Heme aquí, envíame a mí

03.09.17 | 19:14. Archivado en Latinoamérica

Vigencia del pensamiento de Mons. Romero
para el México contemporáneo
(En el centenario de su nacimiento 1917-2017)

Reflexionaremos sobra la vida de Mons. Oscar Arnulfo Romero, y la vigencia de su pensamiento para el México contemporáneo. Dividiré mi participación en dos capítulos y una conclusión. En primer lugar hablaré de la vida de Mons. Romero, de su conversión a los pobres, y de su martirio por la justicia. En segundo lugar mencionaré brevemente la situación en el México contemporáneo. Finalmente en la conclusión mostraré como la vida y obra de Mons. Romero tienen gran vigencia para el México contemporáneo, y son luz para nuestro país en los momentos tan críticos por los que ahora pasamos.

I. Mons. Oscar Arnulfo Romero y su vida en favor de la justicia.

Óscar Arnulfo Romero y Galdámez nació el 15 de agosto de 1917 en Ciudad Barrios, en el departamento de San Miguel (El Salvador). Fue el segundo de 8 hermanos, hijo de Santos Romero (telegrafista) y de Guadalupe Galdámez. Oscar Arnulfo fue bautizaron el 11 de mayo de 1919, en la iglesia parroquial de su ciudad natal. Desde niño tuvo una salud muy frágil. En la escuela pública donde estudió, destacó principalmente en materias humanísticas. A la edad de 13 años, en 1930, ingresó al Seminario de San Miguel, dirigido por sacerdotes claretianos. Algunos años después, en 1937, ingresó al Seminario Mayor de San José en San Salvador. Ese mismo año, viajó a Roma donde continuó sus estudios de teología en la Pontificia Universidad Gregoriana. Vivió en el colegio Pío latinoamericano (casa que alberga a estudiantes de Latinoamérica), hasta que llegó a ser ordenado sacerdote el 4 de abril de 1942 a la edad de 24 años. En Roma fue alumno de monseñor Giovanni Batista Montini, (futuro papa Pablo VI).
Regresó a El Salvador en 1943 y fue nombrado párroco de la ciudad de Anamorós en La Unión, y después fue párroco en la Catedral de Nuestra Señora de La Paz y secretario del Obispo diocesano monseñor Miguel Ángel Machado. Fue nombrado secretario de la Conferencia Episcopal de El Salvador en 1968, año de la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano, celebrada en Bogotá, Colombia. El 21 de abril de 1970, el papa Pablo VI lo designó Obispo Auxiliar de San Salvador, recibiendo la consagración episcopal el 21 de junio de 1970, de manos del nuncio apostólico Girolamo Prigione. El 15 de octubre de 1974, fue nombrado obispo de la diócesis de Santiago de María en el departamento de Usulután. Ocupó esa sede durante dos años. Finalmente el 3 de febrero de 1977 fue nombrado por el Papa Pablo VI Arzobispo de San Salvador, para suceder a monseñor Luis Chávez y González. Ante tal nombramiento muchos sacerdotes y laicos de la Arquidiócesis sintieron extrañeza e incluso malestar, pues preferían para el cargo a Arturo Rivera y Damas, obispo auxiliar de monseñor Chávez. Varios consideraron a Romero como el candidato de los sectores conservadores que no se comprometería políticamente, ni tomaría la “opción preferencial por los pobres”, ya muy fuerte en América Latina, gracias la Teología de la Liberación. Sin embargo muy pocos días después de que Mons. Romero fuera nombrado Arzobispo de San Salvador, se va a producir en él un cambio radical en su manera de predicar y de vivir el Evangelio, un cambio al que podemos catalogar como conversión. En esta breve exposición, abordaremos dos aspectos de su vida: su conversión a los pobres y la denuncia profética en sus homilías.
I.1. La conversión de un obispo. Normalmente cuando escuchamos la palabra “conversión” pensamos en alguien alejado de la Iglesia, que en cierto momento de su existencia cambia su estilo de vida alejado de Dios, comienza a creer y es bautizado. Por lo tanto puede extrañarnos la idea de que un obispo pueda convertirse. Sin embargo la “conversión” de Romero, a partir de los pobres y para los pobres, es uno de los mejores ejemplos de lo que significa tomar en serio la radicalidad del Evangelio. Porque una persona puede estar bautizada (y trabajar oficialmente para Dios, como es el caso de clérigos, religiosos/as, y algunos laicos), pero vivir de manera superficial o incluso anti-testimonial su supuesta fe. En el caso de Mons. Romero no es que él viviera una vida disipada o poco edificante, sino que vivía una vida muy centrada en lo espiritual y con poca resonancia en la vida política. Existía en él –como es el caso todavía de muchos cristianos– un divorcio entre su fe y su compromiso social. Es por eso que de Roma lo nombraron primero obispo y posteriormente arzobispo de El Salvador en aquellos años setentas, tan llenos de agitación política en varios países de América Latina. Roma no quería sacerdotes u obispos agitadores sociales, quería personas obedientes y dóciles que se conformaran con predicar una religión desligada de los problemas sociales. “Monseñor Romero fue un sacerdote y un obispo conservador, próximo al Opus Dei, obediente a Roma y apenas sensible a las situaciones de injusticia de ese pequeño país centroamericano controlado por unas pocas familias.” Un obispo que favorecía a la élite del país. “Hombre de mentalidad católica clásica, a menudo opuesto a los jesuitas, a quienes había logrado expulsar, pocos años atrás, del seminario diocesano que dirigía. Su candidatura a arzobispo fue criticada por no pocos agentes progresistas de la Iglesia (…). Romero era el candidato de la elite del país contraria a obispos sensibles en lo social.”

¿Cómo fue entonces que este obispo tan conservador dio un giro tan radical a su vida poniéndola al servicio de los pobres, hasta llegar a ser la “voz de los sin-voz”? Romero, murió a los 62 años de edad, vivió cerca de 39 años como sacerdote, 7 como obispo y tan sólo 3 como arzobispo. Fueron estos últimos tres años de su vida, siendo arzobispo, los que le permitieron pasar a la inmortalidad gracias a su compromiso con la justicia. ¿Qué fue lo que motivó en él el deseo de justicia para su pueblo, para su país, para el mundo? Nos parece que hubo dos acontecimientos importantes que permitieron su conversión. El primero fue el asesinato de su gran amigo el P. Rutilio grande, sacerdote jesuita. Y el segundo fue el contacto que tuvo con los pobres y con la Palabra de Dios, leída desde los pobres y para ellos.

Mons. Romero mantuvo una gran amistad con el sacerdote jesuita P. Rutilio Grande. Y aunque ellos no compartían la misma mentalidad con respecto al compromiso concreto que la Iglesia debe tener en la defensa de los pobres, ya que el P. Grande estaba muy comprometido socialmente y Mons. Romero era más conservador, sin embargo la amistad los unía estrechamente. Tenía apenas pocas semanas que Mons. Romero había sido nombrado arzobispo cuando su amigo el P. Grande fue asesinado (el 12 de Marzo de 1977 en Aguilares, El Salvador) , junto con un campesino y con un niño. Este acontecimiento lo marcó profundamente. El P. Grande no era un guerrillero, no predicaba la lucha armada, era un sacerdote comprometido con los derechos humanos y con la justicia. A los dos días de la muerte de su amigo el P. Rutilio Grande, Mons. Romero celebró la misa de exequias y dijo estas palabras: “Si fuera un funeral sencillo hablaría aquí de unas relaciones humanas y personales con el P. Rutilio Grande, a quien siento como un hermano.” De hecho esa es la primer homilía de Mons. Romero, recogida en los seis tomos de todas sus homilías que se publicaron de él, algunos años más tarde, en los tres años que duró como arzobispo. A pocos días de ser arzobispo podemos leer que el tono de su predicación todavía oscila entre su conservadurismo episcopal y el deseo de hablar en favor de justicia. Se apoya de la Doctrina Social de la Iglesia e invita a la prudencia. “La doctrina social de la Iglesia nos da hombres liberadores con una inspiración de fe y, junto a esa inspiración de fe, en segundo lugar, hombres que ponen, a la base de su prudencia y de su existencia, una doctrina: la doctrina social de la Iglesia.” Y poco más adelante previene a sus sacerdotes de no caer en ideologías políticas que sólo buscan una liberación puramente terrena: Queridos hermanos sacerdotes (…) no nos desunamos con ideologías avanzadamente peligrosas, con ideologías inspiradas no en la fe, en el Evangelio.”

I.2. La denuncia profética en sus homilías. Además de la muerte del P. Grande, otro elemento que influyó mucho en el arzobispo Romero para su conversión, en favor de los pobres, fue el contacto que comenzó a tener con su pueblo. La “realidad histórica” –por utilizar la frase de un jesuita intelectual, que también influyó en él y que sería asesinado nueve años después que Mons. Romero, el P. Ignacio Ellacuría – le permitió leer la Biblia de otra manera, desde el sufrimiento de los pobres. De tal manera que la realidad histórica aunada a su conocimiento teológico (había estudiado teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma), le permitieron ser “la voz de los sin voz”. “La fuerza de sus homilías fue en aumento. En ellas comentaba las lecturas del día desde la realidad del país y enumeraba los asesinatos de la semana, hasta el punto de lograr una síntesis única entre la escucha de la palabra de Dios procedente de la Biblia y la escucha del hablar de Dios a través del clamor de las mayorías del presente histórico.”

Cada domingo sus homilías eran esperadas por la población que las seguía por la radio. A partir de la muerte del P. Grande, que coincidió prácticamente con el inicio de su ministerio como arzobispo, sus homilías fueron más extensas y más encarnadas en la realidad de su país. En ellas dedicaba una buena parte para comentar los sucesos de la semana: secuestros, torturas, asesinatos, atropellos a los Derechos humanos, etc. Todo lo que no se decía en los medios oficiales de información, todo lo que era censurado por el gobierno, era dicho públicamente desde el pulpito de la catedral. Las homilías de Mons. Romero guardaban los tres pasos metodológicos de las comunidades eclesiales de base: ver-juzgar-actuar. Sus predicaciones visualizaban a todo el mundo lo que pasaba en El Salvador, y juzgaban esa realidad de muerte y de opresión a partir de la Palabra de Dios, pero sobre todo impulsaban a actuar a partir de un compromiso cristiano con la justicia. En muy poco tiempo la gente y los sacerdotes que antes lo habían criticado comenzaron a unirse a él, estaban en la misma lucha por la justicia. Sus homilías eran interrumpidas en varias ocasiones por la gente que aplaudía entusiasmada y con lagrimas en los ojos al oír que sus esperanzas eran retomadas bíblicamente por su arzobispo.

