Hoy a las 22:00 en TVE1 Cinderella man
13.01.08 @ 21:00:35. Archivado en Cine
CINDEDELLA MAN (El hombre Cenicienta)
Russell Crowe da vida a Jim Braddock, el indómito neoyorquino de origen irlandés que durante la Gran Depresión encarnó la esperanza de millones de desposeídos, un hombre amante de su familia, cuyo valor y constancia se hicieron casi tan famosos como sus amagos y su mortífero gancho izquierdo.
La historia da comienzo cuando Braddock –antaño un hombre lleno de ilusiones– se ve obligado a abandonar el boxeo tras una mala racha, coincidiendo con la mayor crisis económica jamás vivida en los Estados Unidos. Jim quiere salir de la miseria que amenaza su vida por su mujer, Mae (Renée Zellweger), que siempre le ha apoyado. Comienza a realizar todo tipo de trabajos en el muelle, trabajos que no consiguen sacarle de la pobreza. A pesar de sus esfuerzos, el matrimonio es incapaz de hacer frente a sus deudas. Hasta que de repente, y gracias a los esfuerzos del infatigable manager de Jim, Joe Gould (Paul Giamatti), consigue la que probablemente será su última oportunidad, un combate en el Madison Square Garden. A pesar de ser demasiado mayor, de estar hambriento y de arrastrar numerosas lesiones para ser considerado un contrincante serio, Braddock no se echa atrás y decide subirse al ring sin ningún tipo de preparación. Jim dejará atónitos al público y a los medios de comunicación tras noquear a su fulguran-te contrincante. Su carrera vuelve a despegar, y victoria tras victoria, comienza a sacar a su familia del agujero. A medida que Jim Braddock se anota nuevas victorias, crece su popularidad, convirtiéndose en un héroe popular. Hasta que un buen día, le surge la oportunidad de disputar el combate de su vida y acepta enfrentarse al campeón de los pesos pesados Max Baer (Craig Bierko).
Cinderella Man (El Hombre Cenicienta) es un cuento moralista, optimista, de tono intimista y a ratos épico, apto para toda la familia pero ligeramente edulcorado. Braddock era una buena persona, pero Howard se ve en la obligación de convertirlo en un modelo inmaculado, de lo que resulta una leyenda de santo boxeador.
Más que en el género boxístico, Cinderella Man se enmarca dentro de esa tradición del cine americano ejemplificante y moralizador que tuvo su apogeo en las películas de Mickey Rooney y ahora se reactualiza en películas como Sea Biscuit (la historia heroica de un caballo de carreras y su jinete, también en los años oscuros de la Gran Depresión). Estos retratos optimistas, juveniles, simplifican el drama de la Gran Depresión, que sin embargo sí fue mostrado por el propio cine americano en películas grandiosas, en su belleza y dureza, como Las uvas de la ira, de John Ford (Howard ha declarado que vio varias veces Las uvas de la ira, así como cientos de vídeos, para captar el ambiente de la Gran Depresión).
El film se inicia con la advertencia de que no se trata de una película de boxeo sino un relato de carácter humano. Y efectivamente, cada secuencia posterior no hace sino confirmar ese presupuesto: es el drama de un hombre que siempre luchó por su mujer y sus hijos, que no aspiraba a más gloria humana que la del amor de los suyos, y que incluso en momentos difíciles de pobreza se condujo conforme a unas normas de conducta ejemplares. Su pretensión es resaltar el la-do más humano de quien probó el polvo de la pobreza y el desamparo para resurgir de entre los muertos y alzarse como espejo en que poder mirarse todo un pueblo deprimido. La suya es una mirada al tipo medio americano que tiene su referente en la familia, convencido que sólo en ella puede encontrar el sentido de la vida, y la única que justifica cualquier paliza que pueda recibir. Las primeras escenas tras la Gran Depresión americana —un tan-to dickensianas—, nos ofrecen ya una fuerte y ejemplar personali-dad, entrañable y abnegado con sus hijos, enamorado y fiel con su mujer, honesto y afable con sus amigos. Conforme avance la pelí-cula, el desempleo y penuria le obligarán a luchar "por la leche" —así dirá en una entrevista de prensa posterior—, en el muelle como estibador o en el ring como boxeador caído en desgracia.
Historia de amor y sentido épico, sencilla, narrada correcta-mente al estilo clásico, con excelentes interpretaciones. Una cuidada fotografía encuentra en la oscuridad el medio para reflejar la desesperación de una sociedad que supo levantarse por un ideal. Los combates están filmados con agilidad y vigor, dejando ver la crudeza del castigo inflingido pero más aún la resistencia y el re-surgir del hombre convertido en símbolo del pueblo americano, que superó la crisis del 29 —con una lucha sindical apenas esboza-da— con trabajo y tenacidad: de esa identificación da buena mues-tra la popularidad que Braddock alcanzó, patente en el apoyo reci-bido en su combate final por el título de los pesos pesados, en una secuencia de fuerte contenido emocional.
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