Polanco (por Ussía en La Razón)
26.07.07 @ 10:32:53. Archivado en Prensa
Jesús Polanco era un hombre poderosísimo. De ahí la turbación unánime que ha seguido a su muerte. Lo conocí, treinta y cinco años atrás, en Comillas. Ya era poderoso, pero no tanto. Me pareció una persona más que un personaje. En aquellos tiempos se inició su etapa de crecimiento empresarial. Hasta sus peores enemigos, sus más acérrimos y clamorosos adversarios, tienen que reconocer que Polanco fue un gran empresario, creador de miles de puestos de trabajo y administrador y máximo responsable de muchas fortunas.
Y como tenedor de ese inmenso poder, casi omnímodo, le pasó lo que a Franco. Que se multiplicaron a su alrededor personas más polanquistas que el propio Polanco. Esos polanquistas son los responsables de una buena parte de las antipatías personales que Polanco acumuló en su brillante vida. La antipatía se siembra con antipatía, y Polanco no era antipático ni sectario. Estaba por encima de esas pequeñeces. El sectarismo, la soberbia y el dogmatismo los implantaron otros. Juan Luís Cebrián, por ejemplo, un gran periodista, un gran antipático y un débil demócrata, como demuestra su biografía.
Cuando Cebrián era apellido que hacía temblar a los antifranquistas, Polanco vendía libros puerta a puerta. Polanco necesitó a sus cebrianes, sus praderas y demás acólitos para culminar su proyecto empresarial. Como buen capitalista -¿qué era para Jesús la Derecha o la Izquierda sino meros argumentos manejables?-, advirtió que el gran negocio por explotar en España era el dogmatismo de la retroprogresía, y a él se entregó de cuerpo y alma, con unos rendimientos formidables. Pero él, como persona, ni era sectario, ni era dogmático, ni era de izquierdas.
¿Cómo se puede concebir la militancia en la Izquierda del hombre más poderoso que surge del mercado libre? Cuando se van las personas, queda su herencia, y la de Polanco -que puede saltar dividida en pocos años-, ahí está y no hay quien la discuta.
Con quien firma, mantuvo siempre una relación de cortesía y respeto. Me consta que a veteranos periodistas sin suerte en el final de su carrera, les tendió la mano ayudándolos sin reservas. La antipatía no es generosa.
También es cierto que el poder le nubló la humildad en ocasiones, y que lo usó -o se lo usaron- para humillar a ciudadanos honrados, como el juez Javier Gómez de Liaño, por ejemplo. Pero Polanco era mucho mejor que los polanquistas, y en el fondo abominaba de los pelotas consagrados.
He leído todas sus necrológicas. Mucha baba y mucha bilis. No se merecía esos extremos. Entre los primeros se destaca que fue un hombre perseguido y calumniado. No lo creo. Al menos no lo fue en la medida que los polanquistas perseguían y calumniaban a otros. De lo que no cabe duda es que de su obra, el mejor fue el arquitecto. Su negocio fue la Izquierda porque nadie la supo explotar como él. Su recuerdo merece el juicio equilibrado y la sensatez.
Coda: Polanco fue quizás un meritorio emprendedor, pero no de los que luchan en igualdad de condiciones en un mercado libre. Su "capitalismo"
consistió en valerse del poder político (el que fuera) para adquirir una posición dominante desde la que librarse de sus adversarios. Así cualquiera.
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