El Protopadre de la Horda
31.01.06 @ 17:38:46. Archivado en Cultura, Historia
En aquellos tiempos eran otros problemas los que acosaban a la humanidad, eran otros enemigos, otros adversarios, otros pánicos. Reunido en torno a una crepitante fogata, en la oscuridad de una cueva cuyo único exorno eran sombras danzantes sobre las rústicas paredes y carámbanos amenazadores, un grupo de atávicos humanos, frotaba sus manos para protegerse de las heladas.
Todas las noches con la llegada de la oscuridad, con el rumor de las criaturas invisibles en los caminos y las encrucijadas, llegaba el más consuetudinario visitante de aquella caterva, escondido ahora en remotas dimensiones de la memoria: el miedo.
Esos prehumanos, emparentados con extraviados eslabones genéticos, temblorosos y asustadizos ante el inesperado movimiento de los matorrales, temerosos ante la estruendosa aparición del relámpago, asomados a las más espantosas simas de terror ante el vibrante aullido de la bestia, se habían aferrado en una nada simbiótica relación a una potestad majestuosa y unánime: el protopadre.
Esto lo ha dicho hace mucho Freud. Vituperado por algunos, alabado por otros, ignorado por la mayoría, el psiquiatra austríaco ha descubierto el origen de ciertos fenómenos propios de la incipiente condición humana, prefigurados por Lebon y otros estudiosos. Ha percibido el origen de los fenómenos considerados como inherentes al espíritu, a la más sutil manifestación del pensamiento del hombre y la mujer, la religión, pero también del paralizante miedo con quien existe un parentesco nada desdeñable.
En opinión del psiquiatra vienés, esta horda erigió como su defensor al macho más poderoso, al individuo con mayores capacidades físicas y sexuales, al sujeto con una impresionante condición de dominador del grupo, ante quien debieron sacrificar la independencia, el espacio existencial y el concepto de libertad.
Este protopadre, no sólo era el ocupante del sitial de honor en el festín en la cueva, era también capaz de defenderles de los misteriosos endriagos de la selva y la llanura, de los feroces monstruos caníbales y los depredadores, de los electrizantes zarpazos en el cielo desgarrado, de los aterradores animales que merodeaban ante sus grutas o al pie de sus edificios arborícolas y también de sus congéneres.
Sustraigo del libro Psicología de las Masas de Freud esta teoría para hacer analogía con un hecho del cual habrían de germinar otros fenómenos de masas, motivo de las más cruentas expresiones de la civilización, como lo es la religión y el Estado y de ellas, todas las variables posibles de dominación y manipulación.
Igual que nuestros antecesores, las sucesivas generaciones de humanos se han rendido ante una imagen dominante, ante un sucedáneo de ese ancestral padre. Sus psiquis perturbada por el terror ha alquilado su libertad ante un gigantesco y parafernálico sistema del cual esperan protección a cambio de una disimulada sumisión, de poder establecerse al amparo de su sombrío manto, de sus rugientes fauces.
Son muchos los símbolos que se yerguen como ese olvidado protohombre de la antigua edad, que se levantan ante las amenazas de esos peligros provocados por la incertidumbre y el desconcierto. Su poder es tal que, no solo, pueden defendernos, al igual que aquel metafórico ídolo, si no aplastarnos como un indeseable bicho cuando nuestros intereses amenacen con resquebrajar su capacidad de control.
Entonces, la biomasa le aclama, nadie es capaz de alcanzar el nivel de su ira, la faz de su violencia, nadie podrá lograr alcanzar el espléndido báculo con el que conduce la historia, no podemos más que, en supina postura, rendirnos ante su colosal figura.
Estados Unidos ha materializado esta imagen subconsciente y ha sometido a la masa con la fuerza sutil del oropel, de la tecnología, del entretenimiento, de los derechos civiles, de una libertad comprometida con sus postulados e intereses llamada por muchos democracia
Apoyado además por el mayor movimiento bursátil, financiero y económico, mueve sus fichas al antojo de sus magnates, de sus necesidades expansivas sin el mínimo temor de ser vapuleado por las místicas multitudes del silencio, agobiadas por la ignorancia y el cansancio.
La imagen omnímoda del protopadre ha tenido intermedios en otras expresiones humanas, como lo ha podido ser en su momento el comunismo, el fascismo, el caudillismo y otros.
Este mundo globalizado, reestructurado y convertido en aldea, es una representación mayestática de aquel soterrado acontecimiento de la prehistoria de la humanidad, cuando se deificó a aquel primer autócrata asesinado por los hijos, acosados ya por el frenesí de las pasiones insatisfechas.
Estados Unidos es la manifestación ecuménica de este fenómeno. No deben olvidar que, de acuerdo a la teoría, el gigante protopadre fue muerto por el hijo menor, el más pequeño, insignificante e inesperado de su progenie.
Comentarios:
Sí, quizás Estados Unidos sea ahorma mismo el mayor y más claro ejemplo de este fenómeno que, como indica Roderick, fue intuído por Freud como origen de miedos inconscientes.
Pero fácil es encontrar ejemplos de menor embergadura pero igualmente significativos en cualquier ámbito de la vida por pequeño que éste sea. Un protopadre puede ser un jefe, un hermano mayor...
Varias interrogantes me crea el tema planteado ¿Es la sumisión una respuesta al miedo, lo es a la protección de quien se sabe más fuerte...? ¿Cuál es el intríngulis de ese mecanismo de interacción? ¿De qué manera la figura del protopadre ha llegado ha hacerse inmensamente poderosa?, ¿ha ejercido de protector o de tirano?
De cualquier forma esto es algo que atenta contra la libertad del hombre. ¿Es la rebelión la única solución posible? ¿Qué se puede ganar y qué se puede perder...?
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Roderick Guzmán Meza