El Reino de Dios y su justicia no eran cuestiones de otro mundo al que se iría después de la muerte, sino que habría que buscarlo y construirlo en ese momento preciso de la realidad salvadoreña. Cito tan sólo algunos fragmentos de sus homilías con respecto al Reino de Dios como responsabilidad humana: “Todos ustedes, queridos laicos, religiosas y religiosos, queridos hermanos sacerdotes, todos nosotros somos el pueblo de Dios y sobre nuestras espaldas está descansando la responsabilidad de este Reino de Dios.” (26 de Junio de 1977). “Este mensaje, del reino de Dios que se acerca, es el que la Iglesia sigue predicando. El reino de Dios se acerca y cuando los hombres comprenden este mensaje de hace veinte siglos, en los labios de los evangelizadores de 1977, se aman, hacen comunión y detestan las diferencias.” (6 de Agosto de 1977). “¿Quién será grande en ese reino de los cielos? El que se haya llenado más de Cristo. (…) queridos hermanos, que sería una lástima haber vivido como saturado de la presencia de Cristo –porque estamos saturados de pobres– y no haberlo conocido.” (26 de Noviembre de 1978). “El problema de la predestinación es un problema de acogida o de rechazo al reino de Dios predicado por Cristo.” (30 de Julio de 1979). “Perdone que les diga: no me interesa tanto la simpatía de ustedes como la simpatía de Dios (…) Servirlo a Él es reinar y cuanto más humildemente lo quiera servir en el pueblo, más reinaré” (23 de Septiembre de 1979). “Otro pensamiento de Cristo Rey es que su objetivo es la liberación integral de todos los hombres.” (25 de Noviembre de 1979).

La justicia para todo su pueblo (oprimidos y opresores) fue la tarea principal de Mons. Romero. Un obispo amado por los pobres, pero poco comprendido por la Iglesia institucional, que veía en él un partidario de la teología de la liberación y demasiado comprometido en política y derechos humanos. No es sino hasta el pontificado del Papa Francisco que se le está haciendo justicia y reconociendo su grandeza humana y espiritual. Su última homilía dominical, que fue la que le costó su vida, fue una de las más críticas y largas en duración. Fue el domingo 23 de Marzo de 1980, misa ecuménica en la que participaron sacerdotes, ministros de otras confesiones religiosas y representantes de Derechos humanos, la mayoría de los Estados Unidos. En esa homilía Mons. Romero volvió a recordar que la labor de todos los cristianos es participar en la construcción del Reino de Dios. “El gran trabajo de los cristianos tiene que ser ese: empaparse del reino de Dios y, desde esa alma empapada en el reino de Dios, trabajar también los proyectos de la historia. Está bien que se organicen en organizaciones populares, está bien que hagan partidos políticos, está bien que tomen parte en el Gobierno, está bien con tal que seas un cristiano que llevas el reflejo del reino de Dios y tratas de implantarlo allí donde estás trabajando, que no seas juguete de las ambiciones de la tierra.” En esa homilía recordó que había enviado una carta al presidente de los Estados Unidos, pidiéndole que ya no vendiera armas al gobierno de El Salvador, ya que sólo servían para matar y reprimir a la población. Concluyó su homilía pidiendo a los hombres del ejercito que dejaran de obedecer la orden de matar por parte de sus superiores, y que obedecieran antes la voz de su conciencia y la voz de Dios que les dice ¡no matarás! “Yo quisiera hacer un llamamiento de manera especial a los hombres del Ejército, y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de los policía, de los cuarteles. (…) ante una orden de matar que dé un hombre, debe de prevalecer la ley de Dios que dice: “No matarás”. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la ley de Dios. (…) les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡cese la represión!”

Con esa homilía Mons. Romero firmaba su sentencia de muerte ante el gobierno. Al día siguiente, lunes 24 de Marzo de 1980, sería asesinado al concluir su última homilía, no en la Catedral sino en la capilla del hospital de la Divina Providencia donde ese día celebraba misa. Por extraña “coincidencia” el evangelio de ese día era el texto de San Juan 12, 23-26. “Si el grano de trigo no cae en tierra y no muere permanece infecundo. Pero si muere produce mucho fruto.” Antes de que la bala de un francotirador acabara con su vida, Mons. Romero pudo concluir su última homilía con las siguientes palabras: “Que este cuerpo inmolado y esta carne sacrificada por los hombres nos alimente también a dar nuestro cuerpo y nuestra sangre al sufrimiento y al dolor, como Cristo: no para sí, sino para dar conceptos de justicia y de paz a nuestro pueblo. Unámonos, pues, íntimamente, en fe y esperanza a este momento de oración por doña Sarita y por nosotros. En ese momento sonó el disparo.”

II. México contemporáneo y su clamor por la justicia.

No es necesario indagar en muchas fuentes para saber sobre la situación tan lamentable que ahora vivimos como mexicanos o incluso como extranjeros (ya sean legales o peor aún ilegales) en nuestro país. Lo que sucede ahora en México, desde el norte hasta el sur, lo sabemos todos los que vivimos en este país por experiencia propia. El estado de descomposición social que ahora padecemos, lo sufrimos todos los días, en la calle, en el transporte, en el trabajo. Basta con ver abrir los periódicos o escuchar los noticieros –incluso aquellos que están ligados al poder– para constatar lo mal que estamos en nuestro país. En México, en los últimos años, vivimos graves problemas tanto económicos, como políticos y sociales, que tienen que ver con la falta de la preocupación por el otro en nuestra vidas, la falta de una perspectiva ética que pueda guiar nuestro comportamiento. Nos estamos convirtiendo en una sociedad fuertemente individualista que olvida al otro, sobre todo al pobre y al marginalizado.

II.1. Problemas económicos. El salario mínimo en México, $80.04 pesos, equivalente a 4.54 USD, por 8 horas de trabajo al día, no sólo es un insulto a la persona, sino ante todo es denigrante e inhumano. Un gobierno que no sea capaz de asegurar un salario mínimo indispensable, que permita vivir con dignidad, es un gobierno asesino e injusto. Dice el libro del Eclesiástico 34, 21-22: “El pan de los necesitados es la vida de los pobres, privarlos de su pan es cometer un crimen. Quitar al prójimo su sustento es matarlo, privarlo del salario que le corresponde es derramar su sangre” Este pasaje bíblico estuvo a la base de la conversión de otro gran defensor de los derechos humanos en nuestro continente que fue Fray Bartolomé de las Casas . Por otra parte, la inseguridad y la violencia que vivimos ahora en México, han deteriorado mucho la economía nacional, afectando al turismo y a los comerciantes medianos o pequeños, muchos han preferido cerrar sus negocios a seguir siendo victimas de extorsiones. En México hay mucha evasión de impuestos y comercios informales, porque la gente no tiene confianza en el gobierno, en lo que hará de sus impuestos. Y por último, entre otros muchos elementos que podríamos seguir mencionando y que afectan la economía nacional, se encuentra la corrupción. Desde los grandes casos de corrupción como la petrolera brasileña Odebrecht, que declaró haber pagado sobornos millonarios al ex director de Pemex, Emilio Lozoya Austin, y a otros altos directivos mexicanos durante los gobiernos de Felipe Calderón y Peña Nieto; o las grandes licitaciones que supuestamente ganó el grupo constructor Higa, y a cambio de lo cual el presidente Enrique Peña Nieto recibió su famosa casa blanca; hasta las pequeñas corrupciones en las que nosotros mismos podemos participar, como sobornos a la policía, “mordidas” para acelerar los trámites burocráticos, etc.

Vivimos en un país marcadamente desigual desde el punto de vista económico. Un país donde reside uno de los hombres más ricos del mundo así como empresarios que han creado grandes emporios comerciales; pero también una gran mayoría de la población que carece de lo mínimo indispensable para poder vivir dignamente. Como lo indica la Conferencia del Episcopado Mexicano: “El 35.8 por ciento (equivalente a 40.3 millones de personas) de la población mexicana vive en condiciones de pobreza, mientras que el 10.4 por ciento (equivalente a 7 millones de personas) vive en pobreza extrema. Así las cosas, más de 47 millones de mexicanos no tienen acceso a los bienes mínimos para poder vivir de acuerdo a las exigencias elementales de su dignidad.” Por otra parte algunos de los principales lideres sindicales de nuestro país son conocidos por su opulencia y el nivel de corrupción al que han llegado. ¿Cómo ha afectado todo esto a la población? Ha incrementado el comercio informal, familias desunidas a causa del trabajo, así como también robos, secuestros, y otros delitos de menor o mayor grado cometidos por una parte de la población.

II.2. Problemas políticos. El deterioro de nuestro país tiene nombres y apellidos. No es algo fortuito, es algo que se ha venido dando desde hace ya muchos años y que se ha venido agravando en los últimos sexenios. Podríamos decir que desde el gobierno tiránico de Díaz Ordaz hasta la fecha. En 1910 se inició la Revolución mexicana, surgida desde el pueblo y para el pueblo, pero en realidad no nos llegó una reforma agraria ni social, sino que los que nos llegó fue una “revolución-institucionalizada” encarnada en un partido político, aunque parezca contradictorio, que es el PRI. Un partido que fue creado para perpetuarse en el poder y no para ayudar a la gente. Como decía el ahora premio nobel de literatura Mario Vargas Llosa en Agosto de 1990 cuando visitó nuestro país. “El PRI es la dictadura perfecta”, es el modelo ideal que cualquier dictador soñaría para poder perpetuarse en el poder. El simulacro de democracia que tenemos cada sexenio a nivel federal, como a nivel estatal, es algo que pagamos muy caro los mexicanos, es un desgaste tanto económico como moral. El Instituto Nacional Electoral (INE), fundado en 1990, es uno de los órganos institucionales más caros que pagamos los mexicanos. Pagamos con nuestros impuestos un arbitro electoral que no sirve de nada porque está ligado a intereses partidistas. Finalmente el narcotráfico se ha aliado a esferas muy altas del poder político mexicano y esto nos está llevando a un declive nacional.

Por otra parte una buena parte de nuestros dirigentes políticos, por no decir la gran mayoría, no buscan llegar a los cargos políticos para ayudar a la población sino por intereses personales. La política en nuestro país se ha prostituido, los cargos los obtiene el mejor postor, no siempre el más honesto o el más preparado. Lo peor de todo es que esta crisis política ha contagiado también a una buena parte de la población; en las elecciones hay mucha gente cambia su voto por una tarjeta de despensa o por distintos beneficios personales. En esta crisis política, prácticamente todos los partidos están implicados de una o de otra manera. Sin embargo también detectamos elementos positivos en todo esto, como lo muestran por ejemplo movimientos como “#yo soy 132”, o los padres de los estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa, o asociaciones de ciudadanos que luchan contra la corrupción.

II.3. Problemas sociales. Si Marx decía a mediados del siglos XIX: “la religión es el opio del pueblo”, es porque no conocía la programación de nuestras dos grandes televisoras mexicanas (Televisa y TV Azteca). Vivimos en un país heredero de grandes civilizaciones precolombinas que poco a poco ha ido desvirtuando el legado de nuestros antepasados. Es verdad que tenemos grandes talentos en México, sin embargo a nivel de la población en general, la cultura parece un elemento de lujo e inaccesible. Lo que está al alcance de la población es una pseudo-cultura que, bajo el amparo y protección de intereses económicos y políticos, busca enajenar a la gente distrayéndola de la verdadera cultura que es fuente de crecimiento y de promoción humana. En la televisión se promueven series sobre la vida de narcotraficantes, se cantan sus hazañas en los narcocorridos, y muchos niños y adolescentes sueñan en poder llegar a ser capos algún día o ser la novia o amante de algún gran líder.

