivos
Hemeroteca
Febrero 2012
LMXJVSD
<<  <   >  >>
  12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
272829    
Sindicación
PARTICIPACIÓN
SERVICIOS




Cortázar, los Cronopios y la Eternidad

Permalink 14.02.08 @ 21:16:46. Archivado en Cultura, Literatura, Ficción

En el laberinto de fechas de calendario, habíamos dejado a un lado la que señalaba el final físico de uno de los escritores más grandes y apreciados, no solo por su obra, sino por su carismática personalidad, Julio Cortázar.

Hace dos días se cumplieron 24 años desde el momento en que Julio cometió el error de abandonarnos, de dejarnos sin más muestras de su ingenio y su sabiduría. Escasos estamos de personajes iluminados, de individuos capaces de devolvernos un poco de luz en este pisoteado sendero de sombras para que haya cometido semejante osadía.

Fue recluido en el hospital de San Lázaro casi ya vencido por la enfermedad, agotado, exánime. Sin fuerzas casi, murmuraba algunas secretas palabras tan solo escuchadas por unos pocos. Letanía o salmos, versos o ficciones, Julio se introducía en un mundo para el cual había imaginado muchas opciones.

Allí en ese recinto su energía vital ascendía en espirales y se enroscaba de orbes eternos de luz. Rozaba a velocidades vertiginosas el vapor de las estrellas, se alzaba sobre las órbitas de los cometas y los bólidos de fuego y escarcha que surcaban en ese momento la eternidad.

Abajo, la pesada carga de su cuerpo. Los huesos que no dejaban de crecer, los tensos músculos de hombre angustiado, las moléculas de una raza que provenía de todos los rincones de la tierra.

Julio ingresó subyugado por un mal sanguíneo. Algo dentro de él se resecaba como un páramo bajo los rigores del estío. La savia de su vitalidad gigantesca se había quemado en las yescas del dolor. Sus últimos momentos fueron discretos pero impresionantes. Sus labios resoplaban, su pecho ascendía y descendía con fuerza declinante hasta que vencido ya el furor de la existencia, se quedó inmóvil. Sobre sus párpados un enjambre de capilares perdía su color.

La cara erizada por una barba entrecana, estaba muy pálida. La frente era surcada por las finas estrías de un gesto de asombro permanente. El pelo revuelto, salpicado de albos filamentos también. La piel del rostro era una especie de viejo papiro donde se había escrito su vida.

Le acompañaban en ese momento, el último, el postrer, su primera esposa, Aurora y su amigo Luis. La ex mujer recordaba al Julio de luz, al hombre de la mirada lánguida y cansada, al individuo que bebió en sus labios toda la miel de la aurora.

Luis recordaba las tertulias, las inspiradas tardes de ajedrez y las charlas prolongadas hasta las alturas de la noche. La última vez, hace unos días, ambos se estrecharon las manos con tal fuerza que no entendieron que era un adiós.

El día 14, uno como hoy, idéntico en su expresión indolente, sin signos ni acentos, el cortejo se dirigía hacia los jardines de Luxemburgo. Al pasar frente a la estatua de Balzac, la comitiva sintió una ráfaga de viento helado. Alguien especuló sobre una voz tronante recitando versos o un aleteo de palomas.

No tardaron mucho en llegar al cementerio, en traspasar las herraduras del umbral. La hierba era tan verde como los ojos de una diosa o como una veta de esmeraldas iluminada por la sonrisa de la luna.

Nada de discursos ni de rituales. El séquito fúnebre se mantenía en el más cerrado silencio. El viento se detuvo, la ciudad era acorralada por densos anillos de neblina. Después, los sepultureros colocaron el féretro sobre las cintas de la polea y descendió con lentitud hacia el foso.

Uno a uno, los concurrentes dejaron deslizar entre sus dedos una flor roja. Era un arcángel que descendía a las mazmorras de la materia, a la catedral del polvo, al palacio del silencio y la oscuridad.

A cierta distancia, como señal de respeto y sobrecogimiento, un número creciente de jóvenes daban el último adiós al maestro. Las lágrimas caían sobre la hierba cristalizada y se deslizaban como perlas en el terciopelo hasta extinguirse en el rústico suelo.

Después las paladas de tierra caían sobre el ataúd. La negrura cubría el largo recinto donde ahora se disiparía la esencia orgánica que imaginó a la Maga, a Los Reyes, El Bestiario a El Perseguidor.

Mucho se dijo sobre la muerte de Cortázar. Le contagiaron SIDA según algunos, la leucemia le consumió, alegaban otros. Se ha afirmado que Carol Dunlop, su mujer, su sueño, llevaba en su cuerpo el arma mortal del virus, adquirida a través de una transfusión. Lo pasó a Cortazar después de haberse amado al calor de una chimenea, ante la reverberación de las chispas entre los troncos.

Pero la verdad es que Cortázar fue destruido por la leucemia. Sus más allegados, empero más románticos y condescendientes, dicen que Julio murió por no haber podido soportar la pérdida de Carol. Contaban que por las noches, detrás del humo de su pipa, veían el rostro de Cortázar arrasado por calladas lágrimas, absorto en la contemplación de una fotografía de la mujer amada.

