La sombra alargada del "Domingo Sangriento" en Nicaragua
22.01.09 @ 16:38:38. Archivado en Nicaragua
Hoy se cumplen 42 años. De aquel domingo sangriento en Nicaragua cuya sombra se sigue alargando. Los nicaragüenses lo recuerdan como una fecha “trágica”. El 22 de enero de 1967, en Managua, la oposición de Nicaragua, la Unión Nacional Opositora, se manifestaba en las calles centrales de la ciudad. Mientras, en León, lo hacía el Partido Liberal con su lider Anastasio Somoza Debayle. Era el cierre de campaña para las presidenciales del 5 de febrero. He tenido la oportunidad de estar en aquel país en periodos electorales y la tensión, hasta el extremo, es la estrategia a seguir.
La oposición había decidido participar en aquellas elecciones, aunque había denunciado hasta la saciedad la falta de garantías para que se produjeran unas elecciones libres. Aseguraban que volvería a haber fraude el 5 de febrero. La dictadura somocista, dinástica y tiránica, desde 1936 había conseguido ensuciar la democracia de Nicaragua.
Se había planeado que aquel 22 de enero fuera una rebelión popular. Una revuelta de la ciudadanía en pos de lograr más transparencia política. La oposición solicitaba la posposición de las elecciones para ganar tiempo y asegurar la legalidad de los comicios. Entre otras cosas, solicitaban que la Organización de Estados Americanos observaran las elecciones y aseguraran su limpieza. Querían forzar al Ejército que apoyara las demandas de la oposición. La Guardia Nacional, que en un principio y según cuentan, apoyó la rebelión, en el momento de la verdad se echó atrás. Se retractaron. Dicen las malas lenguas que lo hicieron por miedo al fracaso y a que su destino acabase como el de otros militares que se posicionaron políticamente contra Somoza: En la tumba.
El plan fracasó y no hubo los apoyos requeridos. Aquel día, todo acabó como el rosario de la aurora. Con un regadío de balas que causó una de las mayores masacres de la historia política de Nicaragua. Lo recuerdan como el “domingo sangriento”. Nunca se supo la cantidad de muertos que hubo ese día. El dato se ocultó para la intrahistoria de los que lo hicieron. Sólo para su conocimiento. El pueblo sigue viendo lo que ocurrió aquel día con opacidad, sin transparencia.
Nicaragua ha visto pasar desde entonces 42 años, con sus días y sus noches. Con todos los dirigentes políticos que han pasado. Ahora, se han vuelto a recrear situaciones similares, en las recientes elecciones municipales, que hacen que la amenaza, la sombra del domingo sangriento, sobrevuele la bella nación centroamericana.
Impresiona la capacidad de los dirigentes nicaragüenses para, a pesar del tiempo transcurrido, no ser capaces de rebajar la tensión. De demostrar que viven de ella. Siguen siendo autoritarios y además, como ha ocurrido recientemente, han pactado para sobrevivir en la poltrona. Para cobijarse los unos en los otros. Para esconderse de ellos mismos y del pueblo. Para que Nicaragua no aprenda de su propia historia. Al margen de las ideologías, algo han cambiado, las formas, los alardes y la intención sigue siendo la misma: Gobernar por encima de todo.
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Txema Santana
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