In memoriam: “dichosos vosotros…”
26.10.07 @ 20:20:52. Archivado en A Dios rogando...
Beatos, benditos, bienaventurados, dichosos, felices… los pobres, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de la justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz y los perseguidos por causa de la justicia (cfr. Mt 5,3-10). Ha habido, y hay, muchos de éstos en el mundo y en la larga y siempre conflictiva historia de España. Muchos se han ido dejando la vida a trozos por el camino y a algunos se la han arrebatado de pronto. Es admirable. Son admirables… e imitables. Pero los responsables principales de las religiones no han sido, todos y siempre, así. Lo sabemos. El poder y el dinero corrompen y no se puede servir a dos señores. Y la gente no es tonta, nunca lo ha sido, y lo ve y lo calla y lo recuerda… Y cuando las circunstancias lo hacen posible, reacciona a veces con violencia y, algunas veces, pagan justos por pecadores, unos más y otros menos…
“La Iglesia que ilumina es la que arde”, pudo leer un buen amigo en la pared de un templo de América Latina hace poco tiempo. (Siempre hay algunos que la quieren hacer luz de las gentes, dicho un poco en broma). El anticlericalismo, muy propio entre los católicos, sigue dentro de muchas actitudes aun en el momento presente. Admiran y valoran a los que hacen cosas desinteresadamente por los demás, sobre todo por los pobres, hambrientos, marginados…, sean de la religión que sean, pero no soportan los fastos y oropeles, y mucho menos los engaños y corrupciones de los que se presentan ante el mundo como los defensores de la Verdad en el nombre de Dios. De éstos hubo muchos en el pasado y la historia no ha terminado…
No perder, sino hacer todo lo posible por recuperar la memoria histórica, personal y colectiva, es sin duda necesario para evitar caer en los mismos errores que luego se lamentan. Una historia en la que todos los muertos cuentan lo mismo. La Iglesia Católica Española solemniza la memoria de algunos de los muchos que murieron durante la última guerra civil. Todos son admirables, tal como nos lo han contado ahora. Aunque en algunos casos muchos cristianos no hubiéramos actuado nunca como algunos lo hicieron. Me refiero a sus opciones y acciones políticas en un momento de grandes cambios sociales en España. Siempre quedará pendiente de respuestas la pregunta: ¿cuál hubiera sido la mejor actitud evangélica de un cristiano en tiempos de la segunda República Española? ¿Y en la Dictadura militar?
Estoy impresionado por la figura de una cura mallorquín: mosen Jeromi. Este hombre hizo todo lo posible, y con grandes riesgos, para salvar de una muerte casi segura a muchos de sus vecinos del pequeño pueblo de Mallorca donde ejercía su ministerio. Durante la noche, conseguía que muchos fueran huyendo en barcas, atravesando el mar, hasta Argelia. Alguien debería recoger las historias de estas personas que salvaron la vida. Él no lo logró. A él lo mataron de cualquier manera. Murió fusilado ante un paredón. Dio la vida, para salvar vidas. Él es un bendito, un dichoso ante Dios. Así nos lo parece a muchos. Ocurre que lo mataron, como a tantos otros, curas y laicos, los militares y los falangistas rebeldes cuando llegaron al pueblo. Fue acusado de apoyar la rebelión (¡!).
Con la ayuda de los regímenes fascistas de Adolf Hitler y Benito Mussolini una nueva legislación se había implantado en España. Los cristianos muertos por la represión franquista no han sido considerados mártires. Todavía. Unos pocos años después, habiendo sido invadida Holanda por las tropas alemanas, los obispos católicos holandeses escribieron una Carta Pastoral de denuncia de los crímenes del fascismo. Los espías alemanes tenían todo bien controlado. Pensaron que esta carta colectiva del episcopado holandés (justamente la contraria de la que habían hecho pública sus colegas españoles en 1937) no les beneficiaba ante el mundo. Les amenazaron con ampliar la persecución sangrienta de los judíos que, convertidos al cristianismo, vivían como monjes y monjas en el país. Difícil decisión ésta. (Normalmente la Iglesia actúa a veces guiada por Maquiavelo, más que por Jesús…). Pero la carta fue hecha pública en el país y en todo el mundo. Esa misma noche, un centenar de judíos-neocristianos fueron sacados de los conventos y llevados a los campos de concentración. Es el caso, entre otros muchos, de la conocida Edith Stein, hoy reconocida santa por la Iglesia Católica con su nombre de monja carmelita: Teresa Benedicta de la Cruz...
Hablemos, con Paz y bien.
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