Hoy en TV dos pelis interesantes: Cinderella man y Las normas de la casa de la sidra
14.05.07 @ 14:22:40. Archivado en Cine, TV
CANAL + -LUNES 14 a las 22:00 CINDEDELLA MAN (El hombre Cenicienta)
Russell Crowe da vida a Jim Braddock, el indómito neoyorquino de origen irlandés que durante la Gran Depresión encarnó la esperanza de millones de desposeídos, un hombre amante de su familia, cuyo valor y constancia se hicieron casi tan famosos como sus amagos y su mortífero gancho izquierdo.
La historia da comienzo cuando Braddock –antaño un hombre lleno de ilusiones– se ve obligado a abandonar el boxeo tras una mala racha, coincidiendo con la mayor crisis económica jamás vivida en los Estados Unidos. Jim quiere salir de la miseria que amenaza su vida por su mujer, Mae (Renée Zellweger), que siempre le ha apoyado. Comienza a realizar todo tipo de trabajos en el muelle, trabajos que no consiguen sacarle de la pobreza. A pesar de sus esfuerzos, el matrimonio es incapaz de hacer frente a sus deudas. Hasta que de repente, y gracias a los esfuerzos del infatigable manager de Jim, Joe Gould (Paul Giamatti), consigue la que probablemente será su última oportunidad, un combate en el Madison Square Garden. A pesar de ser demasiado mayor, de estar hambriento y de arrastrar numerosas lesiones para ser considerado un contrincante serio, Braddock no se echa atrás y decide subirse al ring sin ningún tipo de preparación. Jim dejará atónitos al público y a los medios de comunicación tras noquear a su fulguran-te contrincante. Su carrera vuelve a despegar, y victoria tras victoria, comienza a sacar a su familia del agujero. A medida que Jim Braddock se anota nuevas victorias, crece su popularidad, convirtiéndose en un héroe popular. Hasta que un buen día, le surge la oportunidad de disputar el combate de su vida y acepta enfrentarse al campeón de los pesos pesados Max Baer (Craig Bierko).
Cinderella Man (El Hombre Cenicienta) es un cuento moralista, optimista, de tono intimista y a ratos épico, apto para toda la familia pero ligeramente edulcorado. Braddock era una buena persona, pero Howard se ve en la obligación de convertirlo en un modelo inmaculado, de lo que resulta una leyenda de santo boxeador.
Más que en el género boxístico, Cinderella Man se enmarca dentro de esa tradición del cine americano ejemplificante y moralizador que tuvo su apogeo en las películas de Mickey Rooney y ahora se reactualiza en películas como Sea Biscuit (la historia heroica de un caballo de carreras y su jinete, también en los años oscuros de la Gran Depresión). Estos retratos optimistas, juveniles, simplifican el drama de la Gran Depresión, que sin embargo sí fue mostrado por el propio cine americano en películas grandiosas, en su belleza y dureza, como Las uvas de la ira, de John Ford (Howard ha declarado que vio varias veces Las uvas de la ira, así como cientos de vídeos, para captar el ambiente de la Gran Depresión).
El film se inicia con la advertencia de que no se trata de una película de boxeo sino un relato de carácter humano. Y efectivamente, cada secuencia posterior no hace sino confirmar ese presupuesto: es el drama de un hombre que siempre luchó por su mujer y sus hijos, que no aspiraba a más gloria humana que la del amor de los suyos, y que incluso en momentos difíciles de pobreza se condujo conforme a unas normas de conducta ejemplares. Su pretensión es resaltar el la-do más humano de quien probó el polvo de la pobreza y el desamparo para resurgir de entre los muertos y alzarse como espejo en que poder mirarse todo un pueblo deprimido. La suya es una mirada al tipo medio americano que tiene su referente en la familia, convencido que sólo en ella puede encontrar el sentido de la vida, y la única que justifica cualquier paliza que pueda recibir. Las primeras escenas tras la Gran Depresión americana —un tan-to dickensianas—, nos ofrecen ya una fuerte y ejemplar personali-dad, entrañable y abnegado con sus hijos, enamorado y fiel con su mujer, honesto y afable con sus amigos. Conforme avance la pelí-cula, el desempleo y penuria le obligarán a luchar "por la leche" —así dirá en una entrevista de prensa posterior—, en el muelle como estibador o en el ring como boxeador caído en desgracia.
