Crecimiento de China preocupa a Cheney
23.02.07 @ 20:38:54. Archivado en Política
Existen personajes sorprendentes. Algunas veces por sus genialidades, otras por sus excentricidades y otras por sus desparpajos sin peso, leves como la ráfaga que acaba de colarse entre las cortinas y ha arremolinado los diarios viejos en un rincón de la sala.
Uno de estos individuos es el segundo en la jerarquía administrativa, industrial, militar, financiera de los Estados Unidos, Dick Cheney. El homónimo del detective del cómic de apellido Tracey ha manifestado su preocupación por al vertiginoso crecimiento militar de China.
Si, China, la comunista, la de Mao, la de Tiananmen. Sobre ella, Cheney dice que “contradice su supuesta intención de desarrollarse de forma pacífica” al demostrar su capacidad de expandirse tanto financiera como castrense. Esto alega el alto personero sobre la milenaria nación, sobre sus esfuerzos de crecer y salir del estancamiento doctrinario, económico e internacional de tantas décadas.
Pero quien esto alega no deja de traslucir ciertos resquemores propios de los que esconden demonios en su interior. Expresa su miedo al reflejo que de ellos emana y rebota en alguna superficie refractaria.
China se ha convertido en ese cuadrante de rebotes. El mensaje parece haberle creado prurito al segundo de a bordo, quien reniega de los avances del gigante celeste, adormecido cual fiera salvaje durante siglos. Ahora despierta.
¿Acaso los Estados Unidos no alientan una industria militar inimaginable para nosotros los profanos? ¿Acaso no nos han demostrado todo el poderío del que es capaz su imaginación cuando se trata de materializar ingenios bélicos?
China ha destruido un satélite suyo para monitorear el clima. Un misil fue lanzado y acabó con el aparato, allá sobre la capa atmosférica y esto ha hecho estremecer a Cheney mientras declamaba sus peroratas incrustadas con sus acostumbradas premoniciones de enemigos asomándose por todas las esquinas del orbe.
A diario leemos los nuevos modelos de bombas anti búnker, de rastreo, de racimos, inteligentes, de uranio empobrecido (¿así se llaman?) y sabemos dónde son construidas y por quiénes. Pero los señores de la nación más poderosa del mundo esgrimen argumentos de doble moral. Si tienen autoridad para hacer estas declaraciones, ¿quién se la otorga? ¿Su condición de auto proclamados gendarmes del mundo?
En lo personal, tampoco apuesto por el pacifismo a ultranza de los chinos. Su avanzada está en nuestras tierras desde hace mucho más de un siglo. No sería extraño que ahora comenzara a movilizarse otra marcha sobre el mundo bajo los designios de una misión de equilibrio de poderes.
No obstante, los del imperio celeste han sido más agredidos e invadidos que agresores o invasores. Recordemos a los mongoles, a los persas, a los portugueses, los ingleses y los japoneses entrando al territorio de ese país.
Su propósito, han dicho los representantes del gobierno de Beijing, es prepararse para evitar el avance de quienes quieran hacerle daño a China. Han demostrado algo de esa buena voluntad defensiva al intervenir de forma positiva en la crisis de Corea del Norte y su programa nuclear.
Una cosa parece ir de la mano de la otra. El avance económico y el crecimiento militar con todo lo que esto involucra. El dinero produce bonanza, sosiego, placeres y lujo, pero también armas, ejércitos y bombas.
Ahora bien, Estados Unidos ve en cada movimiento de un país que no se encuentra bajo su sombra, una amenaza, un amago contra su seguridad. No han terminado de barrer con Afganistán e Iraq y ya asoman sus narices en Irán. ¿Será que luego les interesará acometer a los chinos para apoderarse también de los recursos todavía no trabajados por ese pueblo, sean cualesquiera las razones que para ello hayan?
Algunos meses atrás el casi olvidado Donald Rumsfeld señaló que China poseía el gasto militar más alto del mundo, después de los Estados Unidos y Rusia. Claro, luego de los dos antiguos adversarios, hoy aparentemente en abierta camaradería, porque por encima jamás le hubieran permitido llegar con cualquier excusa a los chinos. Nadie puede estar sobre ellos.
Es bravuconería, prepotencia,como siempre, la de este Cheney. Pero considerar la escalada militar de un país como una amenaza, cuando la más veloz es la estadounidense, cuando quien incrementa sus ingenios bélicos en una forma nunca antes vista, son precisamente estos, que ahora rasgan sus vestiduras por el desarrollo de un país que los supera en casi todo, población, posiblemente recursos, voluntad y disciplina.
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Roderick Guzmán Meza