Podemos decir brevemente que la moral (del latín mores, “costumbres”) es el conjunto de reglas o normas que rigen la conducta de un ser humano en relación a la sociedad. En México pareciera ser que la búsqueda por la sobrevivencia diaria en el trabajo, en la familia, en el tráfico, etc. es más importante que las normas o principios morales. Vivimos en una sociedad que de cierta manera ha llegado a banalizar el mal. En 1961 la filosofa alemana de origen judío Hannah Arendt (1906-1975) publicaba un libro con el título: Eichmann en Jerusalén. Un informe sobre la banalidad del mal. Esta frase nos hace pensar en la violencia y el desprecio por la vida que vivimos ahora en México. El tema del mal se está convirtiendo en un elemento común y banal en nuestras vidas, y esto es algo terrible. ¿Qué cosa es lo banal? Lo banal es lo ordinario, lo común, lo frecuente, lo que ya no causa asombro. Nos estamos acostumbrando al mal y estamos acostumbrando a los niños y a los adolescentes a vivir en una sociedad llena de odio, de violencia, de crímenes, de muerte, en donde no importa el bien del otro sino el egoísmo.

Conclusión
Mons. Romero una luz para el México contemporáneo

Después de haber analizado algunos elementos de la vida, pero sobre todo de la conversión de Mons. Romero a la causa de los pobres, concluimos que podemos tomarlo como modelo para luchar contra la injusticia que ahora vivimos en México. Una luz que nos permita salir del egoísmo tanto individual como colectivo en varios sentidos. Monseñor Romero trasciende el ámbito puramente religioso o nacionalista y nos habla, aún perteneciendo a otras religiones o siendo increyentes y sin ser salvadoreños, porque el grito de justicia no conoce credos, razas o nacionalidades. Señalo tres puntos en los que podemos inspirarnos de la vida y obra de Mons. Romero.

1. Tener contacto con la realidad en que vivimos. Uno de los grandes riesgos para quienes trabajamos en cuestiones sociales (ya seamos actores políticos, religiosos, culturales, etc.), es poner los ideales por encima de la realidad. Es por lo tanto importante, a ejemplo de Mons. Romero, no diseñar modelos perfectos desde el escritorio, al estilo de la ciudad ideal diseñada por el gran idealista Platón en La Republica, y olvidarnos de lo que pasa en la calle. Incluso el gran soñador que fue Don Quijote, le dice a su escudero Sancho Panza que cuando llegue a ser gobernador sea humilde, practique la justicia, y sobre todo salga a la calle y a las plazas para platicar y conocer a la gente que va a gobernar. Hemos vivido desde hace años en un país donde sus gobernantes no conocen ni escuchan a su pueblo. Donde los ciudadanos somos tan solo cifras, números que se manejan y manipulan al antojo de los que tienen el poder. Como hemos visto en nuestro análisis, Mons. Romero cambió su modelo evangelizador tradicionalista y muy conservador, cuando tuvo más contacto con su pueblo. La política y la religión deben estar a la escucha de la gente para poder servirla mejor.

2. Trabajar en equipo. Uno de los grandes peligros que debilitan mucho la búsqueda de justicia, es el trabajo aislado. Mons. Romero formó equipo con agrupaciones y personas que deseaban trabajar en favor de la justicia de su pueblo, aún viniendo de horizontes distintos al suyo. Fue un hombre abierto y plural que fomentó el dialogo interreligioso y la pluralidad política. Romero nunca consideró que la justicia de su pueblo fuera una labor personal sino colectiva, por eso buscó instancias de apoyo tanto a nivel nacional como internacional. En México hay muchos protagonismos, personas que no se preocupan por el bien en general de la población sino que buscan sólo su provecho personal o partidista. Necesitamos más humildad política y religiosa para entender que nadie puede cambiar la situación del país él sólo.

3. Ser voz de los sin voz. A ejemplo de Mons. Romero es importante aprovechar el lugar estratégico que tengamos (puesto político, cargo religioso o académico, etc.) para defender a las personas más desfavorecidas. En México se encubre la verdad, se sanciona o peor aún se asesina a quienes la buscan, en los últimos años se han asesinado una gran cantidad de periodistas por su compromiso con la verdad. Es necesario por otra parte tener conciencia histórica. En nuestro país hay muchos interés por parte de algunos para que ciertos pasajes de la historia nacional se olviden: Tlatelolco 68, Ayotzinapa, guarderías ABC, etc. El primer deber de justicia en México es conocer realmente nuestra historia

4. Promover una paz con justicia. Lo que vivimos ahora en nuestro país es un estado de guerra en donde por una parte está el gobierno aliado con el narcotráfico y por el otro la población. Vivimos en un país enajenado por los grandes medios de comunicación. La paz verdadera es fruto de la justicia. Mons. Romero se preocupó por erradicar la violencia en su país luchando por la justicia para que hubiera una paz verdadera. Como dice el profeta Isaías. “Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de justicia, reposo y seguridad para siempre” Isaías 32, 17.


5. En la madrugada, de Juan Rulfo.

12.07.17 | 17:21. Archivado en México, Latinoamérica, Juan Rulfo

5. En la madrugada
-o el inicio de una nueva forma de justicia-
(En el centenario del nacimiento de Juan Rulfo: 1917-1986)

El cuento “En la madrugada” de Juan Rulfo es un relato que entremezcla, como la niebla que allí se relata, claroscuros con respecto a los sentimientos humanos, que desembocan en la búsqueda de una nueva forma de justicia.

La historia narra (por medio de un narrador anónimo y del viejo Esteban) lo que sucedió un día en San Gabriel (pueblo donde pasó su infancia Juan Rulfo). El viejo Esteban (arriero de vacas) regresaba a San Gabriel en la madrugada de Jiquilpan, a donde llevaba a pastar las vacas de su patrón don Justo. Ese día le tocaba desahijar (es decir separa a la vaca de su becerro) a una vaca, que incluso ya estaba preñada nuevamente. Esteban le permitió al becerro saborear por última vez las ubres de su madre antes de separarlos, pero se molestó porque el becerro le mamó las cuatro tetas a la vaca y empezó a golpearlo. En eso llegó su patrón don Justo, que acababa de pasar la noche con su sobrina Margarita, y al ver como el viejo golpeaba al becerro, se molestó y comenzó a golpear al viejo. El cuento termina cuando el viejo Esteban se encuentra detenido en la cárcel y lo van a juzgar, supuestamente por haber matado a don Justo.

La atención en un primer momento se centra en la muerte del patrón Don Justo, que en la narración de Juan Rulfo no se sabe con exactitud si murió de coraje o porque su arriero el viejo Esteban lo mató. “Que dizque yo lo maté. Bien pudo ser. Pero también pudo ser que él haya muerto de coraje.” (p. 46). Sin embargo más allá de esa muerte puntual, y del posible asesinato o no de Don Justo, nos parece que lo que está en juego en esta historia es el comportamiento injusto del patrón hacía su pobre trabajador, e inmoral hacia su propia sobrina. En este aspecto el nombre de don “Justo”, dado por Rulfo al rico ganadero, es un nombre irónico porque en realidad no es un hombre justo.

Una señal de la intención de Rulfo en esta historia es la larga introducción con la que inicia su relato y que incluso da el título al cuento: En la madrugada. ¿Qué pasa en la madrugada? “San Gabriel sale de la niebla húmedo de rocío. Las nubes de la noche durmieron sobre el pueblo buscando el calor de la gente. Ahora está por salir el sol.” (p. 41). Como es el estilo habitual de Rulfo, en este cuento emplea varias frases con estilo de prosopopeya para personificar elementos naturales. En la madrugada, la oscuridad de la noche, de la injusticia y de la inmoralidad, debe dejar lugar a la claridad del día, de la justicia y de la rectitud. El titulo y elementos de este cuento nos hacen pensar en Nietzsche, que buscaba también un futuro mejor para el ser humano. El libro del pensador alemán Aurora, que trata sobre los prejuicios morales impuestos, indica también un nuevo comienzo para el hombre.

Pareciera ser como si Rulfo vislumbrara un nuevo amanecer para el pueblo de su infancia. Don Justo representa en el cuento una Ley injusta que debe morir. “Esa noche no encendieron las luces, de luto, pues don Justo era el dueño de la luz.” (p. 47). A la luz artificial que se enciende gracias a don Justo, el pueblo debe buscar una nueva luz humana basada en el respeto y la justicia, un nuevo amanecer. Esteban se presenta como el liberador de su pueblo. Un pueblo que lleva además el nombre del ángel San Gabriel, el mensajero de Dios que viene a anunciar el nacimiento de Jesucristo liberador .

En el cuento hay tres parejas de personajes relacionados entre ellos y que nos indican el cambio ético, basado en la justicia, que nos presenta el relato. La vaca con su becerrito; don Justo con la niña Margarita; y el viejo Esteban posiblemente con su esposa. 1. La vaca y su becerro ya tienen que separarse, sin embargo no lo logran: “Estás ya por parir y todavía te encariñas con este grandulón.” (p. 43). Pareciera ser que comenten una acción “incestuosa” que les impide llevar una vida sana e independiente, y es lo que molesta al viejo Esteban que los separa y golpea al becerro. 2. Por su parte don Justo mantiene una relación incestuosa con su sobrina, la niña Margarita, hija de su hermana que está paralítica. “Si es señor cura autoriza esto, yo me casaría con ella; pero estoy seguro de que armará un escándalo si se lo pido. Dirá que es un incesto” (p. 45). El viejo Esteban sabe que su patrón, que debería asegurar la rectitud, no es tan justo como pretende serlo: “Y estaba yo quitando la tranca del zaguán cuando vi al patrón don Justo que salía de donde estaba el tapanco, con la niña Margarita dormida en sus brazos y que atravesaba el corral sin verme.” (p. 43). 3. Y finalmente la relación que el viejo mantiene con su vieja es la relación más equilibrada en ésta historia: “y cuando desperté estaba en mi catre, con la vieja allí a mi lado consolándome de mis dolencias como si yo fuera un chiquillo y no este viejo desportillado que yo soy.” (p. 44).

En el fondo se trata de un cuento revolucionario y subversivo. Los pobres deben de dejar de mirar a los ricos con complejo de inferioridad. Ellos no son tan perfectos como aparentan. La vida de miseria que ellos les imponen a la fuerza debe cambiar por el bien de todos. Don Justo piensa que todo le pertenece en su hacienda: su sobrina, las vacas, y sobre todo la vida misma de sus trabajadores. Es un hombre que vive amargado, prisionero de su propio egoísmo. “Tenía muy mal genio. Todo le parecía mal (…) hasta que yo estuviera flaco no le gustaba. Y cómo no iba a estar flaco si apenas comía” (p. 46).

La opresión de unos sobre otros (sexual, económica y moral) es algo que perjudica a ambas partes, que deshumaniza tanto a ricos como pobres. Una frase central del texto es la siguiente: “Quizá los dos estábamos ciegos y no nos dimos cuenta de que nos matábamos uno al otro. Bien pudo ser.” (p. 47).


4. El hombre O la sed de venganza (En el centenario del nacimiento de Juan Rulfo)

06.07.17 | 06:48. Archivado en Latinoamérica, Juan Rulfo

4. El hombre
O la sed de venganza
(En el centenario del nacimiento de Juan Rulfo)

El cuento “El hombre”, del libro El llano en llamas , es un relato en que Rulfo busca describir la psicología humana a partir de un sentimiento muy humano que es la venganza. La historia no condena, no juzga, sino que sólo describe de manera muy cruda, lo que pasa en la mente de dos seres humanos, una casería humana con sed de venganza.

