Hagamos del mundo la tierra de todos

Los exiliados de dentro y por decreto (y III)

25.09.17 | 10:46. Archivado en Iglesia

Los exiliados dentro y por decreto (y III)

Es la tercera entrega, una por mes, sobre los exiliados y la cabecera de ésta parece una forma de hablar para poner un título, pero no. El sintagma nominal describe bastante bien con tres trazos –exilio, dentro y decreto- la situación de la que quiero hablar. Y confieso de entrada que me produce tanto dolor ver la situación como verme medio obligado a comentarla. Y quedaría más a gusto si no lo hiciera.

Ejemplo 1

Él, sacerdote, salió malparado de una investigación sobre sus presuntos tratos sexuales con un menor; la investigación y el juicio fueron largos, con vaivenes y al final condenado al abandono de toda acción sacerdotal y reducido a la desaparición de todos los espacios diocesanos y pastorales. Como si no existiera. Impresiona y conmueve sorprender su silueta lejana y alejada atrás, en espacio oscuro, asistiendo a la Eucaristía que allí aquel día me toca presidir. Y se remueven las entrañas entre lo de tolerancia 0 y lo de misericordia 10. Es como un leproso echado fuera de los espacios de normalidad eclesial. Las entrañas no niegan delitos ni penas ni juzgan juzgados, pero se conmueven ante la falta de misericordia visible.

No interesa el caso particular aunque sea el que me ha despertado en concreto estos sentimientos entre el rechazo, la compasión y la solidaridad. Pienso en tantos sacerdotes y religiosos que, con más culpa o menos que aquí tanto da, sufren vergüenza y menosprecio duraderos un día y otro setenta veces siete, sin que haya abrazo de misericordia ni al menos un detalle como el de “hoy estarás conmigo en el paraíso”. Pues no, es un exiliado de dentro y por decreto y en muchos casos sin señales de fraternidad eclesial y sin comunión fraterna. Es un exilio con tal derrota que estoy seguro de que a poco en paz que se lleve convierte a la víctima en “pobre de Yavé”, “abatido por el viento” como traduce Erri de Luca (pobre de espíritu, dicho de otra manera) y en bienaventurado. Así sea.

Pero mientras tanto, si es que llega y llegará, seguro, se queda en un simple exiliado interno y por decreto.

Ejemplo 2

Él mismo no sabría explicarlo con racionalidad. Fue algo lento y lleno de perplejidades. Y llegó a la conciencia personal no sin algo de fuerte desolación interior. Y así hasta que confirmó sin dudas ya por medio que era homosexual. Y se encontró desamparado e incomprendido en la propia comunidad eclesial en la que había vivido confortablemente hasta entonces su fe cristiana. Y se fue encontrando sin comerlo ni beberlo con callejones sin salida moral. Y acabó tirando por el camino del medio al margen del pensamiento y de la disciplina de la Iglesia pero siguiendo en ella.
No interesa la peripecia particular de nadie sino la experiencia dolorosa, y hasta inesperada no pocas veces, que han vivido y están viviendo miles de personas con una adhesión hasta ahora pacífica y fiel a la Iglesia y que se ven abocados, con más o menos libertad y lucidez, a una situación de extrañamiento eclesial, al margen de sus normas morales y sacramentales. Son personas que en la mayoría de los casos viven su calvario o su aventura interior sin el acompañamiento que sería necesario; o porque nos hemos acostumbrado, como vicio y deformidad, a vivir nuestra fe a nuestro aire sin alguien que vaya a nuestro lado; o porque no es fácil encontrar guía e iluminación en situaciones como ésta de qué hacer con la homosexualidad que tengo encima y delante; o porque tampoco hay experiencias compartidas de cómo gestionarla en positivo y con un nivel aceptable de calidad humana y de fidelidad cristiana. Sólo se contempla la prohibición y el alejamiento. Y que cada palo aguante su vela. ¡Qué barbaridad!
Esto supone que la persona que sufre esa situación es realmente un exiliado interno y por decreto.

Ejemplo 3

Nunca se imaginó que a él le llegaría a suceder lo que le ha sucedido. Y no es que haya sido sin comerlo ni beberlo pero casi. Algún día comenzaría la derrota pero no tiene idea de cuándo ni porqué. Lo cierto es que a doce años de su boda y después de batallas y derrotas en campos sucesivos, vive con otra persona y con los dos mellizos que les acaban de llegar más bien inesperadamente. Con las alternancias propias de años difíciles siempre ha mantenido la fe, no sin serias dudas, y ha sido fiel a la práctica cristiana aun con disentimientos puntuales. Y ahora, ya desde hace tres años, no sabe a qué atenerse. No le faltan consejos tranquilizadores pero no tiene consigo todas las paces. Anda entre irse o malquedarse.

