Tres hombres en un barco (El camino de la unidad de las iglesias)
24.01.08 @ 22:44:33. Archivado en A Dios rogando...
Tres apóstoles: Pedro, Pablo y Juan.
A causa de su diversidad, prefiguran tres iglesias diferentes.
¿La iglesia católica se reclama de Pedro, la iglesia de la reforma de Pablo y la iglesia ortodoxa de Juan?
La iglesia de Pedro es la de un pastor. El Señor le dijo: “apacienta mis corderos”. Del pastor, tiene el bastón, el manto y el sombrero. Su preocupación: la unidad del rebaño, de ahí su vigilancia y su miedo a todo desvarío. Pedro es una roca de la fe, una forma piramidal bien jerarquizada para resistir a la erosión de los siglos. No es ciego a las visiones del Espíritu, ni cerrado al futuro, pero no quiere forzar nada: es hombre de tradición, fiel a las raíces.
Si Pedro está en el timón, Pablo está en la proa. Va hacia delante, al riesgo de perder el equilibrio. Su preocupación: la misión. Pablo es sobre todo un hombre de la Palabra más que de los sacramentos: “Cristo no me ha enviado a bautizar, sino a anunciar la Buena Noticia”.
En el centro: Juan. Una mano tendida hacia el pasado, la otra hacia el futuro. No es ni pastor ni predicador, contempla la belleza del Padre sobre el rostro del Hijo en la iluminación del Espíritu Santo. En el presente vive la eternidad. El espíritu de Juan es a la vez una fidelidad al amor de Dios vivido hoy.
¡Qué diferentes son estos apóstoles, sus actitudes y los lugares que ocupan! Ninguno de ellos puede decir: “yo represento a la Iglesia verdadera”, porque la Iglesia de Cristo es a la vez la de Pedro, la de Pablo y la de Juan.
Tres hombres diferentes, pero un solo barco, un solo mástil en forma de cruz, una sola vela, un solo Espíritu que sopla, infla la vela y hace avanzar el barco sobre las olas del tiempo.
Releer: 1ª Corintios 12
El texto precedente es de Henri Lindegaard (1925-96), hijo de un pastor de la Iglesia de El Salvador. Ha sido ofrecido por el Presbiterio de Madrid de la Iglesia Evangélica Española para una de las celebraciones ecuménicas en la Semana Universal de Oración por la unidad de los cristianos en 2008.
Lo presento como invitación a la reflexión, especialmente de los “católicos de toda la vida”. Muchos creen que cuando en el Credo se afirma creer en la Iglesia, “que es una, santa, católica y apostólica”, se está uno refiriendo a la Iglesia Católica Romana, cuando en realidad se dice creer en la Iglesia de Jesucristo, la que inicia el Espíritu del Resucitado en Pentecostés, organizada hoy en diversos grupos, diferentes, aunque día a día menos separados…
Creemos en la Iglesia Universal, visible e invisible, pecadora y perdonada.
Creemos que Jesucristo nos ha concedido el honor y la responsabilidad de proseguir su Ministerio en la tierra, como sus testigos, en el ejercicio del sacerdocio universal de los creyentes.
Creemos que el Reino de Dios es la esperanza común que nos une a todos los cristianos, pese a nuestras diferencias, y que nos permite enfrentarnos a las adversas realidades presentes de nuestro mundo, hasta que nuestro Señor vuelva en gloria.
(De Sebastián Rodríguez, Antología de la liturgia cristiana).
Textos así nos hacen sentir que avanzamos hacia una cierta unidad de miras, de proyectos, de orar y actuar cada vez más conjuntamente, sobre todo desde las bases, desde los creyentes de la calle, mucho menos preocupados por los pequeños acuerdos teológicos y de praxis sacramental a los que van llegando los jerarcas de las diversas iglesias y comunidades…
Caminos de reencuentro, después de guerras, persecuciones, ejecuciones, exilios y demás frutos negros del pasado sobre todo europeo. Caminos lentos aunque siempre esperanzados. Basta con leer las fechas, a continuación, de los pasos que se han ido dando en este sentido:
En 1740, entre los cristianos de Escocia, nacía un movimiento pentecostal que llamaba a orar por todas las iglesias y junto con ellas.
En 1820 el reverendo James Haldane Stewart publica los “Consejos para la unión general de los cristianos por la efusión del Espíritu”.
En 1884, el reverendo Ignatius Spencer, convertido al catolicismo romano, sugiere una “Unión de oración por la unidad”.
En 1886, la 1ª Asamblea de obispos anglicanos en Lambeth insiste sobre la oración por la unidad en la introducción a sus resoluciones.
En 1894, el papa León XIII anima a la práctica del Octavario de Oración por la Unidad en el contexto de Pentecostés.
En 1908, se celebra el “Octavario por la unidad de la Iglesia” por iniciativa del reverendo padre Paul Wattson.
En 1926, el Movimiento Fe y Constitución comienza la publicación de unas “Sugerencias para un Octavario de oración por la unidad de los cristianos”.
En 1935, el sacerdote Paul Couturier aboga por la “Semana universal de oración por la unidad de los cristianos, basada en una oración por la unidad que Cristo quiere, por los medios que Él quiere”.
En 1968, por primera vez, la Oración por la Unidad de los Cristianos se celebra mundialmente con los textos elaborados entre la Comisión “Fe y Constitución”, del Consejo Ecuménico de las Iglesias y el Secretariado para la Unidad de los Cristianos, de la Iglesia Católica Romana, que no forma parte del Consejo.
¿Qué camino nos queda aún por recorrer?
¿Cómo avanzar en las relaciones personales y comunitarias entre los miembros de las diversas confesiones?
¿Hasta cuando seguiremos hablando de -y enseñando- “Religión Católica”, cuando sólo existe la Religión Cristiana?
Hablemos. Con paz.
Francisco Paz.
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