Pido la paz y la palabra
13.12.07 @ 22:08:59. Archivado en A Dios rogando...
Escribo
en defensa del reino
del hombre y su justicia. Pido
la paz
y la palabra. He dicho
“silencio”,
“sombra”, “vacíos”,
etc.
Digo
“del hombre y su justicia”,
“océano pacífico”,
lo que me dejan.
Pido
la paz y la palabra.
En este tiempo previo a la Navidad, casi todos nos deseamos Paz… y un montón de otras cosas que la aseguran de veras, como la Justicia, que dice Blas de Otero en este conocido poema suyo que alguien me hace llegar en estos días… Nos ha venido bien a varios, después de conocer el mensaje de los obispos católicos españoles a las familias católicas españolas.
Pienso que, ciertamente, se dirigen en primer lugar a sus feligreses católicos, como es su deber, y también en lo posible a los que no lo son, como es su misión: llamados, como todos los bautizados, a anunciar por todas partes la Buena Noticia del amor de Dios al mundo (“Tanto amó Dios al mundo que le dio a su hijo único para que todo el que crea en él tenga vida eterna…”).
Pensamos que hubiera estado bien, al menos por esta vez, un mensaje así de bonito para todos, resaltando las cosas que van mejorando con el esfuerzo de muchos, alentando a tantos voluntarios desinteresados que trabajan cada día por hacer este mundo más habitable, dando la paz y la palabra a los que no cuentan, a los pobres, a las víctimas de un sistema injusto e inhumano…
Pues no. De nuevo caen en los fáciles lamentos de quien no quiere asumir sus responsabilidades en la no consecución de sus propios objetivos: de nuevo, es la sociedad laicista la que impide vivir los valores cristianos, a los que creen en ellos. Y de nuevo, valoraciones negativas, siempre algo despectivas, seguramente molestas para los que no creen en esos valores… ¿Esperan así animar a los alejados o están atacando a sus propios feligreses?
Parece que no se preguntan, por ejemplo, cuál puede ser la verdadera causa de que el Evangelio, la Buena Noticia de Jesús de Nazaret, no haya calado hondo en la mayoría del pueblo español que durante largos años ha gozado de libertad y de todo tipo de facilidades para ello: generaciones enteras hemos tenido esa posibilidad durante muchos años. ¿Ha fallado el método? ¿Hay que hacer de nuevo otra Nueva Evangelización? ¿Qué resultados ha habido en estos últimos 30 años?
¿No será, quizá, que los cristianos en general, y también sus pastores, no han sido capaces de dar testimonio convincente con sus propias vidas y actitudes? ¿No será que la gente vive convencida los valores más positivos del Evangelio de Jesús, pero no cree que éstos se reduzcan a asuntos de sexualidad, fecundación, control de nacimientos, matrimonio o divorcio…? ¿No será que asustados y escandalizados por los comportamientos, privados que salen a la luz y públicos que se penalizan, ya no nos podemos fiar mucho de lo que los pastores digan?
He dicho “silencio”, “sombra”, “vacíos”, etc.
¿No sería mejor guardar silencio, quedar un poco en la sombra, llenar los propios vacíos de la institución eclesiástica, y esperar…?
Esperar que los que dan el callo, los que se dejan la piel día a día con la gente, los que trabajan para acercar el Reino a nosotros, en Entrevías, en Yeserías, en Burkina Faso, en… Añada cada uno lo que conoce que se vive, por aquí y por allá, y que me ha parecido que expresa bastante bien la carta a los Romanos, 12, 14-21:
“Bendecid a los que os persiguen, no maldigáis. Alegraos con los que se alegran; llorad con los que lloran (…).
Sin devolver a nadie mal por mal, procurando el bien ante todos los hombres en lo posible, y en cuanto de vosotros dependa, en paz con todos los hombres (…).
Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber (…). No te dejes vencer por el mal, antes bien, vence al mal con el bien.”
¿Qué tal si desde ahora, la emisora de radio de los obispos se queda en silencio por un largo tiempo y sólo emite música relajante?
¿Qué tal si tantas revistas y periódicos cristianos dejan de hacer política de bajo nivel y nos ofrecen textos de los místicos, de los poetas, de los que trabajan por la paz (cfr. Mt 5,9)?
¿Qué tal si los pastores –obispos, presbíteros y diáconos- en sus homilías y documentos aconsejan a sus fieles la comprensión, el esfuerzo y la colaboración en lugar de la crispación, la descalificación y el insulto?
Añado este texto de Rafael Prieto Ramiro que publica en: Soy amado, luego existo, Ed. Cáritas Española, Madrid, 2007, pág. 80 y que me ha parecido de alto interés como propuesta:
"Estos son los signos que ha de ofrecer la Iglesia. Si alguien preguntara: ¿Está Dios con nosotros o tenemos que seguir buscando? Le contestaremos, no tanto con palabras, cuanto con signos. No le diremos, como otras veces, nuestro número, nuestra influencia, nuestras glorias culturales y artísticas. Le presentaremos nuestras actitudes de acogida, nuestra capacidad de desprendimiento, nuestra opción por el servicio, nuestras preferencias por los pobres y dolientes, nuestros compromisos por la justicia y la paz, nuestros testigos de fe y mártires por el Evangelio, nuestra experiencia del Dios de Jesucristo... Nos queremos, nos perdonamos, nadie entre nosotros se siente solo, abrimos nuestras puertas y sentamos a nuestra mesa a todos los que llaman... Y no os escandalicéis de nuestros fallos y errores, son prueba de nuestra débil condición humana. Los reconocemos y pedimos perdón."
¿Qué tal así? Hablemos de ello, con Paz y bien.
Francisco Paz
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