Es tal vez el cuento más difícil y complejo del autor jalisciense . Tal vez porque busca reflejar a través de los cambios de tiempo, de actores y de lugares, la complejidad del comportamiento humano. Es hasta después de haber leído varias veces la historia, que uno puede armar y entender mejor todos los elementos de éste rompecabezas de sangre y de muerte. Reconstruyendo el relato sabemos que un hombre mató –no se dice por qué– a otro apellidado Alcancía, en presencia del hermano de éste. El hermano de la víctima busca al asesino para cobrar venganza. Y más de un mes después mata a tres miembros de la familia Urquidi mientras duermen, pensando que alguno de ellos debe ser el asesino de su hermano. Sin embargo ese día el asesino del señor Alcancía no estaba en su casa, porque acababa de enterrar a su recién nacido y cuando llegó a su casa se encontró con que le habían matado a su hijo, a ella y a él (a tres, sin especificar parentesco, pero todos de la familia Urquidi). A partir de ese momento (el “perseguidor”) inicia una casería en búsqueda del asesino de su familia (llamado en el cuento “el hombre”) hasta que lo encuentra y lo mata.

Hay que reconocer que la reconstrucción de los lazos familiares no es sencilla. Rulfo pudo haber simplificado las cosas y decir por ejemplo que había dos familias que se tenían venganza: los Alcancía con los Urquidi. Sin embargo si no muestra con claridad los lazos familiares, es porque tal vez lo que le interesa describir son más bien los sentimientos, que pueden ser comunes a todos los seres humanos independientemente de nombres y apellidos. Al respecto, después de leer el cuento varias veces permanecen ciertas dudas sobre la identidad de los personajes, como si lo único que importara fuera el deseo de venganza de los miembros de las dos familias.

El cuento comienza describiendo una casería en la que si suprimiéramos la palabra “hombre” y la cambiamos por “animal”, no notaríamos gran diferencia: “Los pies del hombre se hundieron en la arena dejando una huella sin forma, como si fuera la pezuña de un animal.” (p. 29). La venganza nos asemeja a los animales. Es un instinto primario. Cuando alguien ha causado un daño grave se busca reparar la ofensa, desquitarse, buscar “algo de justicia” por cuenta propia. No hay que olvidar aquí que el padre de Juan Rulfo (Juan Nepomuceno) fue asesinado cuando su hijo tenía justos seis años de edad. El niño tuvo que trabajar –y sublimar– ese dolor, coraje e impotencia, a través de la escritura. En la obra de Rulfo hay muchos asesinatos, muchas muertes, mucho dolor injusto, gratuito, sin sentido.

En la literatura universal encontramos varios casos de venganza que terminan destruyendo a personas y familias si no se detienen a tiempo. Tal es el caso de las dos familias que se van matando poco a poco en la obra de Ismael Kadaré, Abril despedazado ; o de la venganza hacía las personas que han dañado toda la vida, como es el caso de la novela de Alejandro Dumas, El conde de Montecristo; o del deseo de venganza que busca satisfacerse incluso más allá de la muerte, como lo presenta la obra Hamlet, de William Shakespeare.

Y aunque en su cuento Juan Rulfo no escribe nunca la palabra venganza, es un sentimiento que recorre toda la trama. A cierto momento el cazador se pregunta: “¿Acaso yo ganaré algo con eso?” (p. 35). Y él mismo se responde: “La cosa es que yo no estuve contigo. ¿De qué sirve explicar nada? Yo no estuve contigo.” (p. 35). La muerte del asesino no devolverá la vida a los seres queridos, pero por lo menos tranquiliza de cierta manera la conciencia. Una conciencia que habla tanto al perseguidor como al perseguido. Una conciencia que en ocasiones reprocha: “No debí matarlos a todos” (p. 31) y “No debí matarlos a todos (…). No valía la pena echarme ese tercio tan pesado en la espalda.” (p. 34); pero en otros justifica irónicamente los actos: “Después de todo, así de muchos les costará menos el entierro.” (p. 32) y “Después de todo, así estuvo mejor. Nadie los llorará y yo viviré en paz.” (p. 34).

La muerte del otro, el asesinato es algo que cuesta: “Cuesta trabajo matar. El cuero es correoso.” (p. 32). Y aún después de muertas las personas pesan, no se puede uno deshacer de ellas tan fácilmente: “Los muertos pesan más que los vivos; lo aplastan a uno.” (p. 34). Y al igual que Caín –asesino de su hermano Abel (Gen. 4, 11-16)–, el asesino Alcancía intuye que lleva una marca visible en su cuerpo y que lo delata: “Este peso se ha ver por cualquier ojo que me mire; se ha de ver como si fuera una hinchazón rara.” (p. 32).

El cuento está dividido en dos secciones. La segunda parte también maneja el tema de la venganza pero de manera distinta. Ya el perseguido ha sido cazado y asesinado por el perseguidor. Sin embargo un pastor, que tuvo la oportunidad de convivir con el perseguido un par de días antes de que su cazador lo encontrara y lo matara, narra ante el juez su malestar por no haberlo matado él mismo antes. “De saber lo que había hecho lo hubiera apachurrado a pedradas y ni siquiera me entraría el remordimiento.” (p. 36).

En este relato, al igual que en los demás que componen la obra de Rulfo, la justicia legal está ausente. Una vez que se ha encontrado el cuerpo sin vida del perseguidor, las autoridades del pueblo buscan ellas también tranquilizar su conciencia legalmente, castigando a alguien. En este caso culpabilizando al pastor que encontró al cuerpo sin vida: “De modo que ora que vengo a decirle lo que sé, yo salgo encubridor? Pos ora sí. ¿Y dice usted que me va a meter en la cárcel por esconder a ese individuo?” (p. 38). El problema planteado por Juan Rulfo en este cuento es un problema de falta de justicia. Y ante la falta de justicia social, se despierta el deseo de venganza personal. Dice el pastor una vez que se ha enterado que la persona que comió de su propio plato es un asesino: “Me gusta matar matones, créame usted. No es la costumbre; pero se ha de sentir sabroso ayudarle a Dios a acabar con esos hijos del mal.” (p. 36).

Finalmente este cuento, que sirvió tal vez de catarsis al propio Juan Rulfo por los sentimientos reprimidos ante el asesino de su padre, nos muestra que la venganza no libera y beneficia al hombre. El corazón debe sanarse antes de dejarse contaminar por la maldad de los agresores. Dice en su pensamiento el perseguidor pensando en el perseguido: “Tengo mi corazón que resbala y da vueltas en su propia sangre, y el tuyo está desbaratado, revenido y lleno de pudrición.” (p. 34).

Vista Hermosa, Tlalnepantla, Estado de México a 5 de Julio de 2017


28.06.17 | 04:41. Archivado en México, Latinoamérica

El IPADE y la pobreza como virtud

Los días 26 y 27 de Junio de 2017 se llevó a cabo un Congreso en el Instituto Para Alta Dirección de Empresas (IPADE) con el título de: INCLUSIVE GROWTH SUMMIT. Participamos como 350 personas. Nos dijeron que el 80% fueron empresarios y el 20% restante fuimos académicos o miembros de diferentes organismos nacionales e internacionales. Era la primera vez que asistía yo al IPADE y que tenía un breve contacto con miembros del Opus Dei.

Me llegó la invitación hace algunas semanas cuando ya estaba a punto de cerrarse el periodo de inscripciones. La invitación me llegó a través de una ex-alumna de la Universidad Anáhuac a quien di clases (Doctorado en Humanidades) hace un par de años. Ella quería que yo participara a esa cumbre de empresarios que reflexionarían sobre economía y crecimiento inclusivo en el 50 aniversario del IPADE.

Envíe un texto (paper) para una posible publicación y para sorpresa mía, mi texto fue aceptado para que lo expusiera yo en 15 minutos en una de las mesas junto con otros panelistas. El tema que expuse tuvo como título: “De la pobreza como problema a la pobreza como virtud”. En resumen traté de demostrar –apoyándome de algunos autores como Sócrates, Heidegger, San Francisco de Asís y Bartolomé de las Casas– que la pobreza, ligada a la economía, es un problema que destruye tanto a pobres como a ricos. A los pobres porque les impide vivir dignamente ya que no cuentan con lo necesario para poder sobrevivir. A los ricos porque los mantiene esclavos de sus propias posesiones. En mi conferencia propuse buscar una pobreza –llamémosle espiritual– que tiene que ver el desapego de las cosas materiales para poder ser libres y centrarse en lo esencial: las relaciones humanas, la familia, la sociedad.

El IPADE es un lugar muy lujoso y elitista, hecho para las personas que dirigen económicamente a nuestro país y para lideres de otras partes del mundo. Un lugar importante y que es necesario evangelizar. El 26 de Junio sin saberlo me tocó la fiesta de Mons. José Escriba de Balaguer, fundador del Opus Dei. Considero que esta congregación al igual que la de los Legionarios de Cristo, tienen un compromiso importante con la sociedad. Sin embargo “hacen algo” pero no lo suficiente. El riesgo que corren instituciones como estas es tranquilizar las conciencias de los ricos, pensando que con alguna obra filantrópica cumplen religiosamente (con Dios) y éticamente (con los demás) su compromiso humano; el compromiso que TODOS tenemos de buscar una sociedad cada vez más justa y fraterna que el Maestro llamó el Reino de Dios.

Después de andar por algunos años –y por cuestiones académicas– conviviendo con el mundo de los ricos, me he dado cuenta de que no todo está perdido de ese lado del muro. Hay personas con buen corazón que están buscando una sociedad más justa. Ellos me recuerdan a los amigos ricos que tuvo Jesús en su tiempo: Zaqueo, José de Arimatea, Mateo, etc. Personas ricas que también desde su trinchera están colaborando para la construcción del Reino de Dios.

En mi breve conferencia, además de hablar hablado de varios filósofos, santos y humanistas, hablé de mi amiga “Rosy”, ex-prostituta de Nezahualcóyotl, que ahora tiene una estética y con quien me voy a cortar el cabello (que no tengo mucho) de vez en cuando. Decía yo en el IPADE lo siguiente. “De vez en cuando, sobre todo cuando me siento triste, voy a ver a Rosy que me corte el pelo. Y allí sentado en mi silla recibo clases de filosofía y de amor por la vida que no me dan las universidades en las que participo.”

Gracias amado Señor por permitirme ser tu “pontífice” es decir ser tu puente entre dos mundos que no se conocen mucho y que sin embargo comparten la misma casa común que finalmente es tu casa. Gracias por permitirme dar clases en universidades y centros elitistas del país, pero también por colaborar en la Facultad de Filosofía y letras de la UNAM; por convivir con personas de Interlomas y de Santa Fe, pero también con mis antiguos y nuevos valedores del Valle de Chalco y de Nezahualcóyotl.

El mundo es más hermoso y más complejo que las películas western o los súper héroes de Marvel, donde por un lado están los buenos y del otro los malos, casi al estilo de la propuesta filosófica de Enrique Dussel. La semana pasada fui a ver al cine “La Mujer maravilla” con mis sobrinas Faty y Gaby, sin embargo de vez en cuando veo a mujeres maravilla como “Rosy” o como mi ex-alumna “P.” Dos mujeres increíbles (una nacida en Neza-York y la otra en Manhattan, Nueva York) pero las dos llenas de la presencia de Dios.

