Ernesto Sabato, el exorcista
21.09.07 @ 21:14:21. Archivado en Cultura, Literatura
La tradición escandinava ignoró a Borges. La literatura argentina fue desplazada del sitio de honor de las letras universales por sin razones y sus posibilidades de consagrar un Premio Nóbel paracieron desvanecerse durante décadas, a pesar de Bioy Casares, Arlt y otros estelares autores.
Ahora, llegado casi el momento de dar a conocer al nuevo laureado, se ha mencionado con cierta insistencia el nombre de un legendario escritor, cuyo legado trascenderá en el tiempo y quedará para siempre consagrado como una de las figuras cimeras. Retomamos nuestro artículo sobre Don Ernesto Sábato.
En la cúspide de la literatura latinoamericana resplandece una luminaria con evidentes intenciones de eternidad. Es de una permanencia absoluta sobre este ríspido mundo de tinieblas y de oscuros laberintos delineados con minuciosidad y grandeza. Expande su brillo sobre la tierra, dura, fría y vasta, el calor de su magma, el color de su eléctrica esencia. Nos referimos a Ernesto Sabato.
Su nivel, para mí, es igual al del maestro Borges, pero es más denso en sus cavilaciones, más intenso en su trama, más angustiado en su grito, de mayor hondura al adentrarse en el universo interior del ser humano. Tal vez menos cosmopolita en cuanto a escenarios y emplazamientos geográficos y físicos, Sabato traza el perfil alienado del hombre y la mujer inmersos en la vorágine de la post modernidad.
Recorro la enciclopedia de autores de América Latina y me hacen señas Cortázar, Arlt, Asturias, García Márquez, Bolaños, Onetti, Benedetti y varios más cuyas fotografías y biografías se deslizan ante mis ojos, tentándome para escribir sobre ellos, ilustres autores. Pero prefiero hacerlo sobre Sabato, innegable arúspice, exorcista de un orbe desacralizado y diabólico, de una tierra fundida por el odio y la tristeza.
Titán de las letras, es un místico, un profeta y prestidigitador de motivaciones y subjetividades. Escarba bajo la capa superficial de la realidad hasta dar con la veta infame donde se oculta el relámpago y su estruendo. Allí introduce sus manos como un alquimista para extraer el material de los sueños con que dibuja sus personajes.
Novelista y ensayista, su obra da un corte intelectual profundo y estremece su visión de la espeluznante y sorda lucha que se desarrolla en el mundo y en el corazón del hombre y la mujer, entre un bien inocuo, traslúcido y atontado y un mal siniestro y frío, duro y calculador, terrible y lúcido.
Han sido tres sus grandes novelas, El Túnel, Sobre Héroes y Tumbas y Abadón el Exterminador. En cada una de ellas, Sabato nos describe un submundo emparentado con las alucinaciones, los delirios y las pesadillas, con los duendes, íncubos y súcubos de la ira.
El protagonista de El Túnel, Juan Pablo Castel, por ejemplo, vencido por una manía, acosado por una obsesión, pintor de brillo, artista consumado, intelectual lúcido, termina por convertirse en un impulsivo y cruento asesino, sin asideros con la realidad y el control de las pulsiones que alumbraban el arte. Con cierta calculada lentitud, este personaje comienza a ser erosionado por fenómenos inconscientes que le emboscan hasta hacerle perder el equilibrio y caer en hondas simas de desolación e insania.
El autor argentino se desliza hacia los ámbitos surrealistas y en parcelas oscuras de la actividad artística se abastece del lenguaje subterráneo iluminado de manera tenue por el psicoanálisis. Cada palabra repasa un cosmos, cada gesto oculta la versión real del verbo creador, escondida tras el denso cortinaje de la alineación o viceversa.
El Túnel es una historia de amor a pesar de todo, pero de sentimientos hostiles y polarizados entre dos vertientes. Reflexión sobre la locura y la soledad, intenta comprender la causa del asesinato de una mujer por el hombre que le ama, que ha hecho de ella su musa y su canto, su guirnalda y su herida abierta.
