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Elvis, el Rey de las Tinieblas

Permalink 16.08.07 @ 20:52:08. Archivado en Cultura

Era la tarde del 16 agosto de 1977. Menphis ardía bajo el sol canicular. El viento circulaba con lentitud entre los arbustos del jardín y apenas hacía mover las hojas del viejo ciprés plantado frente a la blanca mansión. Resplandecía el paisaje mientras, dentro del palacete la vida de uno de los iconos de la música del siglo veinte se desvanecía como una humareda.

Dentro del baño, tumbado como un fardo enorme yacía sin vida el cuerpo semidesnudo de Elvis Presley, llamado el rey del rock, con su pesada carga de frustraciones y tormentos morales y físicos.

Elvis había sido abandonado por Priscilla, su esposa, rabiosa por sus infidelidades, por su inestabilidad emocional, por su adicción a las sustancias controladas, al estímulo y a la somnolencia ocasionada por píldoras y enervantes.

Arrastrado por las drogas, el sexo y la locura, Elvis se sumergió en un piélago de sombras. Perdido en laberintos de enajenación, se presentó en la Casa Blanca para que el presidente Nixon le nombrara agente en la lucha contra las drogas.

Ensombrecido el semblante con los ojos enrojecidos y la piel reseca, Presley se mostraba bajo los efectos de estimulantes y lo más sorprendente es que no se le detuviera cuando se presentó en las oficinas del FBI vestido con capa, chaqueta tachonada de abalorios, camisa blanca con charreteras, túnica púrpura y una enorme hebilla de oro en estado de euforia anfetamínica.

Nacido el 8 de enero de 1935, Elvis Aaron Presley era uno de dos gemelos, pero solo él sobrevivió a la labor de parto. Su familia era de modestos recursos y por eso debió trabajar desde muy temprano. No fue hasta los onces años y luego de insistir tenazmente, cuando sus padres le regalaron su primera guitarra.

Cuando tenía diecinueve años, un productor de nombre Samuel Phillips, propietario de una compañía disquera, aceptó grabarle un sencillo con dos temas y desde allí el ascenso del cantante sería imparable. Lo demás es historia.

Se dice que Elvis tuvo suerte de nacer en la época más favorable para expandir el tipo de música que interpretaba. En medio del ambiente étnicamente represivo que se vivía en los Estados Unidos, Presley se apropió del ritmo de los negros y logró integrar varios géneros musicales en uno, el rock and roll.

Utilizó para ello la cadencia de los blues, la melancolía de sus voces y sus instrumentos, así como también los muy campiranos country y algo de la excelsitud del jazz. Todos estos elementos incorporados en el menú musical de un hombre blanco, en el medio de un escenario tradicionalmente manejado por los afroamericanos, reportó para Elvis ingentes ganancias y un lugar de privilegio en la música popular del pasado siglo.

Este artículo no pretende edulcorar ni alabar al artista, sino descubrir al individuo proclive a la autodestrucción; al hombre incapaz de comprender su efímera condición de ser humano, ensoberbecido por el éxito y masacrado por el abandono.

Iba Elvis de ciudad en ciudad, de concierto en concierto y su voz enardecía a su fanaticada. Permanecía más tiempo en el estudio de grabación que en su casa. En esas interminables correrías por el país, encontraba médicos y farmacéuticos dispuestos a recetarle lo que él quisiera para estimularse o para introducirse en los laberintos del mundo onírico.

Fue en 1973 cuando comenzaron los problemas con la respiración. Con más de 130 kilos de peso, le resultaba difícil moverse con la soltura y la elegancia de otros momentos. Debió ser ingresado en una clínica para tratar lo que parecía ser algo rutinario, pero se descubrió cierta deficiencia cardiovascular y respiratoria.

Para entonces, Elvis tenía serios problemas en su matrimonio. Priscilla, de la que se enamoró cuanto era una adolescente de quince años no podía tolerar la conducta errática de su marido y su tendencia a la infidelidad. Hastiada, mantuvo una relación fugaz con un profesor de baile y más tarde se enamoró de Mike Stone, profesor de defensa personal del propio Presley. El matrimonio se había ido por la pendiente.

Algunos de sus allegados confesaron que Elvis no tenía ya interés por acostarse con su mujer, joven y hermosa, pero lo que más le hizo vulnerar su orgullo, su ego, fue que ella prefiriera a otro en lugar del símbolo sexual que él era. Esto fue humillante para el rey y en un arranque de ira entregó su fusil de asalto a uno de sus guardaespaldas para que asesinara a Stone, pero este se negó, sugiriendo contratar a un asesino profesional que cobraría cierta cantidad. El cantante y actor se negó y todo quedó en el olvido.

