Pero ¿existen, de verdad, varias civilizaciones?
18.01.08 @ 15:40:03. Archivado en Libertad individual, Filosofía
Roberto Blanco Valdés: "De hecho, si el término civilización se entiende en el primero de los sentidos apuntados -como sinónimo de cultura en su acepción antropológica- no parece razonable hablar de Alianza, sino, en todo caso, de diálogo o, aun mejor, de debate entre culturas. Por el contrario, si civilización significa 'la acción consistente en civilizar', parece evidente que en el mundo no hay más civilización que aquella que ha colocado al individuo, con sus derechos, en el centro de la vida en sociedad."
La Voz de Galicia
Basta leer el Diccionario de la Real Academia Española para saber que el sustantivo civilización tiene dos acepciones diferentes. Civilización es 'el conjunto de creencias, ideas religiosas, ciencias, técnicas, artes y costumbres propias de un determinado grupo humano'. Pero civilización es, también, 'la acción y el efecto de civilizar', es decir, y según el propio Diccionario, la consistente en 'sacar del estado salvaje a pueblos o personas'.
A la vista de tales definiciones, ese foro que impulsan los presidentes turco y español, y que el miércoles celebró en Madrid su última reunión, nunca debería haberse llamado Alianza de Civilizaciones. Aunque algunos pensarán que la cuestión terminológica carece de importancia, es bien sabido que, como las armas, también el diablo carga las palabras.
De hecho, si el término civilización se entiende en el primero de los sentidos apuntados -como sinónimo de cultura en su acepción antropológica- no parece razonable hablar de Alianza, sino, en todo caso, de diálogo o, aun mejor, de debate entre culturas. Por el contrario, si civilización significa 'la acción consistente en civilizar', parece evidente que en el mundo no hay más civilización que aquella que ha colocado al individuo, con sus derechos, en el centro de la vida en sociedad.
En realidad, ahí es donde reside el quid de la cuestión, pues aunque en el mundo hay muchas culturas antropológicamente diferentes, solo una -la que ha ido decantándose en Occidente tras muchos siglos de proceso civilizador- puede considerarse una auténtica civilización en el pleno sentido de ese término.
Existe, así, civilización donde los individuos son sujetos de derechos amparados por la ley, donde la ley es el fruto de la decisión de los representantes elegidos por el pueblo y donde el pueblo está sujeto a las normas del Estado y no a las de una iglesia o religión. Donde, por el contrario, los individuos son meros súbditos de un Estado confesional gobernado por los clérigos que definen, al margen de cualquier norma democrática, lo que puede y no puede hacer la población, nada hay parecido a lo que entendemos por civilización.
Por eso, no estaría de más que entre tanta apelación retórica a la paz universal, a la superación de los prejuicios y al diálogo multicultural, esa Alianza de Civilizaciones en la que se pretende que convivan los pueblos civilizados y los que, de hecho, no lo son, fuera aclarando que sin libertades legalmente protegidas, sin derecho a la igualdad entre hombres y mujeres y sin separación entre Estado y religión, ni hay civilización ni alianza posible entre esta y la barbarie. Lo demás es, en el mejor de los casos, mera ingenuidad y, en el peor, puro cinismo.
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