Vista Hermosa, Tlalnepantla, Estado de México a 27 de Junio de 2017.


15.06.17 | 06:30. Archivado en México, Latinoamérica

1. Nos han dado la tierra.
-o el reclamo por la vida-
(En el centenario del nacimiento de Juan Rulfo: 1917-1986)

En este año en que celebramos el centenario del nacimiento de Juan Rulfo (16 de Mayo de 1917 - 1986), me he propuesto ir comentando periódicamente cada uno de los cuentos que componen su libro El llano en llamas. Deseo que sea algo breve y con un tema específico para cada cuento. He aquí mi comentario al primero de sus cuentos: "Nos han dado la tierra".

El primer cuento con el que inicia el libro de Juan Rulfo, El llano en llamas (1953), tiene como titulo: “Nos han dado la tierra”. Breve cuento en el que Rulfo nos indica ya cual será el estilo y la problemática que él seguirá desarrollando en los otros cuentos que componen su obra. Un estilo franco, directo y sintético, por medio del cual el escritor mexicano parece perderse, para dejar hablar a sus personajes. La humildad de Rulfo lo hace grande. Y la problemática principal de su obra es denunciar –de manera sutil y anecdótica– la injusticia y opresión que vivían los campesinos en México a principios del siglo XX.

El título es breve, elocuente y directo: Nos (campesinos) han dado (el gobierno) la tierra (el sustento). Se trata de un título que puede engañar hasta no haber leído el cuento completo, porque en realidad los campesinos no recibieron tierra buena para sembrar y poder vivir, sino que se les dio una llanura seca, en realidad no se les dio nada. “el llano no es cosa que sirva. No hay conejos, ni pájaros. No hay nada” (p. 9). Se les dio un “duro pellejo de vaca que se llama el Llano” (p. 10). Me parece que el tema principal que trabaja Rulfo en este primer texto es el reclamo por la vida.

El cuento narra el breve dialogo que tienen 4 campesinos (Melitón, Faustino, Esteban y el narrador) después de andar caminando desde el amanecer hasta cerca de las 4 de la tarde. Los 4 elementos naturales también están presentes: la tierra, el aire, el fuego y el agua. En el fondo me parece que en la narración se busca el arké de la Palabra (como lo llamaban los griegos), es decir el origen mismo del racionalidad. Los primeros pensadores pre-socráticos buscaron el origen del cosmos a partir de un elemento que estuviera presente y sostuviera todo. ¿De dónde surge la razón? ¿Por qué hablamos? En el cuento de Rulfo dice uno de los campesinos: “No decimos lo que pensamos. Hace ya tiempo que se nos acabaron las ganas de hablar” (p. 8)

El pensamiento está relacionado con el habla. Aristóteles decía que el hombre es un “animal de razón” (zoon logon echon). Sin embargo a la pura racionalidad propuesta por los griegos, Juan Rulfo antepone la vida. Es la vida (comer, vestirse, tener educación y salud, etc.,) lo que permite hablar. La vida es anterior a la palabra. Y si al pueblo el gobierno le niega las condiciones para poder vivir, le está negando la posibilidad de pensar. En un lugar de hambre no se vive, se sobrevive. “Uno platicaría muy a gusto en otra parte, pero aquí cuesta trabajo. Uno platica aquí y las palabras se calientan en la boca con el calor de afuera, y se le resecan a uno en la lengua hasta que acaban con el resuello.” (p. 8).

La travesía por el llano seco, que el gobierno les ha dado para trabajar, es una metáfora de la vida misma de los campesinos. Se tiene que caminar mucho para poder sobrevivir. En su dialogo los campesinos comentan que el Gobierno les quitó sus carabinas y sus armas. ¿Por qué? Los caminantes no lo dicen, pero al quitarles sus armas y sus medios de transporte, los han dejado sin nada, desnudos, indefensos. La repartición de tierras, después de la Revolución mexicana, es un problema que no se ha resuelto. Y lo mismo podemos decir de otros recursos como el petróleo, las minas, las playas, etc., que aparentemente son nuestros –porque así nos lo han hecho creer– pero que son explotados para el provecho de unos cuantos, los que tienen el poder.

El campesino es una persona indefensa, desposeída, atropellada en sus derechos. Las autoridades se burlan de ellos e ironizan de su suerte. “(el delegado). Nos puso los papeles en la mesa y nos dijo: - No se vayan a asustar por tanto terreno para ustedes solos.” (…) –Peros señor delegado, la tierra está deslavada, dura. (…). Habría que hacer agujeros con el azadón para sembrar semilla y ni aún así es positivo que nazca nada; ni maíz ni nada nacerá. –Eso manifiéstenlo por escrito. Y ahora váyanse. Es al latifundio al que tienen que atacar, no al Gobierno que les da la tierra.” (p. 10).

La búsqueda de la vida en condiciones geográficas y políticas adversas, es el reto que enfrentan los protagonistas de éste primer cuento de Rulfo. Dicen los campesinos después de haber intentado hablar con el delegado: “ – Pero él no nos quiso oír. Y así nos han dado esta tierra. Y en este comal acalorado quieren que sembremos semillas de algo, para ver si algo retoña y se levanta. Pero nada se levantará de aquí.” (p. 11). La cerrazón de los políticos se ve reflejada en la cerrazón de la tierra.

El cuento termina con dos signos alentadores: la compasión y la esperanza. Después de tanto caminar se dan cuenta que uno de ellos ha llevado cargando su gallina, no para comérsela, sino para no dejarla sola y para cuidarla. “ –Entonces te la trajiste de bastimento, ¿no? –No, la traigo para cuidarla. Mi casa se quedó sola y sin nadie para que le diera de comer; por eso me la traje. Siempre que salgo lejos cargo con ella.” (p. 12). El gobierno no quiere cargar con su pueblo y se niega a escucharlos, pero entre ellos existe la compasión por los más débiles, cargar con sus animales a pesar de su cansancio. En las últimas frases del cuento el narrador indica que se han acercado al pueblo, eso los reanima, allí la tierra es buena. Todavía no han llegado a la tierra que les han prometido, y tal vez allá la tierra sea buena, eso los hace mantener un poco de esperanza.

Necesitamos de compasión y de esperanza para seguir caminando. En este primer cuento de Rulfo me parece que el tema principal es el reclamo por la vida. La vida es anterior a la palabra. Necesitamos tener condiciones de vida adecuadas para poder hablar, es decir pensar, expresarnos. Cuando a alguien se le niega un trabajo digno que le permita vivir, se le está negando la posibilidad de existir, se le está matando.

Loma Bonita, Estado de México, 14 de Junio de 2017


28. ¿Deben los sacerdotes sí o no participar en política?

27.03.17 | 02:30. Archivado en México

28. ¿Deben los sacerdotes sí o no participar en política?

En estos días el sacerdote mexicano Alejandro Solalinde Guerra acaba de ser nominado para obtener el premio nobel de la Paz 2017. Un sacerdote que ha denunciado la corrupción que existe en México y la violencia que se ejerce contra los migrantes que llegan a nuestro país. Conozco al P. Alejandro porque he colaborado con él en su alberge “Hermanos en el camino”. Por otra parte el obispo de Cuernavaca, Morelos, Ramón Castro Castro, ha estado denunciado últimamente los abusos del gobernador de Morelos, Graco Ramírez, lo que le ha valido intimidaciones y acusaciones por intervenir en política. ¿Deben los sacerdotes y los ministros de culto involucrarse en política?

Todos los seres humanos queramos o no queramos tenemos que ver con la política. Esta antigua separación entre “política” y “religión” da muestra de una ignorancia tanto política como religiosa.

1). Políticamente Aristóteles, ya en el siglo IV a de C., definía al hombre como un animal político (zoon politikon). Es decir que no podemos vivir sin la POLITICA, ya que al ser sociales vivimos con los demás, tenemos intercambios comerciales, culturales, económicos, etc. Es necesario hacer la distinción entre la POLÍTICA (con mayúsculas) que es la búsqueda del Bien Común al cual todos estamos llamados buscar, y es la política a la que se refiere Aristóteles; y la política (con minúsculas), que es la política profesional y partidista, en que sólo una parte de la sociedad participa (diputados, senadores, presidentes, etc.).

2). Religiosamente. ¿Jesucristo fue un hombre político? Los partidarios de una religión puramente espiritual y que no tome en cuenta la carne y las necesidades concretas del ser humano, seguramente dirán que política y religión son dos cosas distintas, casi como el agua y el aceite. Sin embargo la esencia misma de toda religión digna de ese nombre (religare: unir a los hombres con Dios y entre ellos mismos) implica dimensiones políticas (vestirse, educación, salud, etc.).

Cito solamente un ejemplo de la vida de Cristo para ver todas las implicaciones políticas que hubo en sus enseñanzas. “Enviaron donde Jesús a algunos fariseos junto con los partidarios de Herodes. Esa gente venía con una pregunta que era una verdadera trampa. Y dijeron a Jesús: “Maestro sabemos que eres sincero y no te preocupas de quién te oye, ni te dejas influenciar por él, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios. Dinos, ¿está permitido pagar el impuesto al César o no? ¿Debemos pagarlo o no? Pero Jesús desenmascarándolo, les dijo: ¿Por qué me ponen trampas? Tráiganme una moneda para verla.” Le mostraron un denario, y Jesús les preguntó: “¿De quien es esta cara y lo que está escrito?” Ellos le respondieron: “Del César.” Entonces Jesús les dijo: “Lo que es del César, devuélvanselo al César, y lo que es de Dios, a Dios.” Y quedaron muy sorprendidos de esto.” (Marcos 12, 13-17). En este pasaje (que algunos malinterpretan para mostrar una separación entre la política y Dios) vemos la sabiduría del Maestro. El César había construido un mundo político y económico a su servicio. Era tan arrogante que había mandado grabar las monedas con su rostro (en México son las escuelas y las avenidas que se graban con los nombres de nuestros presidentes mientras viven, cuanto cinismo y arrogancia.). Jesús está en contra de ese sistema político-económico, hecho a la figura de un hombre corrupto y sanguinario como era el César, por eso responde: “Denle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.”. Jesús no está diciendo a sus discípulos que no se metan en cuestiones de política o de economía, sino que los invita a que sean creativos y que busquen una economía distinta. Esa moneda que tanto ama el César devuélvansela a él, para Dios busquen otra economía más humana, más solidaria, más evangélica.

Nuestros políticos en México se molestan porque personas como el obispo Ramón Castro o el Padre Alejandro Solalinde han hecho fuertes críticas a la ineptitud de nuestros gobernantes y a la corrupción de nuestro sistema político mexicano. Pero estos mismos políticos (del partido que sea) promueven como diputada, y como presidente municipal de Cuernavaca, a una vulgar actriz y a un mediocre jugador de futbol (me refiero a su calidad humana) para que decidan sobre el destino político de los mexicanos.

Si en México estamos mal es porque hemos dejado la Política en manos de unos cuantos ladrones que se han apoderado de nuestro país. No solo los sacerdotes sino que todos los mexicanos estamos obligados –con mayor razón si somos cristianos– a buscar una sociedad más justa.

