Lo Arcaico de las Monarquías II
12.03.07 @ 21:24:49. Archivado en Cultura
Un lector me ha solicitado argumentos sobre el tema tratado en el artículo anterior. Con una aguda arremetida quiso hacerme ver como alguien empantanado en algunas ideas desfasadas. Intentó, no sé si defender la institución monárquica o polemizar sobre el tipo de gobiernos que elegimos en Latinoamérica al ser comparados con esa institución.
Decía mi estimado comentarista que a pesar del sistema democrático republicano, nuestra región latinoamericana se ha visto asaltada por facinerosos, por elementos corruptos, por tiranuelos y militarotes y no deja de tener razón. Nuestros países han sido esquilmados, arrasados por oligarquías, por dictadores, por funcionarios corruptos, esto no puede negarse.
Sin embargo, el trabajo es arduo en pos de la depuración del sistema, del rescate de los valores ciudadanos, de los principios éticos sobre los cuales se fundamentaron los movimientos independentistas del siglo diecinueve. Reconocemos lo mucho que falta por hacer.
Pero quiero considerar lo siguiente luego de algunas consultas. En el Reino Unido, por ejemplo, se ha logrado conocer que al 71 por ciento de los habitantes de ese país no les interesa la casa real de Windsor, ni la institución sobre la que se fundamenta.
Se dice que el gobierno inglés, todos los años, entrega a la reina en concepto de gastos personales la nada despreciable suma de 13 millones de dólares (o de libras), más otros 24 millones para dar mantenimiento a los cinco palacios y los 1,300 empleados que le sirven.
No sé si esto no es un argumento en contra de este modelo de gobierno, pero me parece un excesivo gasto para mantener el estatus de vida de su majestad, quien ha de servir de mucho al país para ser considerada de esta millonaria manera.
Por supuesto que el hombre y la mujer comunes deben sostener este tipo de vida con sus impuestos que van a parar a las manos y las arcas de parásitos aristocráticos cuya vida suntuosa y palaciega se sustenta con el esfuerzo de una masa a la que parece ya no importarle y se sumerge en la indiferencia.
Llenos de privilegios, los nobles británicos, el ejemplo de este artículo, no adolecen de los angustiosos estilos de vida de los trabajadores y trabajadoras de las fábricas, de los muelles o de los funcionarios.
No sé si mi ilustre comentarista se habrá percatado de la altanera distancia que mantiene la casa real británica de sus súbditos (palabra cargada de desdén al compararla con ciudadanos). No sé si él puede percibir las posturas megalómanas de los llamados nobles al estar en público (ojo, no en las revistas del corazón o en las publicaciones rosa como apuntaban por ahí), sino en sus esporádicas apariciones en los noticiarios en virtud de algún acontecimiento de importancia concerniente a la nación toda.
Toda esa parafernalia, todo el ritual llevado a cabo desde el nacimiento de uno de sus vástagos hasta la coronación de alguno de sus integrantes es superfluo, insustancial y lleno de privilegios.
Según el diario El Guardián el capital de la familia es unas 4 mil 450 millones de libras, una cifra por encima de los siete millones de dólares. Destaca además el rotativo que Isabel Windsor poseen una fortuna en joyas por que le han costado a los ingleses al menos 115 millones de dólares, además de poseer propiedades por un monto superior a los 330 millones.
Imagínese mi estimado comentarista que el hijo mayor de Isabel, Carlos Windsor recibe libre de polvo y paja unos 8 millones de dólares al año por haber sido proclamado Duque de Cornualles. Igualmente los parientes de la señora Windsor Mountbatten son beneficiados por el Estado inglés, además de cobrar por aparecer en algunos actos sociales (estos sí, cubiertos por la prensa rosa).
Sí, mi estimado amigo, en Europa funcionan las monarquías constitucionales, parlamentarias, democráticas, pero ha de ser porque existe un gobierno civil que les impide, tal vez con esas prebendas antes citadas, sus amagos de absolutismos, de tiranía medieval.
Continuaremos investigando las incongruencias de mantener una nobleza, que dicho sea de paso, no me ha dicho mi respetado comentarista, cuál es su función, su labor principal en beneficio del pueblo.
No dudamos que han funcionado en los Países Bajos, en Bélgica, Noruega, Suecia, Dinamarca, España, en Mónaco, Liechtenstein, Luxemburgo e Inglaterra, pero lo que no entendemos es (perdón por esta abierta manifestación de ignorancia) para qué son útiles si el pueblo elige gobernantes entre la clase plebeya y con bastante éxito.
No es que me enfade por la existencia de estos sistemas, no. Lo que me gustaría saber es su utilidad. Alguien me ha dicho que sirven de balance y de equilibrio ante posibles discordancias gubernamentales. ¿No existen acaso otras fórmulas que impidan los exorbitantes costos al erario público?
Tal vez el éxito de estos sistemas sea precisamente el nivel cultural de sus pueblos. Han de estar por encima de cierto tipo de enfrentamientos y no pretenden más que preservar algo que les ha llegado del pasado más remoto y apenas es una expresión de tradiciones más que otra cosa.
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En primer lugar, él hizo posible el restablecimiento de la democracia en nuestro país, anunciando este proyecto al tomar posesión de su cargo en noviembre de 1975. Su actuación salvó la Constitución y la democracia cuando todos los demás poderes constitucionales estaban secuestrados en el parlamento la noche del 23 de febrero de 1981 a consecuencia de un intento de golpe de estado ultraderechista. Y destacaré también su apoyo y ahesión a las Cumbres Iberoamericanas, destacando como "impulsor del diálogo", según palabras del presidente Rodriguez Zapatero.
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Roderick Guzmán Meza