Son miles y miles de cristianos de a pie a los que la vida amorosa y matrimonial se les ha ido a pique y por derroteros nuevos y ahora viven el desconcierto, la sospecha y la perplejidad. No hay para ellos solución pacífica ni pacificadora. Cada día tienen que vivir la fe en una cuerda floja que los descalifica y los aparta. No son apestados, pero en la práctica, en cuanto se conoce su estado, como si lo fueran. Cada uno es un exiliado interno y por decreto./strong>

Y ejemplo 4

Es un caso bien reciente y hace cuatro días asistí a su boda, ¡por fin! Quedaría reducido a una excepción desgraciada si no fuera que la situación y sus quebrantos son bastante frecuentes en España, al menos así lo compruebo por mis relaciones y acompañamientos. Se trata de una persona católica y practicante que después de años de infierno matrimonial decide entrar en un proceso de nulidad. Pasan cuatro negros años de lentitudes, durezas administrativas, retrasos no explicados, hostilidades encubiertas y a veces a la descubierta, contradicciones y vueltas atrás… hasta que efectivamente hay declaración de nulidad y boda posterior, con otra persona lógicamente, hace pocos días.
Alguien debería hacérselo mirar, o más de un alguien.

Confiesa “el reo” su desazón y las heridas que todavía le duelen en un maltrato a veces absolutamente gratuito y sin sentido, si es que alguna vez pudiera tenerlo, claro. Se ha sentido echado fuera sin estarlo, desasistido sin desapuntarse en nada; cumpliendo normas y condiciones sin rebaja alguna pero sintiéndose fuera de los afectos de la madre Iglesia. Es un exiliado que está dentro, pero la mala práctica en espacios canónicos lo deja medio fuera durante años y como sospechoso que apenas merece ser acogido y escuchado. Es un expulsado interno, con toda la contradicción que se quiera y con un largo dolor humano y no poca congoja cristiana.

Y me temo que este peso, que el Papa mismo intentaba aligerar no hace mucho, pone a prueba la resistencia creyente de muchas personas, afectados y allegados, entre nosotros. Yo al menos, y no me creo fácil para sorprenderme por cosas como ésta, me he sentido avergonzado y medio culpable sólo al escuchar y comprobar los pasos del vía crucis a manos de gentes que se suponen de Iglesia. Son exiliados internos y por decreto.

Hay más campos de exiliados internos pero valgan estos como ejemplos. Cada uno, a poca experiencia eclesial que tenga, podrá poner otros tatos. Y esto en un espacio, el eclesial, en el que la institución debe ser madre y maestra y tener a todos como a hijos muy queridos, acogidos, defendidos y abrazados.

No es fácil encontrar un lugar donde haya tan poco debiendo ser tanto.


Los exiliados de dentro y por decreto (y III)

25.09.17 | 10:46. Archivado en Acerca del autor

Los exiliados dentro y por decreto (y III)

Es la tercera entrega, una por mes, sobre los exiliados y la cabecera de ésta parece una forma de hablar para poner un título, pero no. El sintagma nominal describe bastante bien con tres trazos –exilio, dentro y decreto- la situación de la que quiero hablar. Y confieso de entrada que me produce tanto dolor ver la situación como verme medio obligado a comentarla. Y quedaría más a gusto si no lo hiciera.

Ejemplo 1

Él, sacerdote, salió malparado de una investigación sobre sus presuntos tratos sexuales con un menor; la investigación y el juicio fueron largos, con vaivenes y al final condenado al abandono de toda acción sacerdotal y reducido a la desaparición de todos los espacios diocesanos y pastorales. Como si no existiera. Impresiona y conmueve sorprender su silueta lejana y alejada atrás, en espacio oscuro, asistiendo a la Eucaristía que allí aquel día me toca presidir. Y se remueven las entrañas entre lo de tolerancia 0 y lo de misericordia 10. Es como un leproso echado fuera de los espacios de normalidad eclesial. Las entrañas no niegan delitos ni penas ni juzgan juzgados, pero se conmueven ante la falta de misericordia visible.

