Lo Arcaico de las Monarquías
09.03.07 @ 20:21:56. Archivado en Cultura, Política
De este lado del océano tan solo hubo tres intentos de instaurar imperios, monarquías o reinos. México, Brasil y Haití hicieron los experimentos, pero la probeta les estalló en las manos. La efervescencia independentista de los habitantes de las antiguas colonias, no soportaba las cortes ni los príncipes, tampoco asimilaba esa herencia de sangre como una fórmula para conformar nuevas naciones.
Pocos reinados quedan en África y Asia, por ejemplo. Japón mantiene en el trono a los hijos del antiguo dios viviente, el emperador Hiroito, aún después de haber sido obligado a reconocer su falible humanidad luego de la derrota bélica de la Segunda Guerra. Tailandia, igualmente, con algunas diferencias conserva su herencia tai intacta, lo mismo que otras naciones como Jordania, Arabia Saudita y otras del sudeste del continente que aún entronizan individuos terrestres. Nuestros hermanos africanos aún rinden tributo a una nobleza en Marruecos y algunos otros países por debajo del Sahara y sus arenas interminables. Esto así, muy de pasada, sin revisiones ni análisis.
Pero Europa, la vieja Europa, la culta Europa todavía se regocija con la presencia de una clase privilegiada, de una ilustre casta ubicada por encima de las exigencias de la existencia cotidiana, una estirpe cuya razón de ser puede encontrarse en modelos antiguos de convivencia.
Tienen reyes España, Suecia, Noruega, Dinamarca, Inglaterra; los príncipes gobiernan Mónaco, Liechtenstein, los Grandes Duques Luxemburgo; a pesar de que individuos de lo más comunes hayan sido elegidos por el pueblo llano para administrar el estado estos se mantienen inamovibles enriquecidos y plásticos como figuras de cera.
No sé hasta dónde ni cómo, el asunto es que estos pueblos adoran, idolatran a sus reyes, les consideran por encima de las vicisitudes de la cotidianeidad, más allá de la masa amorfa e insustancial de una población aturdida por quién sabe qué golpe de mazo sobre la cerviz.
Instalados en palacios, en suntuosos salones, esta nobleza rancia y añeja recibe del Estado dinero en ingente cantidad. Millonarios son por herencia y por legislaciones que les mantienen con los lujos correspondientes a su recia investidura.
Poseen castillos, tierras fértiles, bienes y sus arcas rebosan en monedas y su aporte al bienestar de sus súbitos es para nosotros, los de este lado del Atlántico, un asunto misterioso, una idea vaporosa sin posibilidad de materialización.
Esta gendarmería de parásitos vive en la opulencia, se erigen como prototipos, como modelos, son protegidos y mantenidos a costa del erario público y sus cuentas bancarias le permiten todos los lujos que la imaginación puede aventurar.
Esos estirados nobles ingleses, por ejemplo, con sus escandalosas vidas de farsa, de infidelidades, de ingratitud, son ejemplos clásicos de ese oportunismo, de ese parasitismo, de esa insulsez.
La reina, con todo el respeto a su prosapia y linaje, es un modelo de frialdad y distanciamiento. ¡Que vacío rostro diseñado con escarcha! ¡Que dura mirada la de esta señora, aún si se encuentra rodeada de niños. Nadie con más apariencia de lejanía que ella y su acartonado marido, ese alemán de disimuladas intenciones, siempre un paso detrás de la monarca. Nadie tan indiferente a la población común, a los estibadores de los muelles, a las muchachas de los bulevares, a los viejos de los asilos, a los adolescentes de los colegios, a los rígidos oficinistas y funcionarios.
Hay otros reyes, sí, pero observan una conducta algo más accesible. El pueblo les conoce, les saluda de cerca, algo más de demócratas se conciben para acercarse a los ciudadanos, no a los súbditos como algunos pretenden. Sin embargo, mantienen este modelo de vida placentera, palaciega, llena de lujos innecesarios e inmerecidos. Dios no elige personajes para semejante existencia de dulzura y delectación.
Estos personajes son mantenidos por el pueblo trabajador, por el hombre y la mujer que paga sus impuestos, que asiste a una oficina o a un taller, que se levanta temprano para hacer producir al país y para proporcionarse alimentos, salud y educación. No sobra para lujos que otros obtienen tan solo por un nombre y una hereditaria condición.
Francia se liberó de ellos, Italia hizo lo mismo. ¿Cuándo lo harán los demás países?
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George Bush y Hugo Chávez. Del primero ya sabemos bastante, pero del segundo, usted que hace meses se identificó con él,como su defensor y chavista, podría darnos su opinión de las visitas que hace el señor venezolano, emulando a G. Bush?
Lectoramadura.
Y es que como decía ese otro gran sabio: "hay gente pa to".
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Roderick Guzmán Meza








