El Fantasma Eléctrico
04.07.07 @ 22:00:41. Archivado en Ficción
Resulta ser que un día cualquiera estamos sentados en nuestro sillón favorito dedicados a la lectura de un libro hace tiempo postergada debido a la carencia de tiempo y abrumados por las obligaciones. Con placer nos dedicamos a paladear la historia narrada en el texto.
Solos en casa, nadie debe perturbar nuestro entretenimiento más apreciado y con esta lúcida soledad por fin podremos entendernos con el autor después de tantas postergaciones.
Hemos leído ya unas cuantas páginas y la siguiente promete comenzaría a introducirnos en el núcleo central de la trama. Entonces, algo se mueve raudo e inesperado, en dirección a las habitaciones. Ha sido un movimiento repentino que nos ha arrancado del universo de ficción donde nos encontrábamos tan a gusto y nos ha puesto en estado de alerta.
Como andan las cosas, enseguida nos viene a la mente la idea de un atracador, de un furtivo y peligroso visitante que podría poner en riesgo nuestra integridad física y la de nuestros parientes si estos estuvieran presentes.
Nos incorporamos con sumo cuidado, no sin antes apoderarnos de un instrumento de defensa que bien podría ser un cuchillo o un pedazo de madero sobrante de la última incursión que hemos realizado en el mundo de la carpintería.
Nos asomamos a las habitaciones, movemos las cortinas, lanzamos estocadas, miramos detrás de las puertas, en los estantes, debajo de las camas y las meses, pero nada, no hay nadie.
Volvemos con lentitud a nuestro sitio de origen y lanzamos una mirada desconfiada alrededor mientras nos sentamos y tomamos el libro una vez más en nuestras manos que se han desprendido del estilete de madera o del cuchillo.
Luego de haber leído dos párrafos hacemos un alto y volvemos con suspicacia la mirada hacia el lugar de donde nos llegó la evanescente imagen furtiva y nada. Entonces se cuecen ideas y fórmulas explicativas para proporcionarnos la serenidad y el sosiego que nos permitan continuar con la lectura bruscamente interrumpida.
Todo lo anterior es un fenómeno más frecuente de lo que podríamos reconocer, quizás por temor a imaginar algún tipo de desequilibrio en nuestra psiquis, hasta la fecha intacta y tan solo vulnerada por intensas emociones sin pretensiones de ocasionar daños permanentes.
Pues bien, un estudio ha revelado que cuando sentimos la presencia de alguien al encontrarnos solos se debe a una inusual actividad eléctrica en el cerebro.
Esa sensación paranoica de estar siendo perseguido, en casa o en la calle, tiene su génesis precisamente dentro de nosotros mismos, en el órgano donde se asienta el intelecto, la memoria y las emociones: el cerebro.
Según los investigadores de la Universidad Hospital de Ginebra en Suiza, estos fenómenos, estas presencias son producidas por descargas o estímulos eléctricos que al repetirse producen la sensación de que alguien se encuentra alrededor de nosotros en la misma habitación.
Este es el hombre – sombra, un fantasma eléctrico que merodea nuestro entorno y cuando menos lo esperamos aparece en forma de oscura proyección del mecanismo cerebral, perturbado en su equilibrio y armonía por inesperados y repentinos relámpagos.
Los estudios indicaron que al ser tratados algunos enfermos de epilepsia, estos detallaban la presencia de algo que se movía con forma humana a su alrededor, no muy precisa ni detalladamente, pero sí captada por los sentidos.
Algunos de los auscultados mencionaron a una persona joven y de sexo sin determinar, que aparece de manera inesperada deslizándose entre el mobiliario de la pieza.
El hecho de ser joven tal vez responda a las mismas expectativas del paciente, a su edad, su condición física y expectativa. Se dijo que los estímulos podían ser provocados a través de la inducción eléctrica de impulsos en el cerebro.
El hombre – sombra, ilustre personaje de los arrebatos paranoicos y de las atmósferas cargadas de tensión ultraterrena, podría por fin haber sido encontrado. La mente de quienes reciben la descarga eléctrica podría alumbrar a este espectro que de pronto atemoriza a los afectados por el mal o simplemente a quienes padezcan algún desorden de tipo neurológico.
¿Será también este hombre – sombra el ancestral fantasma de las casas solitarias, de los salones desolados donde ha ocurrido algo terrible que llega a ser del conocimiento del perceptor?
¿Estaremos entonces ante la posibilidad de descubrir a estas entidades del más allá muy dentro de nosotros mismos en el más acá de nuestra existencia tangible?
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Por favor no descreáis de los fantasmas, como hicieron con el pobre de Canterville, ellos existen y necesitan de nosotros.
De entre las obras que leí sobre temas paranormales, esotéricos, espiritualistas y semejantes, recuerdo algo que llamó mi atención y demostraba de forma sencilla por qué unos pueden ver a los fantasmas y otros no. Simplemente es cuestión de coincidir con la vibración de éstos. Normalmente vibramos en una frecuencia diferente, pero en ciertos estados alterados de conciencia, a los que se puede acceder voluntariamente cuando estamos preparados para ello mediante mucha disciplina y autodominio, habiendo alcanzado una gran evolución, o de forma involuntaria debido a alteraciones patológicas, y aquí es donde puede entrar la explicación sobre el fantasma eléctico del que nos habla Roderick...
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Roderick Guzmán Meza






