Hagamos del mundo la tierra de todos

Los exiliados internos (II)

04.08.17 | 20:04. Archivado en Iglesia

Casi es un oxímoron y son aquellos que se han quedado dentro con una adhesión eclesial muy débil, con el corazón dividido y que si se acude a razones se sienten fuera. Es una variedad muy amplia de situaciones y están presentes en todos los niveles de la sociedad y de la Iglesia.

En cualquier pueblo de por aquí, hablo de la provincia de Salamanca y es un ejemplo, se puede encontrar gente de mediana edad o ya algo mayor que ha perdido la conexión eclesial a pesar de que tiene interés en permanecer en lo que vivieron toda su vida; mantienen algunos hábitos religiosos fundamentales y los hacen con cierta convicción, pero ya no “comulgan” con la Iglesia, en la que no encuentran ni respuesta a sus preguntas ni propiamente modelos para su vida. Es gente que sigue dentro sintiéndose medio fuera, está presente y se deja ver, pero está lejos, como desterrada y alejada en su propia casa. Y muchas veces evita la puerta principal y entra y sale por la puerta de atrás.

Tiene su nivel de dramatismo personal, a poco que se piense, el hecho de reconocerse en ese terreno tan movedizo en el que aún no se ha decidido nada y no se es ni una cosa ni la otra. Y se desenvuelven con cierta naturalidad creyente porque así tienen que parecerlo ante sus hijos y sobre todo ante sus nietos. Todo sea por la familia y la religión. Y esto que sucede cada vez más en el mundo rural es situación casi generalizada en las zonas urbanas y general del todo en los barrios suburbanos de cualquier ciudad, aunque sea pequeña.

La acción pastoral de la Iglesia tendría que llegar a este grupo con cierta celeridad porque queda poco tiempo para recuperar distancias y proponer nuevas ofertas que puedan responder a su situación actual. Es un campo pastoral con características muy concretas y no necesariamente contrarias, sin hostilidades expresas y con posibilidades de reencuentro. No basta el lamento ni la buena voluntad, es necesario sentarse, ver, repensar, acordar y actuar; pero esta batería de actitudes y de acciones parecen cada vez menos probables en muchos ambientes diocesanos. Porque esto es, cuando menos, una cuestión de diócesis, no de un grupo apostólico o de una parroquia especialmente abierta y misionera. Es una cuestión diocesana que sólo tiene respuestas diocesanas.

Y pasando al grupo de los que andan en edades medias, es fácilmente constatable que tienen un nivel más alto de exilio interior y en general han tenido menos inconvenientes en situarse claramente fuera de las instituciones de la Iglesia; por eso en su mayor parte están ya fuera como exiliados en la práctica; es un grupo, todavía muy numeroso entre nosotros, que a la mitad de su vida ha borrado su pasado cristiano controlando educadamente sus recuerdos y experiencias y entre el ruido de la vida es incapaz de escuchar ninguna pregunta ni propuesta; normalmente ya no se asoma a los espacios en los que podrían llegarle esas preguntas. Y si llega el caso pasa por lo que sea, ciego, sordo, insensible y mudo, para alcanzar lo que busca, desde la Primera comunión de un hijo hasta la plaza en el colegio religioso. Está ahí, en muchos cruces pastorales, se conoce su cara y su familia, hasta hay un trato deferente y amable, pero nunca estará dispuesto ni disponible en el terreno de las fidelidades cristianas. Anda dentro y a veces está de cuerpo presente, en el mejor sentido, pero en realidad está fuera y lejos. Ni se le espera.

La acción pastoral de la Iglesia –diócesis, parroquias, congregaciones religiosas, movimientos y grupos cristianos de toda clase y condición, etc…- tendrá que ser en este campo muy lúcida, bien pensada, contrastada por varias partes, muy cogestionada y compartida por parte de todos los agentes. En realidad es una pastoral de primer anuncio para la que todavía nos quedan en nuestros pueblos y ciudades bastantes oportunidades que están por ahí suficientemente propuestas y analizadas en diversos medios. Hace falta echarse a la misión como Felipe o Pablo o Pedro o Esteban o Lidia o Priscila, por recordar sólo algunos de los que participaron en la pastoral del primerísimo anuncio. Hoy contamos con más ventajas que ellos, nos falta quizás su ardor y su lucidez.