Historia de amor y sentido épico, sencilla, narrada correcta-mente al estilo clásico, con excelentes interpretaciones. Una cuidada fotografía encuentra en la oscuridad el medio para reflejar la desesperación de una sociedad que supo levantarse por un ideal. Los combates están filmados con agilidad y vigor, dejando ver la crudeza del castigo inflingido pero más aún la resistencia y el re-surgir del hombre convertido en símbolo del pueblo americano, que superó la crisis del 29 —con una lucha sindical apenas esboza-da— con trabajo y tenacidad: de esa identificación da buena mues-tra la popularidad que Braddock alcanzó, patente en el apoyo reci-bido en su combate final por el título de los pesos pesados, en una secuencia de fuerte contenido emocional.
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CUATRO – LUNES 22:05 – Las normas de la casa de la sidra
El Célebre movelista John Irving, autor de El mundo según Garp ha escrito el guión de esta película, basada en su obra Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra, que cuenta la historia de un chico joven. Homer (en honor a Homero) Wells era un muchacho sin padres. Larch era un hombre sin hijos. Entre ellos Había un vínculo muy fuerte.
En el orfanato Larch le enseñó a Homer todo lo que hacía falta para se un médico, pero no le enseñó nada sobre las nociones generales del bien y del mal. Lo que Homer quería de verdad era precisamente lo que Larch no le podía dar: unas normas para orientar su vida. Tuvo que buscar en otras partes.
Cuando una pareja lo invitó a trabajar en su granja, en Maine, tomó la decisión más difícil de su vida: abandonar la única familia que él había conocido. Ahora esá solo, y ha quedado atrapado en un triángulo amoroso. Se empieza a dar cuenta de que ya ha llegado el momento en que debe vivir de acuerdo con sus propias normas.
Fuera del lugar de sus andanzas infantiles y ya franqueada la edad de la adolescencia, descubrirá inéditos e importantes valores como el amor o el sexo, y también aprenderá que los convencionalismos morales y las normas escritas que pueden regir nuestra convivencia pueden ser transgredidos si los mismos carecen de eficacia. También comprenderá que una persona honrada en un momento dado puede ser víctima y hacedor de tales transgresiones.
“Las normas de la casa de la sidra” es una película muy bella con una pulcra fotografía y primorosos escenarios naturales. El defecto más importante de este título es que tal carencia de profundidad se alimenta de una acumulación de materias abordadas todas ellas de manera esquemática, las cuales van del aborto o el racismo pasando por la infidelidad, las drogas, el incesto, la familia o el sentido de la existencia y nuestra ubicación en la misma.
Lo que nos queda es una película vistosa por su lustrosa ambientación en la década de los años 40, unas interpretaciones de cierto calado, la ternura que emanan varios de los niños del orfanato y un texto de mérito en un indefinido conjunto.
El director es Lasse Hallstrom, un sueco que ha hecho varios trabajos en Estados Unidos y que en su país llegó a trabajar con el famoso grupo Abba. Hace un gran trabajo para conseguir dar a la película ese aire de las películas escandinavas, pausadas y que se recrean en los paisajes, de los que los personajes parecen formar parte, más que pasear por ellos, aunque curiosamente hay muchas escenas interiores (en el orfanato principalmente) que contrastan con esto pues todo está muy vacío y es muy simple. Hay que destacar la banda sonora, que acentúa el suave fluir de la película. Esto casa a la perfección con la novela de John Irving y su ambientación en Nueva Inglaterra.
Una frase que el protagonista lee a los niños del orfanato define muy bien la historia. Es el comienzo del libro David Copperfield y dice así: “Para averiguar si yo soy el héroe de mi propia vida o si otro ocupa eses lugar, habrá que leer hasta el final”.
Y eso es todo. Buenas noches, príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra. La región Nueva Inglaterra (New England) de los Estados Unidos está localizada en la esquina noreste del país. Boston es el centro cultural e industrial más importante de la zona. La región incluye los estados de: Connecticut, Maine, Massachusetts, New Hampshire, Rhode Island, Vermont
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