Los Bárbaros de Babilonia
24.07.07 @ 21:08:27. Archivado en Política
La tasa de mortalidad en Iraq se ha triplicado desde la invasión anglo estadounidense, ha revelado un estudio realizado por la Escuela de Salud Pública Bloomberg de la Universidad John Hopkins.
Desde el momento en que cayeron las primeras bombas y sonaron los tableteos de las ametralladoras en esa ya desvanecida primavera del 2003, hasta finales de la misma temporada pero del 2007, han sido 654 mil 965 los ciudadanos iraquíes que han muerto de manera violenta.
Siempre según la misma fuente, estos fallecimientos han rebasado con amplitud las tasas brutas de mortalidad del país antes de la invasión y posterior ocupación por parte de los ejércitos comandados por los Estados Unidos.
Otro dato que aporta la investigación permite saber que el 31 por ciento de las muertes por métodos violentos, más de 186 mil, han sido el resultado de la acción de las fuerzas militares extranjeras.
El costo de la invasión de la coalición de naciones ha sido superlativo, es la peor masacre ocurrida en el mundo durante los últimos años, junto a las también llevadas a cabo, por citar solo una, en Darfur donde el conflicto entre los Janjaweed y los africanos negros de la región se ha convertido en una limpieza étnica de miles de personas y el desplazamiento forzoso de varios millones.
Comparado esto con las jornadas de exterminio adjudicadas al antiguo régimen, esta acción tendría mucho más de inmoralidad y barbarie, toda vez que las anteriores, si bien salvajes y cruentas, fueron estimuladas por quienes ahora invaden el país de los cuatro ríos.
Otro punto a considerar son los llamados errores o daños o bajas colaterales, eufemismo para explicar y justificar masacres bajo el supuesto de que han sido inevitables y son consecuentes con la escalada bélica.
No creemos que 186 mil muertos atribuidos a los ejércitos invasores sean el resultado de errores de cálculo o de secuelas inevitables, porque precisamente son demasiadas.
Tampoco pueden abonar estos números las listas de terroristas iraquíes y extranjeros abatidos por el fuego de la coalición. Sumados los civiles no combatientes y los legítimos blancos militares, la cantidad, solo los 186 mil, parecen ser demasiados muertos, demasiadas lápidas desnudas y multitud de cuerpos sembrados en fosas comunes.
Operaciones aritméticas simples permiten concluir, basados siempre en la cifra del párrafo anterior, que los batallones de ocupación han avanzado sobre territorio iraquí dejando a su paso cada día 158 cadáveres, 7 cada hora y 1 cada 10 minutos. Esta, sin dudas, es una eficientísima y perfectamente aceitado aparato de muerte.
No sé, pero pareciera que la idea de instalarse en ese país ha sido siempre la del exterminio, la de borrar de la faz de la tierra la mayor cantidad de iraquíes, así como también destruir la memoria colectiva de la otrora poderosa nación, su cultura hacerla trizas y triturar sin la menor contemplación toda manifestación física que sirva de asidero a la memoria.
Si alguna organización terrorista hubiese sufrido tal cantidad de bajas, no sería descabellado imaginarse su extinción, así como también el resquebrajamiento de sus células en los países del entorno, acosados en las fronteras, perseguidos por las diversas fuerzas militares.
En lo que va de la guerra en Iraq, su población ha sido diezmada en un 2.5 por ciento, según han revelado organismos independientes. Demás está mencionar el costo que tendrá para el país la pérdida de grupos en edades económicamente productivas.
Se ha dicho que quienes han fallecido en Iraq pertenecen a grupos rebeldes, terroristas y mercenarios de los países de la periferia. Sin embargo, se ha ignorado la posibilidad de que los iraquíes hayan optado por preservar su dignidad, al fin y al cabo, ya nada puede quedarles después de semejante barbarie.
La eliminación de Saddam Hussein, fue un punto a favor de la liberación de un pueblo sometido. Debió volver la democracia y la independencia de todos los habitantes de un país con un glorioso pasado, pero parece ser que la desaparición del antiguo líder y de sus cofrades ha sido una verdadera catástrofe para los iraquíes.
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Roderick Guzmán Meza