Y finalmente queda, dentro de esa población de edades medias, un resto amplio, variado y de verdadera calidad que se siente y se manifiesta dentro y en comunión con la Iglesia, viviendo con normalidad sus fidelidades cristianas en torno a parroquias y comunidades que les sirven de referencia y acompañamiento. Aquí no hay distancia ni exilio parcial ni ambigüedades. Es de justicia reconocerlo y contar con ellos, sobre todo como agentes de evangelización y gestores de esa acción misionera que hasta ayer era muy necesaria y ahora ya se ha convertido en muy urgente. Por otra parte su edad y su formación así como el nivel y variedad de sus experiencias humanas y cristianas los convierten en los mejores evangelizadores. Me parece obligado añadir este grupo tan significativo aunque se salga del título de esta reflexión.

A este grupo, de muy diverso número según geografías y ambientes, la Iglesia institucional, sobre todo diócesis y parroquias, tiene que acogerlo, acompañarlo y formarlo con especial dedicación y calidad. Me da la impresión de que en este campo concreto estamos empezando a vivir de rentas. Y eso dura muy poco. Ellos aseguran la Iglesia de mañana y a ellos va a corresponder el anuncio de la fe, el ejercicio de la caridad y la celebración cristiana a la vista de todos: de niños y jóvenes, de las personas ya en edad adulta, de la generación mayor y hasta de los de tercera edad. Y con todos: los de dentro y los de medio fuera, los que se marcharon del todo y los que se fueron a tiempo parcial. Por eso exigen por parte de la Iglesia –obispos, sacerdotes, religiosos, responsables diocesanos- una atención cristiana de alto nivel técnico, de entrega muy amorosa y de acompañamiento muy cercano. No hace falta advertir que eso no se consigue sólo con una esmerada y puntual atención al culto y con un cumplimiento aseado de las acciones habituales en cualquier parroquia o delegación, se requieren otros pasos pastorales de más profundidad crítica, de mayor dedicación a la iluminación y a la formación y de un acompañamiento constante y demostrado cada día. No hace falta poner aquí en fila todos estos retos, ya se ha presentado su lista muchas veces en muchos sitios.

Sin duda mi visión es parcial y esclava de mis propias experiencias, pero puede valer para repensar cosas que, eso sí, estamos todos de acuerdo, parecen muy necesarias para la misión de la Iglesia y de cada cristiano en este mundo de 2017. Por eso las he escrito y admitiendo, casi solicitando, correcciones y sugerencias.


23.07.17 | 01:21. Archivado en Iglesia

También en la Iglesia hay exilio y destierro, cada preposición (“complemento relacionante”) indica un matiz de esa relación entre Iglesia y exiliados. En principio el exilio es voluntario, aunque haya circunstancias y razones que lo hagan obligado u obligatorio; el destierro es siempre impuesto, con más o menos contundencia, pero impuesto.

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23.07.17 | 01:20. Archivado en Iglesia

También en la Iglesia hay exilio y destierro, cada preposición (“complemento relacionante”) indica un matiz de esa relación entre Iglesia y exiliados. En principio el exilio es voluntario, aunque haya circunstancias y razones que lo hagan obligado u obligatorio; el destierro es siempre impuesto, con más o menos contundencia, pero impuesto.

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23.07.17 | 01:20. Archivado en Acerca del autor

También en la Iglesia hay exilio y destierro, cada preposición (“complemento relacionante”) indica un matiz de esa relación entre Iglesia y exiliados. En principio el exilio es voluntario, aunque haya circunstancias y razones que lo hagan obligado u obligatorio; el destierro es siempre impuesto, con más o menos contundencia, pero impuesto.

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Los exiliados de/desde/en/por la Iglesia

23.07.17 | 00:39. Archivado en Iglesia

También en la Iglesia hay exilio y destierro, cada preposición (“complemento relacionante”) indica un matiz de esa relación entre Iglesia y exiliados. En principio el exilio es voluntario, aunque haya circunstancias y razones que lo hagan obligado u obligatorio; el destierro es siempre impuesto, con más o menos contundencia, pero impuesto.

