Aborígenes de Panamá: Naso - Teribe
19.12.07 @ 21:33:58. Archivado en Cultura, Historia
Al occidente de la república de Panamá existe la única monarquía de todo el continente americano. Es la cima jerárquica de un pueblo indígena de apenas 3 mil habitantes. Habita las regiones, todavía boscosas y exuberantes de la noroccidental provincia de Bocas del Toro, limítrofe con la república de Costa Rica. Es conocido como Naso Teribe.
Para alcanzar su territorio es preciso atravesar sinuosas cordilleras, profundos valles y caudalosos torrentes. La tierra es negra como las alas del cuervo y la vegetación es espesa. Por carretera es una extravagante odisea de baches y de atascos en planetas de fango, si se toma en cuenta la inestabilidad de los caminos y lo lluvioso del área.
Una región de bosques tropicales y selvas bordean los caseríos. Es sublime el silencio y sobrecogedora la soledad. Las montañas se levantan contra un horizonte brumoso y se convierten en extraños animales antediluvianos distorsionados por la neblina.
Los pájaros, en lo alto de los centenarios árboles, lanzan al aire sus duras sílabas y el Naso Teribe entiende que se aproxima el crepúsculo o que la mañana se aproxima a deshojar los pétalos de la cerrazón.
Entre las enramadas habitan los tucanes en sus nidos de luz y los halcones con sus hoscas miradas de maleantes aéreos vislumbran el movimiento de la hojarasca y del ratón. Los monos se columpian y lanzan grandes carcajadas sobre le malhumorado jaguar. Entre la hierba se escuchan otras voces menos estridentes, son los diálogos de la serpiente y el sapo trapichero.
Surcan los senderos los tapires con su carga de manteca, los armadillos en su curiosidad elemental cavan agujeros en las laderas de los cerros y los tigrillos rozan los peñascos con sus largas y curvadas garras mientras se introducen por la oscura garganta de una quebrada donde reverberan chispas de tungsteno que se desvanecen apenas llega el mediodía.
El territorio de los Naso, empero, ha accedido a algunas comodidades modernas como la electricidad y sistemas de acueducto pero no ha sido aún reconocido por la legislatura que, en materia de orden geográfico, divide y organiza el país.
Se encuentra enclavado entre dos áreas protegidas. Sin embargo, la señalización es escasa. Las nomenclaturas de los sitios considerados como atractivos para el turismo apenas se han ubicado en algunos puntos. Los Naso se han asentado en dispersos caseríos de unas cuantas centenas de individuos cada uno.
La reclamación de un espacio comarcal data del año 1973. A pesar de lo provecto de la petición, aún no ha podido materializar su aspiración el pueblo Naso de contar con un área donde preservar su cultura, un tanto contaminada por la influencia de los demás grupos étnicos, como los Ngöbe Bugle, que circundan su feudo en sus labores agropecuarias.
Un buen día los nasos podrían despertar con el mugido de una vaca que pasta en la cercanía de sus chozas. Proviene del hato instalado por los Ngöbe en la cercanía, allá donde el río se desliza sobre un lecho de brillantes peñascos. Algunos perros ladran para conducir a la res alejada del hato, mientras las mujeres pilan el arroz sobre una batea de madera y los niños corretean desnudos entre los sotos. La niebla se levanta cuando la temperatura aumenta, pero densas nubes oscuras comienzan a descender sobre el tejado herboso de los bohíos.
En el pasado, los Naso Teribe poblaban sus cielos con criaturas incomprensibles mitad pez mitad sombra, mitad fuego mitad huracán. Toda su mitología provenía del espacio sobre sus cabezas. Las estrellas, la luna y el sol eran la representación visible de las deidades celestes, pero detrás del mantón sombrío de la eternidad, se adivinaban a los verdaderos seres de la luz y las tinieblas. Dioses y demonios se lanzaban rayos y dardos encendidos que caían a la tierra en forma de relámpagos y de tormenta.
Poseen una rica artesanía. Las mujeres son espléndidas ejecutoras de un arte milenario. Ciertos diminutos abalorios, conocidos como chaquiras, son atravesados por hilos de nylon para fabricar collares, pendientes, anillos y otros adornos. Estos abalorios sirven de complemento a vestidos de brillantes colores cruzados por cintas adornadas con motivos geométricos.
Tres son las regiones zonas, dentro de la provincia de Bocas del Toro, que contienen la mayor parte de la población del pueblo Naso Teribe. Una se encuentra en la cuenca media del río Teribe. Allí se encuentran las comunidades de Santa Rosa, Sori, Bonyic y Solón. Más al oeste, existe la oquedad del río San San, donde los poblados de San San, Drury, La Tigra y Loma Bandera, les proveen de tierra y frutos. El último de los emplazamientos se encuentra ubicado en El Silencio y la Comunidad de Yorkin.
En siglos pasados, los Naso Teribe resistieron los ataques de diversos pueblos y culturas. Españoles, ingleses, indios misquitos de América Central, los bribri, entre otros, intentaron apoderarse de sus tierras y de someter a sus pobladores, pero los orgullosos y altaneros aborígenes lograron mantener tanto su herencia cultural como su tierra, a pesar de que fueron empujados hacia irregulares planicies recostadas de monumentales cerros dejando el camino en ocasiones sembrado de cadáveres.
Todos estos enfrentamientos obligaron a los Naso Teribe a establecerse en su emplazamiento actual. A finales del siglo XIX y principios del XX comenzaron a levantarse los llamados palenques que servían de protección a los indígenas. Reubicados ahora en la cuenca baja y media del río Teribe han aprendido a utilizar la corriente para acercarse a los poblados urbanos donde pueden comerciar sus productos agrícolas y artesanales.
Se dice que con la llegada de Cristóbal Colón en 1502 a las costas de Bocas del Toro, hoy conocida como Bahía del Almirante, se obtienen las primeras noticias de los Naso Teribe.
Los conquistadores no dejaron de admirar la melancólica belleza de las mujeres Naso. Extasiados por los suaves rasgos de las nativas, por el color crepuscular de su piel, por la nocturnidad de sus ojos, por la turgencia de sus senos desnudos barnizados por el pincel de un sol estival, por sus cabellos como cascada, no fueron pocos los peninsulares ibéricos que desposaron a estas autóctonas bellezas.
Los Naso habían levantado sus palenques para evitar los ataques de los otros pueblos, pero con la llegada de los europeos los enfrentamientos se hicieron menos frecuentes. Se dice que cuando los españoles descubrieron los altos vallados que protegían la nación Naso Teribe quedaron perplejos por de cada atalaya colgaban los cráneos de los enemigos caídos en batalla.
El jefe máximo de esta etnia es el rey, que es elegido por el pueblo por sus habilidades para la guerra y el gobierno.
La memoria histórica es preservada por los ancianos, a quienes se escucha, respeta y protege. A pesar de esta transmisión de las tradiciones, no han podido recibir el sustento material de la escritura por diversas razones, entre ellas dificultades de traducción y la imposibilidad de ubicar en el tiempo cualquiera de las hazañas de sus prohombres.
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Muchas felicidades.........
Chao.............
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Roderick Guzmán Meza








