“El silencio de los corderos” (y la voz de los pastores)
05.02.08 @ 17:18:36. Archivado en La razón de la fuerza...
El título de la famosa película, no tanto su argumento, me sirve para expresar cosas que vamos pensando en estos días, al hilo de las palabras de obispos y políticos, o viceversa.
“Pastor” es un término que aparece con frecuencia en muchos textos del Nuevo Testamento. Se atribuye al mismo Jesús como Buen Pastor. A él mismo se atribuyen palabras duramente críticas sobre los “malos pastores” (“mercenarios”), que sólo buscan su propio beneficio. Él mismo habría encargado a sus discípulos (¿también a sus discípulas?) que sean “pastores/as” que “apacienten su rebaño”.
Sobre todo en el mundo anglosajón, el “pastor” es el responsable de la comunidad o congregación, sea católica-romana o protestante. Diáconos, presbíteros, obispos o laicos/as agentes de pastoral, son “pastores” que ejercen el Ministerio sirviendo a la comunidad de los creyentes en sus diversas necesidades.
Comparar a la comunidad de los bautizados, miembros todos y todas del Sacerdocio universal de Jesucristo, con un rebaño de ovejas puede resultar algo molesto, si se piensa que éstas sólo deben dejarse guiar por donde les lleve el pastor. En la práctica no es así, ni siquiera en la realidad en la que se inspira la metáfora. Pero algunos, malos “pastores”, querrían hacer y deshacer en las comunidades de la Iglesia sin “ovejas negras” o respondonas…
Me parece que esto les pasa a la mayoría de los obispos católicos españoles: en documentos, homilías o declaraciones, individuales o colectivas, ellos dicen lo que piensan sobre el mundo y la sociedad (dicen ser “la voz de Cristo”). A veces lo hacen con expresiones o conceptos que podrían ofender a los que critican (familias, mujeres, gays, profesionales, concejales, diputados, alcaldes, presidentes, etc.). Pueden hablar, en el ejercicio de la libertad que les permite un estado democrático y en cumplimiento de su propia misión, tal como la entienden ellos, ante el mundo. Los miembros de su rebaño, y los que no lo son, escucharán su voz y decidirán, o no, seguirles.
Pero cuando el rebaño, o los que no son de su rebaño, responden a su voz, no con el silencio obediente de los mansos corderos, sino con la crítica razonable de las personas adultas, ellos se enfadan, se sienten perseguidos y poco menos que apelan a la “santa cruzada”, al menos a la objeción de conciencia y a la manifestación... Así parece a muchos en estos últimos tiempos.
Sorprende, a la vez, el silencio de estos “pastores”, que no de los “corderos”, cuando ocurren cosas de alta preocupación social: invasión armada de un país “enemigo”, muertes en accidente de trabajo, contratación ilegal de inmigrantes, corrupción administrativa o negocios sucios empresariales, manipulación ideológica de los más débiles (niños, ancianos), deformación de la realidad en los medios de comunicación, violencia de género, abuso de menores, etc., etc.
Al menos en lo que respecta a las comunidades parroquiales de la Iglesia Católica Romana en España, el “silencio de los corderos” ha sido implantado definitivamente. Los Consejos Parroquiales no existen en su mayoría, aunque eran sólo de índole consultiva. Los Consejos Económicos, que son de obligatoriedad canónica, o no existen o son simplemente “consejos de sí wuana”, tanto locales como diocesanos. (¿Quién controla, pues, la economía de las iglesias?). Si se convocan Sínodos diocesanos, solamente la voz de los “corderos” fieles logra llegar hasta las conclusiones definitivas y esto incluso para quedar archivado en un bonito libro que nadie volverá a leer y menos a aplicar…
Hemos conocido las cuentas reales de lo que el Estado Español aporta a la Iglesia Católica Romana para el año 2008 con el dinero de todos los contribuyentes católicos, protestantes, ortodoxos, musulmanes, judíos, budistas, etc., y ateos: la Conferencia Episcopal Española recibirá 153,1 millones de euros (¿así como 25 mil millones y medio de pesetas?).
De hecho, la mayoría de las comunidades parroquiales se vienen autofinanciando desde hace años. Es decir, que en lugar de recibir la parte que les corresponde de esta subvención estatal, ellas aportan desde el 5% hasta el 25%, según el monto de los ingresos, al fondo diocesano correspondiente. (Por tanto, la mayoría de las diócesis, podrían renunciar sin dificultad a la aportación estatal)...
Aparte, casi 4.907 millones de euros que el Estado aportará este año a las diversas Asociaciones, Ong’s eclesiales, Centros de Enseñanza Concertados, Profesores de Religión "Católica", Capellanías de Hospitales y Cárceles, etc., etc., hasta un total de 5.060 millones de euros (¿así como 842 mil millones de pesetas?).
Quizá alguien pensó que tanto dinero podía acallar la voz “profética” de los pastores, pero parece que no es así. Quizá porque son incorruptibles, lo cual diría mucho a su favor. Pero no nos parece que la cosa vaya por ahí precisamente… Me vienen a la mente esos 3 versos inquietantes de León Felipe, a quien también le “dolía la Iglesia”:
“Pedro, Pedro,
el Gran Conserje Pedro,
amigo de soldados y de banqueros.”
Se me ocurren algunas preguntas por si queréis opinar en este “post”:
1. La voz de los “pastores”: ¿de qué cosas, cómo y cuándo debería alzarse?
2. El silencio de los “corderos”: ¿de qué modo evitarlo, o cómo hacer oir su voz?
3. ¿Cuántos son los “corderos” que hoy día siguen realmente la voz de estos “pastores”?
Hablemos, con paz y bien.
Francisco Paz
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Se me ocurre pensar que, después de dos mil años de cristianismo, catolicismo, los fieles no deberían conformar un rebaño de ovejas, sino una asamblea (ekklesía), en la que nadie sería más que nadie, las diversas jerarquías no serían tales sino servidores de la comunidad.
Pero vemos que en realidad no es así, luego han fallado muchas cosas. Entre ellas creo que la Iglesia se ha preocupado más de sí misma, en crear toda una infraestructura de poder temporal y escatológico, teniendo a las ovejas, el “pueblo redimido”, fuera de todo conocimiento. En realidad, su pensamiento fue algo así como, “ las ovejas no tienen que pensar, pues para eso estamos nosotros. Les decimos lo que es y no es pecado, y ellos con obedecer se salvan”.
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