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Los exiliados de/desde/en/por la Iglesia

23.07.17 | 00:39. Archivado en Iglesia

También en la Iglesia hay exilio y destierro, cada preposición (“complemento relacionante”) indica un matiz de esa relación entre Iglesia y exiliados. En principio el exilio es voluntario, aunque haya circunstancias y razones que lo hagan obligado u obligatorio; el destierro es siempre impuesto, con más o menos contundencia, pero impuesto.

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Los exiliados de/desde/en/por la Iglesia

23.07.17 | 00:39. Archivado en Iglesia

También en la Iglesia hay exilio y destierro, cada preposición (“complemento relacionante”) indica un matiz de esa relación entre Iglesia y exiliados. En principio el exilio es voluntario, aunque haya circunstancias y razones que lo hagan obligado u obligatorio; el destierro es siempre impuesto, con más o menos contundencia, pero impuesto.

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A pesar de todo o Con todo y con eso

06.05.17 | 23:47. Archivado en Opinión, Sociedad, Iglesia

Por si alguien al leer mis dos artículos anteriores saca la falsa conclusión de que rebajo mi adhesión a la Iglesia y a todos sus principios, por eso confirmo aquí mi fe en la Iglesia y mi tierno afecto filial hacia ella. Eso no quita ni impide la desazón personal y hasta el dolor cristiano ante fallos y dejaciones. A pesar de todo, o casi mejor, con todo y con eso afirmo mi adhesión filial.

Con el mismo derecho y la misma contundencia que usan otros para lo contrario, yo digo que sí, que estoy con la Iglesia. Con razones porque, más o menos pero con dedicación expresa, conozco la historia del pasado y la realidad del presente. Y de corazón, porque me siento parte de ella y por ella me han llegado los mejores valores que creo disfrutar y compartir. Me explico, aclarando que ni lo cortés quita lo valiente ni lo valiente rebaja lo cortés. Y tan sana es una adhesión eclesial sencilla y apacible, como una comunión explícita y de corazón pero crítica y propositiva.

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A Tarsis, con Jonás

06.04.17 | 10:51. Archivado en Acerca del autor

El relato, corto y preciso, es una obra maestra. No se sabe qué admirar más si la fina ironía que despiden las tres páginas del Libro bíblico de Jonás o la habilidad narrativa que le da aire de guión cinematográfico o la dureza de la crítica que el autor hace a quien corresponda o la profundidad del mensaje religioso que es el objetivo del autor. El autor no es conocido y se le supone viviendo en Israel por el siglo V a. C. aunque los hechos que narra estarían situados varios siglos antes.

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Más de lo mismo, más de casi nada

26.03.17 | 11:32. Archivado en Sociedad, Iglesia

Han pasado ya unas semanas desde las elecciones en la Conferencia Episcopal española. Y al ver los resultados uno piensa que efectivamente más de lo mismo desde hace una década aunque reconoce que tampoco cabía una renovación capaz de afrontar los tiempos tan nuevos y tan fuertes que se nos vienen encima.

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Llanto y temblor

06.08.15 | 23:48. Archivado en Sociedad, Iglesia, Mundo

Lo comento a veces ante sucesos extremos y en general no es bien venido el comentario. Y menos en verano, que se piensa menos. Hoy lo pongo aquí ante ese acto extremo de una madre que hace unas semanas tiró a su hijo de quince días a un contenedor de basura y ante otros actos de parecida violencia familiar que se han producido estos días.

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El labrador tranquilo

27.06.15 | 11:44. Archivado en Sociedad, Iglesia


Con el título se me va la mente a John Wayne y a la fierecilla domada, pero lo que viene apenas tiene que ver con aquello, por eso evito más distracciones y voy a lo mío sin renunciar al título, claro. Porque quiero referirme a algo que cada vez nos está haciendo más falta en la Iglesia de hoy en España, tan encogidilla ella por lo que pasa y tan cautelosa y hasta encorvada por lo que ve que viene.

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Domingo, 20 de agosto

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