Los Escritores y el Exilio
26.02.07 @ 19:13:32. Archivado en Cultura, Literatura, Política
La partida del último Nóbel de Literatura, Orhan Pamuk, de su suelo patrio ha vuelto a evidenciar el barbárico sentido del silencio que anima a algunos grupos, cuya única versión de la realidad deriva de la imposición y el crimen.
Con sus alforjas al hombro, Pamuk se ha marchado a Estados Unidos. Atrás queda su adorada Estambul con sus minaretes, sus callejuelas, sus mercados, su arquitectura híbrida a mitad de camino entre oriente y occidente y el Bósforo, puente entre la Europa clásica y Asia misteriosa.
La amenaza contra Pamuk hecha por una facción de los ultranacionalistas turcos, nos recuerda que muchos escritores han debido escapar de su país por temor a ser asesinados.
No son pocos los galardonados con el Nóbel de Literatura los que han debido empacar para proteger su integridad física por haberse atrevido a decir algo que incomoda al régimen de turno o a grupos beligerantes sin pizca de interés por la cultura, la libertad de expresión y los derechos humanos.
Quienes no han tenido miedo de expresar sus opiniones a través de diversas tribunas, en este caso la obra literaria, han debido marcharse al exilio. Desterrados, llevan consigo el dolor de abandonar el territorio de lucha, el emplazamiento familiar, para enfrentar los excesos y las injusticias de los alucinados cuyo mundo termina ante sus narices.
El acoso de los enemigos ha sido el motivo de partida para los escritores que resuelven no callar más ante los desmanes, ante los abusos y los quebrantamientos de la civilidad. Es cierto, se marchan por miedo, pero no son hombres de armas, son luchadores de la palabra, pensadores que aportan y no salvajes que destruyen.
Otro ejemplo de esta intolerancia podemos encontrarlo en el galardonado con el Nóbel del año 2000, el chino Gao Xingjian, quien fue censurado por la tozudez e intolerancia de un movimiento extrañamente conocido como la Revolución Cultural.
Gao debió refugiarse en Francia porque sus trabajos, en opinión de la censura china, contaminaban el espíritu de la Revolución, entorpecían el intelecto de la juventud de ese país allá en la década de los ochenta, cuando en realidad se despertaba a otras posibilidades.
La historia también nos recuerda que el escritor polaco Czeslaw Milosz, Nóbel del año 1980, autor de El Pensamiento Cautivo, debió partir al exilio francés en 1951, luego de la instauración de la dictadura pro soviética en su país. Este laureado autor debió estar alejado de su Varsovia natal por más de treinta años y solo pudo volver a la caída del impositivo gobierno.
Más cerca, en nuestra América mestiza, el premio Nóbel de 1982, Gabriel García Márquez, allá por el año 1955, debido a las opiniones publicadas por él en un diario de Colombia, que motivaron la rabia y el encono del dictador de aquel entonces, Gustavo Rojas Pinilla tomó las maletas y viajó lejos de su Aracataca natal, en el hermoso Caribe.
Gabo debió marchar a Suiza por decisión del Consejo Editorial del diario, con la excusa de cubrir una conferencia, según cuenta él mismo escritor en una entrevista realizada mucho tiempo después.
Singular también fue el caso del poeta de América, Pablo Neruda, ganador del Premio en 1971, militante del partido comunista de Chile, quien debió salir al destierro una oscura noche de frío, debido a la persecución de la que fue objeto por parte de los agentes gubernamentales. Antes fue clandestino en los arrabales, en los mercados, en los tenderetes. Debió ocultarse después en el interior del país, en aquellos gélidos parajes, donde se mantuvo por un tiempo hasta que pudo salir montado sobre un caballo hacia Argentina, no sin antes cruzar la imponente cordillera de Los Andes en absoluta soledad.
En Rusia, Alexander Solzhenitsin, Nóbel 1970, era perseguido por la temible KGB por las denuncias sobre los campos de concentración de Siberia, en su celebérrima Archipiélago de Gulag.
La historia registra otros escritores que obtuvieron el Premio Nóbel y fueron acosados hasta la insensatez, entre ellos debemos citar al poeta español Juan Ramón Jiménez quien emigró después del estallido de la Guerra Civil en 1936 y murió en su exilio puertorriqueño en 1958.
Albert Camus, ganador del Premio en 1957, se vio forzado a dejar su natal Argelia y asentarse en la patria paterna, Francia, después que el gobierno de Argel cerrara el periódico donde trabajaba y le impidiera ejercer algún oficio o empleo para ganarse la vida.
A grandes rasgos, esta es una lista con los nombres de los escritores consagrados, merecedores de reconocimiento universal que han debido marchar a tierras extrañas para poder sobrevivir a la intolerancia y la barbarie extremista.
Hay muchos más que sufren la persecución y el acoso, no tan conocidos, pero igualmente entregados a su apostolado, a su inquebrantable lucha por la igualdad; su compromiso social, su conciencia ciudadana será suficiente estímulo para continuar en la búsqueda de un mundo más justo.
Como se ha dicho alguna vez, no se ha fabricado todavía la bala que pueda matar un ideal.
Comentarios:
Es cierto, los escritores luchan mediante la palabra, es su arma, "son pensadores que aportan y no salvajes que destruyen", aunque a veces también se da el caso de que son pensadores que destruyen.
Y también es cierto que hay escritores que no se pueden expresar desde un cierto nivel sin sufrir la intolerancia.
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Roderick Guzmán Meza