Por su parte, Sobre Héroes y Tumbas es la mejor pieza novelística argentina del siglo veinte y le permitió alcanzar la consagración universal. Aquí, Sábato se interna en laberintos de tinieblas, en escarpadas grutas de desasosiego y angustia, donde la atroz estructura de la filosofía de sus personajes hinca con fiereza sus colmillos hasta arrancar el tejido existencial y convertirlo en ripios.
Abaddón el Exterminador nos deja un sabor a azufre, a acechanza, a miedos viscerales y atávicos. Es un atisbo apocalíptico de una época atarantada por el narcisismo consumista y la violencia, por la superficialidad, la manipulación y la demolición de los antiguos valores, por la vastedad de la insipidez y la indiferencia. No es ya una lucha entre el bien y el mal, no existen antagonistas porque no hay polarización de fuerzas; el mal ha vencido y se enseñorea sobre la débil criatura humana como un campeón tenebroso y sagaz.
La sustancia de la ficción se convierte en un animal feroz con hambre que observa escondido entre los matorrales, en los callejones, en los estantes, en los ventanales, en los parajes desolados, en las ciudades atestadas. Tal vez Abaddón el Exterminador deja abierta algunas cancelas para el paso de ciertas opciones. No concluye en la última página, permite la aparición de otras veredas.
Sabato está inmerso en esta novela, forma parte de su decorado y su paisaje, no solo es autor y creador omnisciente, sino también personaje e interlocutor y no precisamente secundario o comparsa. Tiene un peso específico y condensado por sus propias palabras y voces o por la alusión de otros de los elementos que trashuman por la trama.
El yo de Sabato tiene la virtud de incursionar en este ambiente y expresarse, desdoblado, lírico y prosaico, iracundo y tierno, sin fórmula para definir el paso de un estado a otro que no sea la propia relación de los eventos y su complejidad creciente.
El mal está presente no solo en la ficción sabatiana, y en ella es menos intenso, menos metálico; la realidad es su mejor nutriente, su más sólido asiento, es allí donde se arraiga y eclosiona en una expansiva urdimbre de luces y nebulosidad, de silencios y de angustias. Escapatorias, rompimiento, contenciones sobre el lector mientras el autor proclama la victoria de la oscuridad.
En Sobre Héroes y Tumbas, este extraordinario autor argentino se introduce en pasadizos donde la locura se encarna en impulsivas criaturas con una fuerza interior mal conducida, sin ancla en la fe o en la esperanza. Son las verdades esenciales y perturbadoras las que aparecen en esas páginas con el embalse del occipucio triturado de niños muertos.
Sabato se intenta rescatar a si mismo de este arrabal de demencia donde todos, de alguna manera, corremos el riesgo de encontrarnos alguna vez al surcar las veredas de la introspección con fardos de insoportable realidad.
Aquí, El Informe para Ciegos es una pieza clave de la literatura latinoamericana del pasado siglo y de todos los tiempos. No tiene deudas ni con Freud, ni Nietzche, ni Dostoyevski. Esa absurda conspiración no permiten la respiración sosegada. Sabato da las pinceladas a un mundo a la deriva, una especie de ignorado Apocalipsis interminable, diario, continuo y secreto.Para nada vale la pena enfrentarse a las fuerzas del mal con intenciones de vencerlas podría colegirse.
Sabato ha publicado también Uno y el Universo, Heterodoxias, Hombres y Engranajes, El Escritor y sus Fantasmas. Sin dudas es uno de los más importantes autores latinoamericanos de la historia y es nuestro tercer candidato al Premio Nóbel del 2007.
"Dios existe, pero a veces duerme: sus pesadillas son nuestra existencia."... ERNESTO SABATO.
Comentarios:
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Roderick Guzmán Meza