Esto precipitó la caída. Elvis apuró el consumo de ciertas drogas con receta (estimulantes y sedantes) y como no ingería heroína, no se consideraba adicto. Se abrían las compuertas de un mundo desconocido y el cantante era empujado a esa dimensión por un profundo deseo de evasión. Un mecanismo de defensa que terminó por destruirlo porque lo defendía de si mismo.

Después, Elvis empezó a desmoronarse. Sobre los escenarios, olvidaba las letras de las canciones, bailaba errático y sin ritmo, su otrora sensual movimiento de caderas era el ridículo cimbrear de un mastodóntico cinturón adiposo, pesado y torpe.

Pronto lo venció una vertiente maniática. Compraba automóviles y los regalaba a sus asistentes. Se dice que en una semana gastó 150 mil dólares en diez vehículos, uno de ellos fue a parar a manos de una señora que por casualidad se había detenido a mirarlo cuando estaba en la agencia.

Ataviado como gigantesco arlequín, durante sus últimas presentaciones se notaba extenuado, sin el furor histriónico de sus primeros tiempos; a pesar de todavía ser joven, su semblante era de sombras y su voz un remedo de la armonía y la fuerza. Recargadas con excesivos abalorios, sus ropas eran estrafalarias carpas sobre su obeso y pesado cuerpo. Era como un edificio en ruinas, como una torre destruida.

Toda esta deplorable escena obedecía a un solo propósito: dinero. A pesar de haber generado ganancias por cientos de millones de dólares, nunca invirtió ni ahorró. Tan vulneradas estaban sus finanzas que se vio obligado a vender sus derechos de autor. Para poder sostener su fastuoso estilo de vida debía tener en sus manos medio millón al mes.

En 1977 el cuerpo de Elvis era una grotesca caricatura. Destrozado, convertido en una monstruosa gárgola, comenzó a abandonar el mundo de la razón para sumergirse en la enrevesada dimensión de la locura.

Por los pasillos de los hoteles, durante sus últimas giras, parecía un vampiro en pijamas, un espectro azul presa de insomnio. Algunos afirman haberlo visto vestido de policía conduciendo un Mercedes Benz, salir a los barrios con una linterna en la mano y enfocar su luz hacia ciudadanos desprevenidos, detener a conductores y circular en actitud suspicaz por las calles.

En los últimos días, forraba los amplios ventanales de su casa, Graceland, con papel aluminio. El día se desvanecía, la luz se convertía en una burbuja suspendida sobre la enorme mesa de caoba en el comedor y Elvis caminaba como un zombi por los pasillos, despeinado, cetrino y tembloroso.

Era promiscuo pero amó a una sola mujer durante toda su vida. Infractor de las normas, intentó hacer cumplir la ley para esconderse de si mismo, de sus abusos y desórdenes. Era músico pero adoraba el silencio de sus laberintos. Sensual, era frío, egoísta y amargado.

La última canción que interpretó, no fue aplaudida por el público, era Eyes Crying in the rain (Ojos que lloran en la lluvia). Se acompañó al piano. Era la madrugada del 16 de agosto de 1977. Lo encontraron a la 1 y 30 de la tarde, muerto boca abajo en el baño, se había mordido la lengua con tanta fuerza que casi se la había partido en dos. Ese 16 de agosto, un día como hoy pero hace treinta años, se dice que había ingerido 14 fármacos distintos.Tenía 42 años.

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Elvis no estaba tan destrozado, el estaba subido de peso, ya que la comida era lo que más amaba en el mundo.

El día que murió el jugó tenis como solia hacerlo, la gente solo habla mal de el. Nadie quiere recordar el Elvis imparable, solo recuerdan sus ultimos días.
El show en Rapid City en 1977 fue para la historia, un Elvis despierto, bailarin y con una voz madura y envidiable.

Basta de hablar mal de el, son solo unos yetas.

Elvis es el Rey y siempre lo será. Su vida lo llevó a los excesos, es cosa que miren sus giras, hasta 3 shows por día.
Enlace permanente Comentario por Admirador 14.07.08 @ 08:48
es logico tanta fama es imposible de soportar,los idolos son de barro,el final ,era previsible,pero fue unico
Enlace permanente Comentario por luz del valle 19.02.08 @ 14:56
Elvis es el mas grande entre los mas grandes. Me gusta escuchar muchas de sus canciones pero hay una que cuando la escucho me conmueve y no sé porqué pues solo puedo entender algunas lineas, tal vez es la melodia o el sentimiento conque el cantante la canta, lacancion se llama {suspisius mind].
Enlace permanente Comentario por Robinho 04.09.07 @ 00:49

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