De presidente a presidente
12.03.08 @ 00:07:14. Archivado en La razón de la fuerza...
Conocidos los resultados de las Elecciones Generales a las Cortes, el recién elegido presidente de la Conferencia Episcopal Española felicita al presidente en funciones del Gobierno de España y le ofrece colaboración y oraciones, según resaltaron los medios de comunicación, “de presidente a presidente”. Esto me ha llevado a reflexionar sobre el término presidente y me he preguntado si ambos lo son, o no, de igual manera…
Presidente: el que preside, literalmente el que se sienta delante. Hasta ahí, todo bien: Rouco Varela y Rodríguez Zapatero presiden, se sientan delante. Inician, hablan, dejan o no hablar, aprueban, “postponen” (prohíben), deciden, terminan… Funciones del que se sienta delante. Funciones de dirección del colectivo en cuestión. En esto, coincidentes.
¿Cómo se llega a ser presidente? Depende de las reglas del colectivo. Ahí empiezan las diferencias entre ambos presidentes. El obispo Rouco Varela, elegido en votación por siete decenas de obispos católicos españoles reunidos en sesión plenaria, a puerta cerrada. El candidato a la presidencia del Gobierno de España Rodríguez Zapatero, elegido junto a tres centenares de diputados por unos treinta millones de españoles, mayores de dieciocho años, residentes en cualquier parte del mundo. Los diputados electos decidirán por mayorías quién forma y preside el próximo gobierno, en sesión pública. Pero… ¿quién eligió a los obispos electores del otro presidente?
Sé bien que esta pregunta se suele responde con bastante rapidez. Algo así como: “Jesucristo fundó la Iglesia y eligió a los Doce; éstos fueron eligiendo a sus sucesores, hasta nuestros días. La Iglesia es de institución divina y por eso no funciona como una sociedad humana, sino que es dirigida sabiamente por el Espíritu Santo. El Sumo Pontífice asegura la sucesión apostólica y nombra a los obispos de cada diócesis”. Punto.
En el siglo XXI, el principal valor aceptado por todos es la Democracia (demos: pueblo; kratos: gobierno), gobierno del pueblo, puesto en funcionamiento por la república democrática de Atenas en el siglo VII a.C., una vez abolida la monarquía patriarcal. Participación del pueblo, o de la gente, de diversas formas y maneras según el lugar, en las decisiones que afectan al conjunto de los ciudadanos. Valor en alza, querido y respetado hoy por la mayoría.
En los aproximadamente dos mil años de cristianismo, las formas de organización de la Iglesia de Jesucristo han sido diversas, según el momento y el lugar. Formas de participación activa en las decisiones puntuales, en la elección de los ministros, incluso en la elaboración del pensamiento, por parte de todos los miembros de la comunidad habían venido siendo lo habitual. Hasta el papa Gregorio VII, el Magno (1074-1084), que empezó a cambiar las cosas en lo que significa la dirección centralizada, hasta llegar al Concilio Vaticano I (1869-70) asegurando nada menos que la infalibilidad del Romano Pontífice. Mil años, pues, de progresión centrípeta hacia el gobierno aristocrático (áristos: lo mejor, los mejores…). Esto, con rupturas y divisiones por pensar de otro modo: Oriente y la Ortodoxia con su funcionamiento Sinodal; Lutero y los Reformadores, con su funcionamiento Congregacional. Por poner un ejemplo: la Iglesia de la Comunión Anglicana tiene dos cámaras, elegidas por los fieles al modo de la sociedad civil, la alta y la baja, donde se reflexiona, se discute y se decide por votación.
El presidente de la Conferencia Episcopal Española tiene, por otra parte, funciones meramente representativas, siendo cada obispo en su diócesis dueño y señor de lo que cree que debe hacer. (Realmente, es por la Curia Romana por quien está controlado y parece que dirigido). Es cierto que están reglamentados los diversos consejos asesores de cada obispo, pero elegidos por él mismo y dependientes en todo de él. De hecho, ni aconsejan.
Así, pues, ¿”de presidente a presidente”? Nominalmente sí, de acuerdo. Pero, funcionalmente, muy diferentes el uno del otro. Y me pregunto: ¿podrá cambiar un día la Iglesia Católica Romana sus formas de organización interna? ¿Qué formas de organización y participación serían deseables? ¿Qué os parece?
Hablemos, con paz y bien.
Francisco Paz
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• Un papa no pontífice, es decir eliminar las connotaciones sagradas, puente que nos une a Dios al estilo de los sumos sacerdotes del templo de Jerusalén. Los hermanos y hermanas participan del sacerdocio universal de Cristo, pudiendo asumir tareas o ministerios básicos de la Iglesia.
Parte I:
Algunas propuestas de Xabier Pikaza:
• El final del poder político del papa: un papa sin Estado Vaticano.
• Supresión de la curia romana: El papa ya no debe nombrar a los obispos. Confiar en las iglesias locales. El papa debe ser nombrado por la comunidad romana.
• Un papa sin potestad: la autoridad cristiana reside en la comunidad.
• Final del patriarcado. La Iglesia no necesita patriarcas al estilo del Antiguo Testamento. El Evangelio no quiere que en la Iglesia haya padres, sino hermanos y amigos, varones y mujeres. Supresión del título de papa(=padre).
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