Thomas Bernhard
23.03.07 @ 21:28:37. Archivado en Literatura
Me gusta la literatura de cualquier país, de cualquier época. Los autores siempre son una especie de genios o duendes cuya chispa nos conducen por cuadrantes, muchas veces insospechados de la realidad y que con la magia de su ingenio, la organización de su trabajo creativo nos permiten trascender nuestro limitado perímetro existencial.
En esta ocasión me gustaría exponer mi visión de un autor inteligente, cuya lengua madre me es desconocida, pero que con sus traducciones he logrado ingresar en su patria espiritual, donde logra matizar con ironía y rebeldía algunos episodios de su vida y de su entorno.
Thomas Bernhard nació un 9 de febrero de 1931 en Herleen, Países Bajos. Fue un hijo ilegítimo y tal vez esta condición le proporcionó el ríspido temperamento con que se enfrentó a su mundo y a su tiempo. Murió el 12 de febrero de 1989 en Austria.
Dejó Bernhard tras de sí una obra importante compuesta por 19 novelas, 17 obras de teatro y varios volúmenes de relatos breves o autobiográficos. Allí plasmó su testimonio, en esas páginas delineó con esa mordacidad que le fue característica los matices de su relación de emociones encontradas con su país.
Su obra nos adentra en la realidad de criaturas desoladas, amargadas, alienadas y dementes. Un ser humano doblegado por el dolor, encerrado en su propia urna de turbio cristal que le deforma la visión. Analiza sin ningún asomo de piedad el mundo donde ha vivido, esa dimensión variable y cambiable donde el único que ha de marcharse es el testigo, el protagonista.
Es intensa, es poderosa su prosa. Es necesario hacer acopio de resistencia, de energías para leerle con detenimiento. No es de esos autores que se pueden soslayar porque se requiere atención, detalle para acercarse a la interpretación de los sucesos que acontecen incesantemente a su alrededor.
Es considerado por la crítica como uno de los grandes escritores en lengua alemana de la segunda mitad de la centuria pasada. Tenía una impresionante capacidad para apabullar con el manejo de su idioma a los lectores desprevenidos, según se ha manifestado en algunos círculos. Hacía gala de una férrea y certera conciencia crítica al diseccionar a la sociedad de su momento.
Sus obras nos muestran personajes atormentados, de profunda introspección y sumergidos en el más denso y oscuro marasmo depresivo.
En El Aliento, El Frío, El Sótano, La Calera, El Sobrino de Wittgenstein: Una Amistad, Maestros Antiguos y otros, Bernhard desarrolla esa liturgia de miedo latente, de dolor sutil con el que los seres humanos se flagelan ante la insoportable visión del vacío.
Bernhard describe la abulia de una sociedad integrada por personajes limítrofes. Personas consumidas por la soledad, por la violencia, por la incapacidad de comunicarse y por su casi nula simpatía mutua. Son agresivos, deprimidos, en ocasiones incapaces de tolerarse a sí mismos, como si desde cierta perspectiva desdoblaran sus personalidades para verter toda la bilis que les consume sin reconocerlo.
Pero lo peor de todas estas características no es sufrirlas sino estar absolutamente conscientes de que no existe posibilidad de quebrantar las normas de una fatal providencia que los aplasta sin misericordia.
Bernhard es uno de los autores más importantes y controversiales en lengua alemana. Para él, exhibirse su vida en público era algo espantoso y este trágico sentimiento lo comparte con otros grandes escritores que aborrecen el territorio donde puedan ser observados, milimétricamente medidos hasta en sus más invisibles movimientos.
Esa ausencia, ese distanciamiento no le impidió a Bernhard ser un atento observador de su entorno, calificador de su época y su país, con el frío escalpelo de la ironía.
Su prosa era la herramienta para crear un cosmos laberíntico, pesado, cruel, desasosegador, terrible. Utiliza frases minuciosas que llevan su lectura al límite, a la desesperación. Reitera y acomete con agudeza para expresar tal vez su propio dolor y angustia.
El narrador puede ser el protagonista o tal vez una entidad omnisciente capaz de entorpecer la continuidad, la urdimbre de sucesos debido a una tóxica dependencia de la lentitud del discurso.
Thomas Bernhard es uno de los escritores imprescindibles de la literatura. Ni siquiera su patológica visión del mundo debe impedir acercarnos a su obra con el mayor de los entusiasmos.
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Tabucchi
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Roderick Guzmán Meza