Loma Bonita, Nezahualcóyotl, 26 de Marzo de 2017


Zygmunt Bauman y Tzvetan Todorov Un a-Dios a dos grandes pensadores

11.02.17 | 19:06. Archivado en Valores, Mundo

Zygmunt Bauman y Tzvetan Todorov
Un a-Dios a dos grandes pensadores

Mientras por una parte y en estas últimas fechas el nacionalismo, la xenofobia y los líderes ultraderechistas crecen casi por todo el mundo, por otra parte acabamos de perder físicamente (porque su legado perdurará para siempre) a dos grandes humanistas que nos han ayudado a pensar la naturaleza humana de manera distinta; no como lobos que buscan destruirse y construir murallas, sino como hermanos, tripulantes de un mismo barco que es la humanidad, y que debemos ayudarnos para construir una sociedad más justa. Me refiero a los filósofos y sociólogos, que nos han quitado hace apenas unos pocos días, Zygmunt Bauman (1925 – 9 de Enero de 2017) y Tzventan Todorov (1939 – 7 de Febrero de 2017).

En tiempos de crisis mundial se necesita más que nunca de pensadores. Me refiero a personas que sepan: 1) Analizar la situación mundial y 2) Proponer caminos que nos hagan realmente humana nuestra estancia en el mundo. Los poetas y los filósofos –cuando son realmente Libres y amantes de la Verdad– son como “regalos de Dios” a la humanidad, que Él nos da para acercarnos a Él a través del encuentro responsable con nuestros hermanos. Y es así como Dios nos ha regalado a Sócrates, a Agustín, a Pascal, a Kierkegaard y a Levinas entre otros grandes humanistas. En estas últimas semanas, y con pocos días de diferencia, se han ido dos grandes pensadores Zygmunt Bauman y Tzventan Todorov. Se han ido porque habían cumplido su misión: enseñarnos a vivir mejor. Ahora nos toca a nosotros dar a conocer su mensaje y sobre todo, tratar de ponerlo en práctica.

Zygmunt Bauman y la modernidad liquida. Bauman, judío-polaco, fue uno de los grandes críticos de los tiempos actuales. Una sociedad que él crítica porque impide al hombre construir una identidad solida y responsable. Para Bauman vivimos en una sociedad liquida, es decir inestable y fugaz. La globalización y el consumismo deshumanizan al hombre. El mundo está en constante cambio, todo está regido por el dinero, el individualismo y la búsqueda de poder. La sociedad del compra y tira ha impregnado también las relaciones humanas. Se cambia de celular, de la noche a la mañana, como se cambia también de pareja. “Nadie se puede bañar dos veces en el mismo río”, decía hace siglos el filósofo Heráclito, porque el agua del río está constantemente cambiando. Bauman siglos después asegura que vivimos una humanidad liquida e inestable. Recomiendo como lectura su libro: Amor líquido: Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos, FCE.

Tzvetan Todorov y el respeto por la diversidad del otro. Todorov, filósofo búlgaro nacionalizado francés, pasó por varias metamorfosis en su pensamiento que fueron desde el estudio de la lingüística, la semiótica y la literatura, hasta su critica a los regímenes totalitarios. En la etapa final de sus investigaciones se caracterizó por una fuerte critica a los totalitarismos que impiden a los seres humanos vivir en fraternidad. Recomiendo su libro: “La conquista de América, la cuestión del otro.”, Ed. Siglo XXI. En este libro, poniendo como ejemplo la conquista de México por parte de los españoles, Todorov nos habla del desprecio por el otro (indio, judío, mexicano, negro, etc. etc. etc.,) que es distinto a mí (personal o socialmente). Yo no puedo constituirme a mí mismo sin responsabilizarme por el otro. Es sólo diciendo primero “tú eres”, que yo puedo afirmarme en la existencia y decir “yo soy”, a ejemplo de Bartolomé de las Casas, cuyo testimonio de vida y compromiso con el otro, es evidenciado en su libro.

Bauman y Todorov dos pensadores universales que han roto cualquier muralla: racial, cultural o religiosa, para ayudarnos a pensar y sobre todo vivir la grandeza de la fraternidad humana.

Loma Bonita, Nezahualcóyotl, Edo. de México, a 11 de Febrero de 2017


Donald Trump: el muro de la vergüenza y la decadencia del imperio de los E.U.

26.01.17 | 06:50. Archivado en México, Latinoamérica

Donald Trump: el muro de la vergüenza y la decadencia del imperio de los E.U.

Hannah Arendt publicó en 1951: Los orígenes del totalitarismo. Libro importante en el cual la filósofa analiza los mecanismos de poder que ejercen ciertos líderes políticos para someter a la población; reduciéndole o quitándole totalmente su libertad. La filósofa judía analiza en su libro los casos concretos del nacismo y del estalinismo. En los cuales personas ególatras de poder como Hitler y Stalin, supieron manipular a la población y buscaron chivos expiatorios como judíos, homosexuales, intelectuales, etc., que persiguieron y asesinaron cuando ellos llegaron al poder. La llegada a la presidencia de los Estados Unidos de Donald Trump, nos hace pensar en un dictador más que llega a ensombrecer la historia de nuestra ya deteriorada humanidad.

Uno de los primeros actos nacionalistas de Donald Trump, ha sido ratificar su promesa de campaña presidencial: La construcción de un muro en toda la frontera de los Estados Unidos con México, que será pagado por los mismos mexicanos. Me parece que este acto valentón y de chauvinismo político indica la decadencia del imperio de los Estados Unidos. Un imperio llega a su esplendor para debilitarse después, cuando embebidos de su grandeza niegan la necesidad de los otros. No necesitamos de los demás, sólo queremos crecer nosotros, construyamos una torre que llegue a los cielos, dijeron habitantes de oriente cuando empezaron la construcción de la torre de Babel (Génesis 11).

El muro que pretende construir el Sr. Trump no sólo es una vergüenza para la humanidad, en especial para sus vecinos indeseados los mexicanos (centroamericanos y demás emigrantes), sino que también es símbolo del aniquilamiento como nación de los Estados Unidos. En ese muro ellos están cavando su propia sepultura cultural y humana. Los Estados Unidos, más que ninguna otra nación en el mundo, se han formado gracias a la colaboración de los migrantes llegados de todas partes del mundo. Amurallarse materialmente a ellos mismos es negar la necesidad de los otros. Lo que pierde a un individuo es el egoísmo y a una nación el nacionalismo. Síntomas del mismo mal: la soberbia humana.

Vivimos en el mundo un resurgimiento tremendo de la soberbia humana, tanto a nivel individual como social. Personas y sociedades con mayores proezas técnicas pero más vacías y solitarias. Pareciera ser que la religión (cualquiera que esta sea) no nos ha servido de nada. El Sr. Trump ha jurado sobre una Biblia cristiana. El conocimiento de errores históricos tampoco nos ha servido, se derriban muros en algún lugar del mundo para construirlos en otros. Los dictadores hablan el mismo lenguaje sean de izquierda o de derecha. Y mientras algunos lideres nacionalistas hablan de enaltecer a sus países (estadounidense, franceses, ingleses, etc.), la gran mayoría de la población mundial sigue añorando contar con un pan y un techo para dormir.

Si Trump supiera que finalmente todos somos extranjeros y que estamos en una tierra que no nos pertenece. Somos constantes viajeros y peregrinos del mundo buscando la tierra prometida que Cristo llamó el Reino de Dios.

Loma Bonita, Nezahualcóyotl, Estado de México, 25 de Enero de 2017


Sólo un Dios puede salvarnos. Violencia y corrupción en México

19.01.17 | 06:58. Archivado en Iglesia, México, Latinoamérica

Sólo un Dios puede salvarnos. Violencia y corrupción en México

En 1976 el periódico alemán Der Spiegel publicó una entrevista realizada al gran filósofo alemán Martin Heidegger (1889-1976) diez años antes, en 1966, pero que por voluntad del “filósofo del Ser”, no debería ser publicada sino hasta después de su muerte. En dicha entrevista Heidegger criticaba la barbarie a la que la humanidad había llegada por el predominio de la técnica y el olvido de la metafísica. Heidegger presagiaba un futuro incierto y deshumanizador en el cual “sólo un Dios podría salvarnos”. Ante los acontecimientos que vivimos ahora en México –de violencia y corrupción– podemos pensar en la misma solución que Heidegger proponía para acabar con la barbarie: sólo el regreso de Dios puede salvarnos.

El día de hoy (18 de Enero de 2017) México se ha conmocionado ante la primer masacre de estudiantes cometida en nuestro país, en Monterrey, por un joven estudiante de 15 años de edad, que llevó una arma a su escuela, disparó contra su profesora y alumnos y luego se suicidó. Este hecho no puede ser visto como algo “aislado” de lo que ocurre en toda la República. Los crímenes, asaltos, secuestros y extorsiones, son el pan cotidiano en México. Y todo lo anterior se relaciona con la corrupción, la impunidad y el cinismo de nuestros políticos mexicanos.

Dos días antes de esa tragedia, se nos informaba en diferentes medios, que el ex gobernador prófugo de Veracruz, Javier Duarte, dentro de todos los actos de corrupción que hizo durante su mandato, se viene a añadir el hecho de haber vendido a familiares de niños con cáncer, agua destilada para quedarse con el dinero de la medicina tan costosa que ellos creían comprar. Todo esto, claro está, en complicidad de otras personas de su gobierno.

En México estamos cada vez peor. El gobierno decadente del PRI, en su afán de seguirse manteniendo en el poder, ha buscado por todos los medios debilitar a la población infundiéndole miedo. El caso concreto son los saqueos que se cometieron en los mismos días que buena parte de la población protestaba contra el gasolinazo (el aumento de casi el 30% al precio de la gasolina). Saqueos cometidos por ladrones solapados y pagados por gobiernos de distintos Estados de la República para infundir temor a la población y que ésta: 1) no saliera a protestar y 2) pidiera y viera con buenos ojos la militarización de sus Estados para recuperar de nuevo la “paz” social.

En México vivimos con miedo ante la inseguridad cotidiana que todos los mexicanos padecemos. Hace apenas unos días (13 de Enero) apareció sin vida el cuerpo del P. Joaquín Hernández (de Coahuila) que había sido secuestrado y torturado. Al igual que sucede con periodistas, varios sacerdotes católicos han sido asesinados en los últimos años y muchos de ellos habían manifestado abiertamente sus críticas al gobierno y denunciado la corrupción que como pastores podían constatar en sus entidades.

Por otra parte podemos constatar la apología que Televisa y TV Azteca hacen de la violencia y del narcotráfico, al promover telenovelas que idolatran y proponen como héroes las vidas de narcotraficantes. Lo mismo sucede con los narcocorridos. La violencia, unida a la corrupción en nuestro país, está llegando a límites inimaginables. Lo peor de todo es que ésta violencia y corrupción se han generalizado. La cometen pobres y ricos, políticos y gente del pueblo, adultos y jóvenes. ¿Hasta dónde hemos llegado? ¿Quién nos podrá ayudar a salir de todo esto? Respondo –aunque en otro contexto– con la misma frase de Martin Heidegger: “Sólo un Dios puede salvarnos”.

Considero que la Iglesia católica, profesores, padres de familia, y todos los mexicanos en general, tenemos mucho trabajo por hacer para re-humanizar a nuestro país. Ante las agresiones externas de Donald Trump y las internas causadas por Peña Nieto y su banda de secuaces, tenemos que buscar nuevos rumbos. Es necesario purificar a México, hacerlo santo. Y para esto es necesario regresar a Dios. Purificar una política egoísta y corrupta y una religión silenciosa y por lo tanto cómplice.