No interesa el caso particular aunque sea el que me ha despertado en concreto estos sentimientos entre el rechazo, la compasión y la solidaridad. Pienso en tantos sacerdotes y religiosos que, con más culpa o menos que aquí tanto da, sufren vergüenza y menosprecio duraderos un día y otro setenta veces siete, sin que haya abrazo de misericordia ni al menos un detalle como el de “hoy estarás conmigo en el paraíso”. Pues no, es un exiliado de dentro y por decreto y en muchos casos sin señales de fraternidad eclesial y sin comunión fraterna. Es un exilio con tal derrota que estoy seguro de que a poco en paz que se lleve convierte a la víctima en “pobre de Yavé”, “abatido por el viento” como traduce Erri de Luca (pobre de espíritu, dicho de otra manera) y en bienaventurado. Así sea.

Pero mientras tanto, si es que llega y llegará, seguro, se queda en un simple exiliado interno y por decreto.

Ejemplo 2

Él mismo no sabría explicarlo con racionalidad. Fue algo lento y lleno de perplejidades. Y llegó a la conciencia personal no sin algo de fuerte desolación interior. Y así hasta que confirmó sin dudas ya por medio que era homosexual. Y se encontró desamparado e incomprendido en la propia comunidad eclesial en la que había vivido confortablemente hasta entonces su fe cristiana. Y se fue encontrando sin comerlo ni beberlo con callejones sin salida moral. Y acabó tirando por el camino del medio al margen del pensamiento y de la disciplina de la Iglesia pero siguiendo en ella.
No interesa la peripecia particular de nadie sino la experiencia dolorosa, y hasta inesperada no pocas veces, que han vivido y están viviendo miles de personas con una adhesión hasta ahora pacífica y fiel a la Iglesia y que se ven abocados, con más o menos libertad y lucidez, a una situación de extrañamiento eclesial, al margen de sus normas morales y sacramentales. Son personas que en la mayoría de los casos viven su calvario o su aventura interior sin el acompañamiento que sería necesario; o porque nos hemos acostumbrado, como vicio y deformidad, a vivir nuestra fe a nuestro aire sin alguien que vaya a nuestro lado; o porque no es fácil encontrar guía e iluminación en situaciones como ésta de qué hacer con la homosexualidad que tengo encima y delante; o porque tampoco hay experiencias compartidas de cómo gestionarla en positivo y con un nivel aceptable de calidad humana y de fidelidad cristiana. Sólo se contempla la prohibición y el alejamiento. Y que cada palo aguante su vela. ¡Qué barbaridad!
Esto supone que la persona que sufre esa situación es realmente un exiliado interno y por decreto.

Ejemplo 3

Nunca se imaginó que a él le llegaría a suceder lo que le ha sucedido. Y no es que haya sido sin comerlo ni beberlo pero casi. Algún día comenzaría la derrota pero no tiene idea de cuándo ni porqué. Lo cierto es que a doce años de su boda y después de batallas y derrotas en campos sucesivos, vive con otra persona y con los dos mellizos que les acaban de llegar más bien inesperadamente. Con las alternancias propias de años difíciles siempre ha mantenido la fe, no sin serias dudas, y ha sido fiel a la práctica cristiana aun con disentimientos puntuales. Y ahora, ya desde hace tres años, no sabe a qué atenerse. No le faltan consejos tranquilizadores pero no tiene consigo todas las paces. Anda entre irse o malquedarse.

Son miles y miles de cristianos de a pie a los que la vida amorosa y matrimonial se les ha ido a pique y por derroteros nuevos y ahora viven el desconcierto, la sospecha y la perplejidad. No hay para ellos solución pacífica ni pacificadora. Cada día tienen que vivir la fe en una cuerda floja que los descalifica y los aparta. No son apestados, pero en la práctica, en cuanto se conoce su estado, como si lo fueran. Cada uno es un exiliado interno y por decreto./strong>

Y ejemplo 4

Es un caso bien reciente y hace cuatro días asistí a su boda, ¡por fin! Quedaría reducido a una excepción desgraciada si no fuera que la situación y sus quebrantos son bastante frecuentes en España, al menos así lo compruebo por mis relaciones y acompañamientos. Se trata de una persona católica y practicante que después de años de infierno matrimonial decide entrar en un proceso de nulidad. Pasan cuatro negros años de lentitudes, durezas administrativas, retrasos no explicados, hostilidades encubiertas y a veces a la descubierta, contradicciones y vueltas atrás… hasta que efectivamente hay declaración de nulidad y boda posterior, con otra persona lógicamente, hace pocos días.
Alguien debería hacérselo mirar, o más de un alguien.

