Martín Lutero: ¡gracias! (En el Día de la Reforma)
29.10.08 @ 19:35:53. Archivado en Confieso que he vivido
En la víspera de la Fiesta de Todos los Santos, el 31 de octubre, las Iglesias Reformadas, los protestantes, celebran el Día de la Reforma. Una buena ocasión para dar gracias a Dios por todas las personas críticas, soñadoras (¿utópicas?), que dicen lo que piensan en contra de lo que les parece que está mal, aunque sea la práctica al uso, quizá impuesta, por la mayoría…
En “Hablemos” damos gracias hoy por los reformadores de la Iglesia de Jesucristo que ayudaron a darle un nuevo rostro, aun a costa de trabajos, sufrimientos, persecución y, en varios casos, muerte violenta.
Como sabemos, el 31 de octubre de 1517, el monje agustino Martín Lutero se convirtió en una controvertida figura pública al exponer en el pórtico de la iglesia de Todos los Santos, de Wittenberg, hoy Alemania, sus 95 Tesis o proposiciones, escritas en latín, contra la descarada venta de indulgencias que los papas Julio II y León X estaban promoviendo por toda la cristiandad para financiar la construcción de la nueva gran Basílica de San Pedro del Vaticano, en Roma.
Si un obispo tiene poder en esta tierra para asegurar la remisión de los castigos temporales que se derivan, en la otra vida, por los pecados cometidos y perdonados en ésta, ¿por qué, decía Lutero, no lo hace gratuitamente para todo el mundo, sin cobrar dinero por ello?
Una discusión simplemente teológica sobre el tema de la indulgencias (¡las hay plenarias y parciales!), llevó a otras consideraciones de índole económico y, por tanto, político…
Lutero defendió con energía sus opiniones en debates universitarios públicos en Wittenberg y en otras ciudades, provocando una investigación por parte de la Iglesia romana que culminó con la condena de sus enseñanzas, el 15 de junio de 1520, y con su excomunión, el 3 de enero de 1521, por el papa León X, como suele pasar: sin escucha mutua, sin el diálogo previo necesario.
Al menos, Carlos (V) de Gante, el joven Emperador del Sacro Impero Romano-Germánico (nuestro 1º de Castilla, de Aragón y demás Reinos), tuvo la iniciativa de convocarle un poco después, en abril de 1521, a la Dieta de Worms.
Pero era poco menos que imposible encontrar caminos de unidad, con las Escrituras en la mano y el buen uso de la razón, con las autoridades seculares y eclesiásticas allí reunidas, cuando estaban en juego tantos intereses materiales…
(Se salvó por los pelos de morir en la hoguera, a no ser por el apoyo armado del Elector de Sajonia, Federico el Sabio, que lo recluyó en su castillo de Wartburg, donde Lutero emprendió la traducción del Nuevo Testamento, del original griego al alemán. Una contribución fundamental al desarrollo de la lengua alemana actual).
La redacción de varias obras, en particular de su Pequeño Catecismo, en 1529, contribuyó sin duda a la formación cristiana de sus fieles: explica en un lenguaje sencillo y rico la teología de la Reforma evangélica comentando brevemente, en forma de preguntas y respuestas, temas tales como los Diez Mandamientos, el Credo Apostólico, el Padrenuestro, el Bautismo y la Eucaristía: Dios se reveló a sí mismo en Jesucristo y se dirigió a nosotros hablando con las palabras humanas de los autores del Nuevo Testamento, y su cuerpo y su sangre son recibidos por los creyentes “en, con y bajo” el pan y el vino de la Sagrada Comunión...
La reacción de la Iglesia romana a la Reforma fue, un poco más tarde, la Contra-Reforma. Es decir, se celebró el Concilio de Trento (1545 a 1563), para definir tantos temas que estaban en discusión en ese momento: interpretación de las Escrituras; Doctrina de la Justificación; los Sacramentos; la Eucaristía; la Penitencia; la celebración de la Misa; la veneración de las reliquias de los santos y las imágenes… Y se comenzó a elaborar un Catecismo para la formación cristiana de los fieles… Y se crearon los Seminarios, para la formación de los futuros clérigos. Y aparecieron los santos fundadores de órdenes y congregaciones religiosas para el apostolado y la caridad… Y hasta algunos papas cambiaron sus costumbres mundanas, dando una imagen renovada y más creíble…
Así que, nos parece que la Reforma Luterana y la que continuaron otros reformadores, ayudó mucho al cambio de la Iglesia Católica Romana. Seguramente, porque cuando hay oposición y controversia, cuando existe la sana competencia, como en las relaciones de libre mercado, la sociedad, el mundo y la misma Iglesia se esfuerzan por hacer las cosas mejor.
Haber alcanzado el derecho a la libertad de elección religiosa, como ocurre actualmente en los países democráticos, es el mejor acicate para que ninguna iglesia se duerma en los laureles y se disculpe demasiado fácilmente por sus excesos, corrupciones, abusos y errores, tan propios de la naturaleza humana que, aunque redimida, sigue siendo pecadora. “El justo vivirá por la Fe" (Gálatas 3:11).
Sigue una Oración por la UNIDAD, del mismo Martín Lutero, como invitación a recitarla juntos:
Dios eterno y misericordioso,
a ti, que eres un Dios de paz,
de amor y de unidad,
te pedimos, Padre, y te suplicamos
que reúnas por tu Espíritu Santo
todo lo que se ha dispersado,
que reúnas y reconstituyas
todo lo que se ha dividido.
Concédenos convertirnos a tu unidad,
buscar tu única y eterna verdad
y abstenernos de toda disensión.
Así, no tendremos más que un solo corazón,
una sola voluntad, una sola ciencia,
un solo espíritu, una sola razón.
Y totalmente vueltos
hacia Jesús nuestro Señor,
podremos, Padre,
alabarte con una sola voz y darte gracias
por nuestro Señor Jesucristo
en el Espíritu Santo.
Amén.
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