Sólo un Dios puede salvarnos. ¿Pero de qué tipo de Dios estamos hablando? De un Dios –que como lo presentía Heidegger– no tenga nada que ver con la perversión humana. De un Dios ético que venga a desinstalarnos de nuestras zonas de confort (eclesiales y políticas) y llevarnos al servicio y amor por el otro.

Vista Hermosa, Tlalnepantla, Estado de México a 18 de Enero de 2017


Los XV de Rubí, el Centenario del América, y 500 años de enajenación de México.

28.12.16 | 01:57. Archivado en México

Los XV de Rubí, el Centenario del América,
y 500 años de enajenación de México.

Hace cerca de 500 años, en 1519, llegó Hernán Cortés a México procedente de Cuba para buscar conquistar lo que hoy es nuestro país. Llego con hombres blancos y barbados, pólvora, caballos y barcos enormes, que provocaron la sorpresa, el temor y la admiración de nuestros antepasados. Nuestro emperador Moctezuma II no supo cómo reaccionar ante el enemigo y dobló las manos, sometiéndose psicológicamente ante lo que podían ser dioses amigos que nos visitaban.

Moctezuma II Xocoyotzin se dejó “enajenar”, “alienar”, o por utilizar un término del padre de las bandas Federico Loos, se dejó “apendejar” ante las novedades de los recién llegados. Fue así que en pocos meses gracias a las distracciones de los recién llegados, como espejos y baratijas que traían en sus bolsillos, nuestra población dejó de pensar –perdió su capacidad crítica– y se dejó esclavizar por las novedades extranjeras. El poeta mexicano Gabino Palomares resume bien esta enajenación cultural en su hermoso poema: La maldición de la Malinche (1978) que yo les recomiendo: https://www.youtube.com/watch?v=eyUwolkWINk

En estos días hemos participado a dos acontecimientos mediáticos igualmente enajenadores. Una niña que cumple 15 años y un equipo de futbol que festeja 100 años de existencia. Aparentemente nada extraordinario en esos dos eventos, pero que reflejan bien el grado de enajenación y alienación tan fuerte que seguimos viviendo en nuestro país.

¿Qué cosa es la alienación? Es un término utilizado por Marx (Manuscritos de 1844) para explicar cómo el obrero sede su dignidad y su vida misma a alguien que lo está explotando. La persona no se pertenece a ella misma, sino que (sin darse cuenta) le pertenece a otro. Este término fue empleado también por Karol Wojtyla en Persona y Acción para explicar el proceso de deshumanización que nos impide llegar a ser realmente personas.

Hace 500 años los mexicanos nos dejamos alienar confundiendo a simples mortales con el regreso de dioses protectores. Ahora el poder de los medios de comunicación (nuevos espejos con brillo) hacen que millones de personas se dejen seducir por distractores sociales que representan bien el sometimiento de unos sobre otros. Televisa, TV Azteca, y otros medios de comunicación, son los nuevos distractores que nos atontan, mientras los nuevos monarcas mexicanos nos llevan a la ruina cultural, social, política y económicamente.

¿Pero esto de la alienación en México es novedad? Me parece que lo peor de todo es que por lo menos una parte de la población sabe o por lo menos “intuye” que los XV años de Rubí, el equipo América, las Telenovelas, etc., son distractores sociales que nos impiden pensar críticamente el empobrecimiento y el despojo que estamos viviendo ahora en México. Si es así la situación se vuelve más crítica y lamentable. Porque una cosa es ser engañados sin saberlo y otra ser cómplices del engaño. Si somos cómplices del engaño esto significa que hemos perdido toda esperanza. ¿Qué hacer cuando una buena parte de la población prefiere divertirse un rato –aún sabiendo que el país se está derrumbando– a mostrar de alguna manera su descontento?

En el México antiguo, cuando la gente se dio cuenta de que Moctezuma II los había traicionado y se había vuelto títere de intereses extranjeros, lo apedrearon (Junio de 1520) muriendo algunos días después. ¿Cuánto tiempo más y cuantas Rubís, Américas, narco-series, etc., más, necesitaremos, antes de despertar y darnos cuenta del despojo que se está realizando a nuestro país?

Vista Hermosa, Tlalnepantla, Estado de México a 27 de Diciembre de 2016


El milagro de Navidad. El cuándo, dónde, cómo, y a quiénes de su nacimiento

25.12.16 | 03:26. Archivado en Acerca del autor, Iglesia, Valores, Mundo

El milagro de Navidad.
El cuándo, dónde, cómo, y a quiénes de su nacimiento

El día de hoy celebramos el “milagro de Navidad”. Es decir del feliz acontecimiento histórico de un Dios hecho hombre, hecho barro, hecho mortal y frágil por amor a los hombres. Y si en la historia de la humanidad, diferentes mitos ya nos narran el anhelo humano de diferentes dioses que por amor a los hombres han transgredido sus prerrogativas divinas para acercarse a los humanos, tales como Prometeo en la Grecia de oro, que es encadenado por su amor a los hombres; o Quetzalcóatl en el México antiguo, que se inmola a él mismo, por su estrecha relación con los humanos; sin embargo ninguno de estos “mitos” se compara con el “milagro” de Navidad.

Este extraordinario acontecimiento que hace que el autor de TODO se convierta en “casi nada” (San Pablo dice que “Cristo se anonadó a sí mismo” Filipenses 2, 8), es lo que celebramos el 24 de Diciembre a media noche. “Y el Verbo puso su morada entre nosotros” (Juan 1,14). Dios se hace carne, barro, polvo y se humilla, para que nosotros podamos divinizarnos con él, es decir elevarnos, ascender a una condición superior de lo que somos ahora. Extraordinario milagro que no tiene nada que ver con lo que ahora principalmente Coca-Cola y el neoliberalismo salvaje promueven con Santa Claus y el consumismo deshumanizante.

San Lucas 2, 1-14 que nos narra con más detalles el nacimiento de Cristo nos dice cuando, dónde, cómo, y a quiénes sucedió esto. ¿Cuándo? Todo esto sucedió cuando Quirino era gobernador de Siria (Siria, país que está viviendo en estos momentos un genocidio aterrador en su ciudad de Alepo). ¿Dónde? En una ciudad periférica de Nazaret llamada Belén. ¿Cómo? Cuando una mujer llamada María dio a luz a su primogénito y lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no hubo lugar para ellos en las posadas del pueblo. ¿A quiénes? A un grupo de pastores que pasaban la noche en el campo y que vigilaban por turno sus rebaños.

Me parece importante que no olvidemos esos cuatro puntos bien subrayados por Lucas: cuándo, dónde, cómo, y a quiénes, ya que de otra manera corremos el riesgo de descontextualizar de toda su fuerza histórica, política, económica y social el nacimiento de Cristo. Jesús nació en un momento histórico preciso (cuando un imperio dominaba y oprimía buena parte del mundo); en un lugar particular (un pequeño pueblo a orilla de las grandes urbes); en una situación de pobreza extrema e inhumana (con frio y oliendo a estiércol entre los animales, pero con el calor amoroso de sus padres) y acompañado por un puñado de gentes (pastores, gente pobre que se solidarizaron con su nacimiento).

¿En qué hemos convertido ahora la Navidad? En grandes supermercados atiborrados de gente que hacen compras de regalos para “celebrar” lo que muchos llaman navidad. Consumismo vulgar que contradice la verdadera esencia de la Navidad. En realidad yo no tengo nada en contra de celebrar con cena, fiesta y regalos la Navidad, pero reducirla “sólo a eso” es una blasfemia, que ofende a Dios y hace de esa Santa noche una caricatura. La verdadera Navidad es salir de nuestro egoísmo e ir al encuentro del otro, sobre todo del más necesitado. Es empequeñecernos –anonadarnos– a nosotros mismos para que el otro/a puedan crecer, ser realmente humanos, tener más vida y dignidad. Es tener presentes esos cuatro puntos subrayados muy claramente por Lucas en su Evangelio.

• El tiempo (¿cuando?). ¿Soy hijo de mi tiempo? ¿Conozco la situación política y social que me ha tocado vivir?

• El lugar (¿dónde?). ¿Me dejo interpelar por lugares de pobreza y alejados de las grandes urbes?

• Las condiciones (¿cómo?) ¿Estoy atento a la manera cómo viven mis hermanos en desgracia material o espiritual que viven tal vez muy cerca (o alejados) de mí?

• Las personas (¿quiénes?) ¿Me solidarizo con las personas que tienen menos recursos que yo, aún bajo el riesgo de no recibir –aparentemente–nada a cambio de esos encuentros?

Que el milagro de Navidad sea ese momento extraordinario en que sepamos descubrir la presencia del Dios hecho carne y habitando entre nosotros (Emmanuel), cada vez que seamos capaces de salir de nuestro confort para arrodillarnos ante nuestros hermanos. Feliz Navidad.

Parroquia Nuestra Señora de las Nieves, Nezahualcóyotl, Estado de México,
24 de Diciembre de 2016


Homilía por XXV años sacerdotales del P. Francisco Xavier

02.12.16 | 21:18. Archivado en Iglesia, México, Latinoamérica, Francisco

Homilía por XXV años sacerdotales del P. Francisco Xavier

Mi nombre es Francisco Xavier. Francisco por voluntad de mi madre Micaela, que es devota y enamorada de Francisco de Asís, nuestro santo predilecto. De Francisco amo su libertad, su amor por la ecología, pero sobre todo por habernos enseñado que sin la dama pobreza no podemos con radicalidad seguir a Cristo. Y el Xavier me viene de mi madrina que me dejó como modelo a San Francisco Xavier, otro de los grandes de la Iglesia. Patrono de las misiones y uno de los primeros compañeros de Ignacio de Loyola. Quién iba a decir que con los nombres que llevo –de estos dos grandes santos– ya se prefiguraba en mí la búsqueda de libertad y el amor misionero por la humanidad.

Soy hijo de Benjamín y Micaela, originarios de Acatzingo, Puebla. De mi padre, que tuvo muy pocos estudios y que ejerció el ofició de la carpintería, aprendí su curiosidad y su deseo porque yo me superara. Aún recuerdo aquellos discos de música clásica que con enormes sacrificios me compró un día y me regaló diciéndome: “Esta es la música que escuchan los ricos.” Y su famosa frase: “Colegio, colegio y más colegio”, que me repetía siempre, sobre todo cuando llegaba algo tomado a la casa. De mi madre aprendí amar a Dios por encima de todas las cosas. A tal punto que mi vocación tiene que ver tanto con ella, que varias veces me llegué a preguntar, si mi vocación era realmente mía o era para satisfacer su voluntad. Aún ahora 25 años después sigo sin saberlo. Sin embargo creo que Dios se vale de todo para llamarnos. Y si valió de Mónica para llamar a su hijo Agustín de Hipona, seguramente se valió de Micaela para llamarme a mí. Y si no, habría que preguntarle al profeta Jeremías que en la primera lectura nos cuenta algo de su vocación. «Antes de formarte en el seno de tu madre, ya te conocía; antes de que tú nacieras, yo te había consagrado y destinado para que fueras mi profeta entre las naciones.»