Confiesa “el reo” su desazón y las heridas que todavía le duelen en un maltrato a veces absolutamente gratuito y sin sentido, si es que alguna vez pudiera tenerlo, claro. Se ha sentido echado fuera sin estarlo, desasistido sin desapuntarse en nada; cumpliendo normas y condiciones sin rebaja alguna pero sintiéndose fuera de los afectos de la madre Iglesia. Es un exiliado que está dentro, pero la mala práctica en espacios canónicos lo deja medio fuera durante años y como sospechoso que apenas merece ser acogido y escuchado. Es un expulsado interno, con toda la contradicción que se quiera y con un largo dolor humano y no poca congoja cristiana.

Y me temo que este peso, que el Papa mismo intentaba aligerar no hace mucho, pone a prueba la resistencia creyente de muchas personas, afectados y allegados, entre nosotros. Yo al menos, y no me creo fácil para sorprenderme por cosas como ésta, me he sentido avergonzado y medio culpable sólo al escuchar y comprobar los pasos del vía crucis a manos de gentes que se suponen de Iglesia. Son exiliados internos y por decreto.

Hay más campos de exiliados internos pero valgan estos como ejemplos. Cada uno, a poca experiencia eclesial que tenga, podrá poner otros tatos. Y esto en un espacio, el eclesial, en el que la institución debe ser madre y maestra y tener a todos como a hijos muy queridos, acogidos, defendidos y abrazados.

No es fácil encontrar un lugar donde haya tan poco debiendo ser tanto.


Los exiliados internos (II)

04.08.17 | 20:04. Archivado en Iglesia

Casi es un oxímoron y son aquellos que se han quedado dentro con una adhesión eclesial muy débil, con el corazón dividido y que si se acude a razones se sienten fuera. Es una variedad muy amplia de situaciones y están presentes en todos los niveles de la sociedad y de la Iglesia.

En cualquier pueblo de por aquí, hablo de la provincia de Salamanca y es un ejemplo, se puede encontrar gente de mediana edad o ya algo mayor que ha perdido la conexión eclesial a pesar de que tiene interés en permanecer en lo que vivieron toda su vida; mantienen algunos hábitos religiosos fundamentales y los hacen con cierta convicción, pero ya no “comulgan” con la Iglesia, en la que no encuentran ni respuesta a sus preguntas ni propiamente modelos para su vida. Es gente que sigue dentro sintiéndose medio fuera, está presente y se deja ver, pero está lejos, como desterrada y alejada en su propia casa. Y muchas veces evita la puerta principal y entra y sale por la puerta de atrás.

Tiene su nivel de dramatismo personal, a poco que se piense, el hecho de reconocerse en ese terreno tan movedizo en el que aún no se ha decidido nada y no se es ni una cosa ni la otra. Y se desenvuelven con cierta naturalidad creyente porque así tienen que parecerlo ante sus hijos y sobre todo ante sus nietos. Todo sea por la familia y la religión. Y esto que sucede cada vez más en el mundo rural es situación casi generalizada en las zonas urbanas y general del todo en los barrios suburbanos de cualquier ciudad, aunque sea pequeña.

La acción pastoral de la Iglesia tendría que llegar a este grupo con cierta celeridad porque queda poco tiempo para recuperar distancias y proponer nuevas ofertas que puedan responder a su situación actual. Es un campo pastoral con características muy concretas y no necesariamente contrarias, sin hostilidades expresas y con posibilidades de reencuentro. No basta el lamento ni la buena voluntad, es necesario sentarse, ver, repensar, acordar y actuar; pero esta batería de actitudes y de acciones parecen cada vez menos probables en muchos ambientes diocesanos. Porque esto es, cuando menos, una cuestión de diócesis, no de un grupo apostólico o de una parroquia especialmente abierta y misionera. Es una cuestión diocesana que sólo tiene respuestas diocesanas.