Ella se había ido el 2 de noviembre de 1982, víctima también del cáncer sanguíneo. Dolido en extremo, dejó caer toda su inmensa humanidad en un agujero de donde no habría de salir más que para entrar en otro, el del sepulcro.

Cortázar era un individuo noble e impresionante. Medía más de un metro noventa. Su voz era grave, con un dejo francés en su acento porteño, con esa graciosa manera de pronunciar la erre como ere.

Era el chico bueno del barrio, el compañero, el cómplice, decían quienes tuvieron la fortuna de ser sus amigos. Sus paseos en solitario por las calles, eran respetados por todos, le dejaban caminar hacia donde le llamaban los espantajos o los sonidos del harpa o la flauta. Estaba en pleno proceso de creación, estaba en esos momentos imbuido por la magia de los genios.

Tenía sesenta y nueve años cuando fue vencido por el monstruo escondido en su interior. Había descendido al Maelstrom de Poe con una capa de lirios y rosas.

Duerme para la eternidad el mayor de los cronocopios, cerca de Baudelaire, patriarca de los poetas malditos quien ha de invitarle una copa de vino para charlar sobre el amor, las mujeres y la vida.

"Los perfumes, los himnos órficos, las algarias en primera y en segunda acepción ... Aquí olés a sardónica. Aquí a crisoprasio. Aquí empezás a oler a vos misma. Qué raro que una mujer no pueda olerse como la huele el hombre."... JULIO CORTÁZAR


Bookmark and Share

Comentarios:
Por favor, una terrible duda me asalta, ¿lo que escribió Cortázar es "cronocopios" o "cronopios". Si alguien lo sabe con certeza le ruego lo aclare. Muchas gracias
Enlace permanente Comentario por solariana 17.02.08 @ 23:08

Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.

Los comentarios para este post están cerrados.

Blogs
Protestantes

Protestantes

Madonna y Whitney Houston

Pedro Tarquis

Crónicas Bárbaras

Crónicas Bárbaras

La caída de Asas

Manuel Molares do Val

El buen vivir de Juan Luis Recio

El buen vivir de Juan Luis Recio

La picota del Jerte informa

Juan Luis Recio

Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

Franceses y españoles, amor y odio por los siglos de los siglos

Juan Fernandez Krohn

El Blog de Otramotro

El Blog de Otramotro

Por ti mis ojos suspiran

Ángel Sáez García

Voto en Blanco

Voto en Blanco

Razones para considerar abusiva e inmoral la política fiscal de Rajoy

Francisco Rubiales

Creyentes y responsables

Creyentes y responsables

Ella no sabe quien soy yo pero yo sé quién es ella

Alejandro Córdoba

La Marea de Pérez Henares

La Marea de Pérez Henares

¿Cuando veremos a Garzón de cartel electoral y con que siglas?

Antonio Pérez Henares

Diario nihilista de un antropólogo

Diario nihilista de un antropólogo

Campeones

Manuel Mandianes

El alma del haiku

El alma del haiku

El poeta se define en su haiku

Vicente Haya

Humanismo sin credos

Humanismo sin credos

La destrucción del mundo antiguo a manos del cristianismo (6/6)

Asoc. Humanismo sin Credos

Secularizados, mística y obispos

Secularizados, mística y obispos

Abusos de poder a cuenta del celibato

Josemari Lorenzo Amelibia

Tu jefe te vigila

Tu jefe te vigila

Feliz San Valentín 2012

Carlos Ferrer

Teología sin censura

Teología sin censura

Repartir lo que tenemos

José Mª Castillo

Voz del Sur

Voz del Sur

Primeros llamados a no votar

Julio Frank Salgado

Gastronomía Navarra

Gastronomía Navarra

Fiesta de San Valentín

Mª Rosario Aldaz Donamaría

Faustino Vilabrille

Faustino Vilabrille

¿Está paralítica la Iglesia?

Faustino Vilabrille Linares

Ríase, aunque sea de mí

Ríase, aunque sea de mí

San Valentín. ¿Alguien da más...?

Chris Gonzalez -Mora

El blog de X. Pikaza

El blog de X. Pikaza

(y/d) Jesús y el leproso, toda la vida cristiana

Xabier Pikaza Ibarrondo

El Blog de Francisco Margallo

El Blog de Francisco Margallo

Foro I. Ellacuría

Francisco Margallo

Haz de PD tu página de inicio | Cartas al Director | Publicidad | Buzón de sugerencias | Publicidad
Periodista Digital, SL CIF B82785809
Avenida de Asturias, 49, bajo - 28029 Madrid (España)
Tlf. (+34) 91 732 19 05
Aviso Legal | Cláusula exención responsabilidad

redaccion@periodistadigital.com Copyleft 2000

b2evolution Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons License.
Noticias Periodista Digital | Periodista Latino | Reportero Digital | Ciudadano Digital | Chistes, Videos y Poesias