Eclesialmente nací en pleno Concilio Vaticano II, que duró de 1962 a 1965. Concilio que por voluntad de Papa bueno, Juan XXIII, buscaba el aggiornamento en la Iglesia, es decir adaptarla a las necesidades del mundo de aquel tiempo. Abrir las ventanas de la Iglesias a los clamores de la gente. Es tal vez por esta razón histórica que aún hay luchas internas en mí. Entre una Iglesia rancia y anquilosada, que quisiera yo dejar, y otra más progresista y de vanguardia que siempre he buscado. Culturalmente nací un año después de que Emmanuel Levinas publicara Totalidad e Infinito, que es el libro filosófico que más ha influido en mi vida, al igual que en literatura lo ha hecho El principito de Antoine de Saint Exupery. Socialmente y desde la perspectiva de los derechos humanos, nací un año antes de que el Reverendo Martin Luther King dijera su famoso discurso en Washington “I have a dream” (tengo un sueño). Luther King y Gandhi, han sido dos de mis súper héroes favoritos que –al igual que el hombre araña– acompañaron parte de mi infancia y adolescencia y poblaron mis sueños.

Por azares del destino nací en Tuxtla Gutiérrez Chiapas. Y durante los casi primeros tres años de mi vida fui hijo de una madre soltera hasta que mi padre y ella decidieran juntarse nuevamente. Y digo todo esto no para “balconear” a mis padres, sino porque todo esto ha tenido gran importancia en lo que soy ahora. Y si no, habría que preguntárselo a Freud y a su famoso complejo de Edipo y a su teoría psicoanalítica. Aunque a Freud no le creo todo, sin embargo me ha ayudado algo a entender mis propios complejos.

En definitiva nací en Tuxtla Gutiérrez Chiapas, crecí en el Estado de México y fui educado, en su gran mayoría, en Paris, Francia (durante poco más de 11 años). Un poquito de todo en mi vida.

Llegamos a la ciudad de México los tres: Benjamín, Micaela y yo, con muchos sueños en la cabeza y con muy poco dinero en los bolsillos, o más bien tendría yo que decir, sin dinero. Igual que la mayoría de los migrantes que llegan a las grandes “ciudades-espejismo” para intentar mejorar sus vidas. Es decir que nací pobre y con la añoranza de un futuro mejor, que al principio pensé sólo fuera para mí, pero que después entendí que es necesario que lo sea para todos. Es por tal razón que no me ha costado trabajo convivir, adaptarme y amar a los pobres porque yo así nací y crecí. Lo de mi “falso aburguesamiento” vino después. Como dice la canción de Evita. “Nadie podría imaginar, que a pesar de estar ahora aquí, soy del pueblo y jamás lo podré olvidar, debéis creerme, mis lujos son solamente un disfraz, un juego burgués nada más, las reglas del ceremonial.”

Desde niño nunca acepté el mundo que me tocó vivir. Un puñado de gente que tiene demasiado y la gran mayoría que no tiene lo necesario para poder vivir. Recuerdo que de niño –y aún sin haberlo leído los Manuscritos de 1844 de Karl Marx y sin entender todavía lo que Cristo llama el Reino de Dios– yo sabía que el mundo estaba muy mal administrado. El salario mínimo en México es un insulto y la corrupción e impunidad que sufrimos es un pecado social muy grave que provoca la muerte física, moral y cultural de la mayoría de mexicanos y que ofende a Dios. ¿Y que tiene que ver todo esto con mi sacerdocio? Tiene que ver mucho, ya que la esencia de mi sacerdocio siempre ha estado centrada en la búsqueda de la justicia. Yo nunca he concebido a un Dios distante de las necesidades concretas del hombre y alejado de los problemas del mundo. Pensarlo así sería una herejía. Por eso mi tesis de Doctorado en Filosofía fue sobre: “La verdad y la justicia en el pensamiento de Emmanuel Levinas.”

La historia de mi vocación es especial, como lo es la de todos aquellos que hemos sido llamados al servicio del Señor. De chico soñaba con estudiar mucho para ser rico, casarme –de preferencia con una chica linda–, y llevar una vida tranquila y apacible como la minoría de la población. Sin embargo Dios tenía otros planes para mí. Y fue leyendo una revista de los Misioneros Combonianos que el Señor me llamó a su servicio. No contaré aquí todos los detalles de aquel llamado. Posteriormente por diferentes razones dejé la Congregación de los Misioneros Combonianos, ya siendo diácono, pero nunca he dejado el amor por las misiones.

Fui ordenado un 24 de Noviembre de 1991, en la Colonia El Carmen, de Valle de Chalco, Estado de México. La zona más pobre de la periferia de la Ciudad de México en aquel tiempo. Lugar que el Papa Juan Pablo II visitó (9 de Mayo de 1990), para dirigirse a los más pobres, poco tiempo antes de que yo recibiera el don del sacerdocio. Es la ordenación sacerdotal más lindo en la que he participado (y deseo que todos mis co-hermanos sacerdotes puedan decir lo mismo de suya). Fue una ordenación muy sencilla que se celebró afuera del templo, que era un pequeño jacalón de laminas sin lugar suficiente para tanta gente. Por lo tanto tomamos la decisión de realizar la ceremonia afuera del tempo, en la plaza pública, frente a la Biblioteca recién construida de la Colonia. Creo que con esto ya se prefiguraba mi profundo deseo de trabajar sacerdotalmente sobre todo con aquellos que están al “margen”, o incluso totalmente “afuera” de la Iglesia. Y también el hecho de que yo también sería por varios años “un ratón de biblioteca”.

He tenido experiencias pastorales muy variadas que han hecho de mi un hombre universal y aprendiz de humanidad.

Con chavos banda en el Valle de Chalco y en Nezahualcóyotl, Edo. de México, con quienes comprobé que las drogas la violencia y el alcohol, tienen mucho que ver con las carencias de oportunidades de desarrollo. Con lo que Amartya Sen llama la imposibilidad de apoderarse de sus propias capacidades. Entre ellos, entre la música del rock y el “aliviane” a la banda, surgió mi libro: Evangelio pa la Banda. Que escribí en coautoría con mi valedor el P. Federico Loos (que es uno de los sacerdotes que más aprecio y admiro por su radicalidad evangélica), y que posteriormente se publicó con un prefacio de Vicente Leñero.
Con jóvenes de Síndrome de Down (o trisomía 21) en Paris. En un proyecto por integrar a jóvenes “normales” con jóvenes con trisomía 21, realizamos un trabajo muy hermoso en la Parroquia Saint Hippolyte, en Paris, que dio como resultado la formación del grupo “joie de vie” (alegría de vivir). Uno de mis mejores amigos es Julien Faure (gran pintor con trisomía 21), con quien me hospedo en cada una de mis viajes a Francia.
Con divorciados vueltos a casar. Gracias al coraje y valor evangélico del P. Guy de Lacheaux, quien siempre se ha preocupado por integrar a parejas de católicos que por alguna razón fracasaron en su matrimonio por la Iglesia, pero que luego de unirse a otra pareja viven bien y desean estar unidos a la Iglesia, pude colaborar un poco en este ministerio tan hermoso donde nos falta aún mucha misericordia. En mi blog recibo aún muchas consultas sobre este tema.
Escuchando y confesando a gente de muchas partes del mundo durante los cinco años que fui capellán-confesor en la hermosa Catedral de Notre Dame de Paris, pude escuchar personas de muchas nacionalidades, a veces increyentes, con necesidad de escucha. En Notre Dame abrí mi corazón a la miseria humana y me di cuenta que las lagrimas tienen el mismo color y fluyen de la misma manera en rostros blancos, asiáticos, negros o morenos. Y como dice el filósofo judío Hermann Cohen, no podemos aceptar el monoteísmo si antes no hemos aceptado el mono-antropismo, a la idea de un sólo Dios corresponde la idea de una sola humanidad.
Como profesor de escuelas privadas y públicas. Después de tantos años de estudio ahora la mayor parte de mi ministerio sacerdotal lo ejerzo en las aulas universitarias. Con respecto a las universidades privadas y elitistas en las que he dado clases, yo estoy como la Madre Teresa de Calcuta pero al revés. Ella comenzó trabajando con niñas ricas y terminó con los pobres. Yo empecé con los pobres y ahora trabajo con los ricos. Sin embargo en esto de las clases sociales no todo es blanco y negro. Hay personas ricas de buen corazón, como el chaparrito de Zaqueo, que por curiosidad o por lo que sea, están esperando un empujoncito para acercarse al Señor y cambiar sus vidas. Y también hay pobres que se aferrar a los tres trapos que tienen. Afortunadamente también colaboro en la UNAM (Posgrado en Estudios Latinoamericanos), impartiendo alguna clase semestral sobre la búsqueda de Justicia en América Latina. Entre Interlomas y Neza-York, así paso ahora la mayor parte de mi vida. Como un “pontífice”, es decir como alguien que busca establecer “puentes” para que nuestra sociedad sea más justa y evangélica.
Ya para terminar esta larga homilía y después de 25 años de sacerdocio, con menos inocencia eclesial pero a la vez con más humildad y amor a la Iglesia que es mi madre, menciono algunos de mis sueños que tengo para la Iglesia que yo deseo.

Sueño con una Iglesia que condene menos y que perdone más. Que sea menos jerárquica y más materna. Algo así como las dos manos del padre que abrazan al hijo prodigo que regresa a casa, pintadas por Rembrandt.
Una iglesia con menos privilegios materiales y más libertad espiritual.
Una Iglesia en que el celibato no sea obligatorio sino opcional. Porque no veo ninguna contradicción entre amar a un ser humano y seguir a Cristo.
Una Iglesia en que las mujeres puedan acceder a los ministerios eclesiales, y no solo recojan la limosna en los templos.
Una Iglesia que tenga hambre y sed de justicia, como nos dice el Señor en el Evangelio que he elegido para esta celebración (Las bienaventuranzas). Porque sin estos anhelos fundamentales no podemos construir el proyecto de un mundo mejor y que Cristo llamó: El Reino de Dios.
¿Todo esto es mucho pedir? Pareciera ser que sí. Sin embargo hay que buscar vientos nuevos en la Iglesia por el bien de todos. Vivo en un planeta que no me gusta y que estoy llamado a transformar. Tal vez algunos de los aquí presentes (o que me lean) se escandalicen al oír estas palabras. Entonces yo les digo como el Loco, del Aforismo 125 de la Gaya Ciencia de Nietzsche: “Vengo demasiado pronto, todavía no ha llegado mi tiempo”.

La presencia del Papa Francisco me hace vislumbrar tiempos mejores para la Iglesia, que a pesar de todo amo porque se parece mucho a mí después de 25 años de sacerdocio. Con momentos de santidad pero también con grandes flaquezas y debilidades, con caídas y levantos. Como dice San Pablo en la 2ª Lectura: “Y precisamente para que no me pusiera orgulloso después de tan extraordinarias revelaciones, me fue clavado en la carne un aguijón, verdadero delegado de Satanás, cuyas bofetadas me guardan de todo orgullo. Tres veces rogué al Señor que lo alejara de mí, pero me dijo: «Te basta mi gracia, mi mayor fuerza se manifiesta en la debilidad”.

Muchas gracias por haber venido y gracias por sus oraciones.

Acatzingo, Puebla, 26 de Noviembre de 2016


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