Y pasando al grupo de los que andan en edades medias, es fácilmente constatable que tienen un nivel más alto de exilio interior y en general han tenido menos inconvenientes en situarse claramente fuera de las instituciones de la Iglesia; por eso en su mayor parte están ya fuera como exiliados en la práctica; es un grupo, todavía muy numeroso entre nosotros, que a la mitad de su vida ha borrado su pasado cristiano controlando educadamente sus recuerdos y experiencias y entre el ruido de la vida es incapaz de escuchar ninguna pregunta ni propuesta; normalmente ya no se asoma a los espacios en los que podrían llegarle esas preguntas. Y si llega el caso pasa por lo que sea, ciego, sordo, insensible y mudo, para alcanzar lo que busca, desde la Primera comunión de un hijo hasta la plaza en el colegio religioso. Está ahí, en muchos cruces pastorales, se conoce su cara y su familia, hasta hay un trato deferente y amable, pero nunca estará dispuesto ni disponible en el terreno de las fidelidades cristianas. Anda dentro y a veces está de cuerpo presente, en el mejor sentido, pero en realidad está fuera y lejos. Ni se le espera.

La acción pastoral de la Iglesia –diócesis, parroquias, congregaciones religiosas, movimientos y grupos cristianos de toda clase y condición, etc…- tendrá que ser en este campo muy lúcida, bien pensada, contrastada por varias partes, muy cogestionada y compartida por parte de todos los agentes. En realidad es una pastoral de primer anuncio para la que todavía nos quedan en nuestros pueblos y ciudades bastantes oportunidades que están por ahí suficientemente propuestas y analizadas en diversos medios. Hace falta echarse a la misión como Felipe o Pablo o Pedro o Esteban o Lidia o Priscila, por recordar sólo algunos de los que participaron en la pastoral del primerísimo anuncio. Hoy contamos con más ventajas que ellos, nos falta quizás su ardor y su lucidez.

Y finalmente queda, dentro de esa población de edades medias, un resto amplio, variado y de verdadera calidad que se siente y se manifiesta dentro y en comunión con la Iglesia, viviendo con normalidad sus fidelidades cristianas en torno a parroquias y comunidades que les sirven de referencia y acompañamiento. Aquí no hay distancia ni exilio parcial ni ambigüedades. Es de justicia reconocerlo y contar con ellos, sobre todo como agentes de evangelización y gestores de esa acción misionera que hasta ayer era muy necesaria y ahora ya se ha convertido en muy urgente. Por otra parte su edad y su formación así como el nivel y variedad de sus experiencias humanas y cristianas los convierten en los mejores evangelizadores. Me parece obligado añadir este grupo tan significativo aunque se salga del título de esta reflexión.

A este grupo, de muy diverso número según geografías y ambientes, la Iglesia institucional, sobre todo diócesis y parroquias, tiene que acogerlo, acompañarlo y formarlo con especial dedicación y calidad. Me da la impresión de que en este campo concreto estamos empezando a vivir de rentas. Y eso dura muy poco. Ellos aseguran la Iglesia de mañana y a ellos va a corresponder el anuncio de la fe, el ejercicio de la caridad y la celebración cristiana a la vista de todos: de niños y jóvenes, de las personas ya en edad adulta, de la generación mayor y hasta de los de tercera edad. Y con todos: los de dentro y los de medio fuera, los que se marcharon del todo y los que se fueron a tiempo parcial. Por eso exigen por parte de la Iglesia –obispos, sacerdotes, religiosos, responsables diocesanos- una atención cristiana de alto nivel técnico, de entrega muy amorosa y de acompañamiento muy cercano. No hace falta advertir que eso no se consigue sólo con una esmerada y puntual atención al culto y con un cumplimiento aseado de las acciones habituales en cualquier parroquia o delegación, se requieren otros pasos pastorales de más profundidad crítica, de mayor dedicación a la iluminación y a la formación y de un acompañamiento constante y demostrado cada día. No hace falta poner aquí en fila todos estos retos, ya se ha presentado su lista muchas veces en muchos sitios.

Sin duda mi visión es parcial y esclava de mis propias experiencias, pero puede valer para repensar cosas que, eso sí, estamos todos de acuerdo, parecen muy necesarias para la misión de la Iglesia y de cada cristiano en este mundo de 2017. Por eso las he escrito y admitiendo, casi solicitando, correcciones y sugerencias.


23.07.17 | 01:21. Archivado en Iglesia

También en la Iglesia hay exilio y destierro, cada preposición (“complemento relacionante”) indica un matiz de esa relación entre Iglesia y exiliados. En principio el exilio es voluntario, aunque haya circunstancias y razones que lo hagan obligado u obligatorio; el destierro es siempre impuesto, con más o menos contundencia, pero impuesto.

