Nuevo libro del obispo Setién: "En el fondo, los miembros de ETA son revolucionarios"
21.10.07 @ 18:30:59. Archivado en Nacionalismo, Terrorismo
El obispo emérito de San Sebastián vuelve a la polémica. En su libro, de próxima aparición, 'Un obispo vasco ante ETA' (Crítica), repasa su trayectoria en el episcopado donostiarra desde 1972 hasta su cese, en enero de 2000. Este es un extracto de la entrevista que concedió a El País
Pregunta.¿Hasta qué punto la presencia de la Iglesia en el nacionalismo, y en el origen mismo de ETA, permite explicar la actuación del clero vasco en estas últimas décadas?
Respuesta. Conviene aclarar que lo que el clero vasco ha apoyado es, fundamentalmente, un nacionalismo sociocultural. […]
P. [La Iglesia vasca y ETA son] Dos poderes o dos polos de influencia no exactamente antagónicos porque ETA nunca ha matado a un sacerdote.
R. Pero ha habido curas que han tenido que emigrar.
P. También curas dentro de ETA o en sus aledaños.
R. No conozco ningún caso de sacerdotes que continuaran siéndolo después de ingresar en ETA.
P. ¿José María Setién ha sido un obispo nacionalista o un nacionalista obispo?
R. Puede ser otra cosa que no quepa encuadrar en ninguna de esas ubicaciones. No me corresponde a mí decidir si mi actuación es la de un nacionalista.
[…]
P. ETA nace de un nacionalismo confesional acreditado explícitamente en el lema del PNV: "Dios y leyes viejas".
R. Nace en un nacionalismo confesional, pero no nace de un nacionalismo confesional. No puede decirse que proceda de la iglesia. El grupo juvenil que funda ETA rompe con el nacionalismo confesional y marca su propia evolución.
P. Más tarde, los seminarios se vacían y buena parte de los seminaristas y del clero pasan a la política, no pocos a la propia ETA. ¿Hay quien sustituye la religión por el ideal de una nación sacralizada, convertida en el nuevo objeto de culto?
R. Personalmente, creo que no. El fenómeno de la revolución juvenil no es propio del País Vasco, tal y como pone de manifiesto la revolución de mayo de 1968, en Francia.
P. Pero el vaciamiento de los seminarios vascos se produce años antes y la expresión política de ese movimiento es nacionalista, bien distinta a la del mayo francés.
R. Yo creo que tiene manifestaciones distintas, por las especiales circunstancias del pueblo vasco en la dictadura, pero que se trata del mismo fenómeno.
P. ¿Dónde hunde sus raíces la ideología que sustenta la práctica del asesinato político?
R. Creo que responde a la dialéctica marxista del materialismo histórico. Utilizan permanentemente el conflicto para ahondar las crisis con vistas a un conflicto superior que, a su vez, les prepara para nuevos escenarios. La autodeterminación y la territorialidad son objetivos únicamente estratégicos porque, en el fondo, son revolucionarios. Para ellos, lo fundamental es avanzar educando a la sociedad en el conflicto.
[…]
P. Me pregunto por qué, a la hora titular su libro, elige la preposición "ante" (ETA) y no "frente" o "contra" (ETA).
R. Sencillamente, porque yo no vine en 1972 al obispado de San Sebastián para ser un obispo contra ETA. Vine sabiendo que ETA estaba aquí y que tenía que situarme ante ETA.
P. Usted explica su actitud ante la violencia invocando el mandado evangélico que obliga a amar a los enemigos. ¿Ese mandato le ha impedido adoptar una actitud más activa contra el terrorismo? El gran reproche que se le ha hecho a la Iglesia vasca es que no ha pasado de los sermones y cartas pastorales.
R. ¿Y qué es lo que yo debería haber hecho y no hice?
P. Las víctimas de ETA le acusan de haberse comportado con frialdad ante ellas; dicen haberse sentido desamparadas en la iglesia vasca. Y, por ejemplo, le reprochan que cediera los locales de la Iglesia a grupos como las Gestoras pro Amnistía para que protagonizaran sus encerronas y actos propagandísticos.
R. Vayamos por partes. Durante el franquismo, todo el mundo se aprovechó de la tolerancia de la Iglesia a la hora de respetar los derechos de asociación.
P. ¿Las cosas no cambian con la llegada de la democracia?
R. ¿Y al desaparecer Franco desaparecieron todas las conductas injustas procedentes del poder político?
P. Ninguna democracia es perfecta, pero no creo que pueda ser equiparable.
R. La Iglesia debe intervenir ante una actuación injusta.
P. ¿A favor de los verdugos, precisamente?
R. A favor de los derechos fundamentales, incluso del mundo de los verdugos.
[…]
P. Pero, establecido que nunca se debe bajar la guardia ante la tortura, a veces parece que la Iglesia vasca otorga mayor credibilidad al discurso interesado del mundo de la violencia que a los tribunales. Las víctimas creen que la Iglesia vasca aplica su misericordia más a los presos de ETA que al conjunto de la población reclusa.
R. Basta con ver mi pastoral El preso, una persona humana, para comprobar que se trata de una acusación injusta. He sido objeto de una campaña de difamación. Siempre he sostenido que las víctimas no debían ser utilizadas políticamente.
[…]
P. Dice que la violencia no invalida la justicia y la ética de los objetivos políticos de ETA.
R. Me refiero a los objetivos de autodeterminación y territorialidad. Detrás de la situación del País Vasco hay una injusticia que no denuncia únicamente ETA. Los derechos históricos vascos fueron violentados mediante la acción de una violencia que se ha convertido en Derecho. Y lo que quiero saber es si esos derechos existen o no y si han sido incorporados debidamente a la Constitución.
[…]
P. ¿No se puede ser vasco y español sin ser españolista, vasco sin ser nacionalista?
R. Los españolistas son los que no reconocen a la nación vasca. La solución debe venir por el reconocimiento de los derechos fundamentales de unos y otros. Defiendo una pluralidad nacional vasca para que se pueda convivir en paz. Yo no quiero para Euskadi la unicidad del modelo soberanista de la llamada nacionalidad española. ¿España es una nación? Se afirma la unidad española y a partir de esa unidad se legitima una soberanía, que se impone por objetivo defender la unidad española. ¿Quién se traga eso? En todo caso, el derecho a la autodeterminación que reivindico no es necesariamente el derecho a la secesión.
[…]
P. Escribe que difícilmente se puede amar a las personas sin amarlas en lo colectivo. Dice que el amor político es el amor al pueblo al que pertenecemos. ¿Quién impone esa obligación de amar a tu pueblo y por qué usa tanto la palabra pertenencia? Las palabras no son inocentes en Euskadi.
R. No se puede amar a las personas si no se reconoce y ama al colectivo al que pertenecen. Cada persona es libre de optar por el colectivo nacional al que quiera pertenecer. Y ese respeto al derecho de pertenecer a un colectivo es lo que yo entiendo por un amor político. Para mí, ese respeto es una exigencia del amor.
[…]
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