>> Sigue...


23.07.17 | 01:20. Archivado en Iglesia

También en la Iglesia hay exilio y destierro, cada preposición (“complemento relacionante”) indica un matiz de esa relación entre Iglesia y exiliados. En principio el exilio es voluntario, aunque haya circunstancias y razones que lo hagan obligado u obligatorio; el destierro es siempre impuesto, con más o menos contundencia, pero impuesto.

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23.07.17 | 01:20. Archivado en Acerca del autor

También en la Iglesia hay exilio y destierro, cada preposición (“complemento relacionante”) indica un matiz de esa relación entre Iglesia y exiliados. En principio el exilio es voluntario, aunque haya circunstancias y razones que lo hagan obligado u obligatorio; el destierro es siempre impuesto, con más o menos contundencia, pero impuesto.

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Los exiliados de/desde/en/por la Iglesia

23.07.17 | 00:39. Archivado en Iglesia

También en la Iglesia hay exilio y destierro, cada preposición (“complemento relacionante”) indica un matiz de esa relación entre Iglesia y exiliados. En principio el exilio es voluntario, aunque haya circunstancias y razones que lo hagan obligado u obligatorio; el destierro es siempre impuesto, con más o menos contundencia, pero impuesto.

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Los exiliados de/desde/en/por la Iglesia

23.07.17 | 00:39. Archivado en Iglesia

También en la Iglesia hay exilio y destierro, cada preposición (“complemento relacionante”) indica un matiz de esa relación entre Iglesia y exiliados. En principio el exilio es voluntario, aunque haya circunstancias y razones que lo hagan obligado u obligatorio; el destierro es siempre impuesto, con más o menos contundencia, pero impuesto.

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Los exiliados de/desde/en/por la Iglesia

23.07.17 | 00:39. Archivado en Iglesia

También en la Iglesia hay exilio y destierro, cada preposición (“complemento relacionante”) indica un matiz de esa relación entre Iglesia y exiliados. En principio el exilio es voluntario, aunque haya circunstancias y razones que lo hagan obligado u obligatorio; el destierro es siempre impuesto, con más o menos contundencia, pero impuesto.

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A pesar de todo o Con todo y con eso

06.05.17 | 23:47. Archivado en Opinión, Sociedad, Iglesia

Por si alguien al leer mis dos artículos anteriores saca la falsa conclusión de que rebajo mi adhesión a la Iglesia y a todos sus principios, por eso confirmo aquí mi fe en la Iglesia y mi tierno afecto filial hacia ella. Eso no quita ni impide la desazón personal y hasta el dolor cristiano ante fallos y dejaciones. A pesar de todo, o casi mejor, con todo y con eso afirmo mi adhesión filial.

Con el mismo derecho y la misma contundencia que usan otros para lo contrario, yo digo que sí, que estoy con la Iglesia. Con razones porque, más o menos pero con dedicación expresa, conozco la historia del pasado y la realidad del presente. Y de corazón, porque me siento parte de ella y por ella me han llegado los mejores valores que creo disfrutar y compartir. Me explico, aclarando que ni lo cortés quita lo valiente ni lo valiente rebaja lo cortés. Y tan sana es una adhesión eclesial sencilla y apacible, como una comunión explícita y de corazón pero crítica y propositiva.

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A Tarsis, con Jonás

06.04.17 | 10:51. Archivado en Acerca del autor

El relato, corto y preciso, es una obra maestra. No se sabe qué admirar más si la fina ironía que despiden las tres páginas del Libro bíblico de Jonás o la habilidad narrativa que le da aire de guión cinematográfico o la dureza de la crítica que el autor hace a quien corresponda o la profundidad del mensaje religioso que es el objetivo del autor. El autor no es conocido y se le supone viviendo en Israel por el siglo V a. C. aunque los hechos que narra estarían situados varios siglos antes.

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Más de lo mismo, más de casi nada

26.03.17 | 11:32. Archivado en Sociedad, Iglesia

Han pasado ya unas semanas desde las elecciones en la Conferencia Episcopal española. Y al ver los resultados uno piensa que efectivamente más de lo mismo desde hace una década aunque reconoce que tampoco cabía una renovación capaz de afrontar los tiempos tan nuevos y tan fuertes que se nos vienen encima.

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