La Iglesia Católica y los Derechos Humanos
06.09.07 @ 22:37:57. Archivado en La razón de la fuerza...
¿Podemos considerar a la Iglesia Católica como una buena defensora de los Derechos Humanos en el mundo? ¿Se puede hablar de Derechos Humanos al interior de la Iglesia Católica ¿Cómo lo ven desde dentro sus propios miembros? ¿Cómo lo ven desde fuera los no católicos…? Un ejemplo:
“A escala internacional, recientemente la Iglesia ha desplegado una ofensiva en torno a la libertad religiosa, que busca ampliar el espacio de intervención de la estructura religiosa en cuestiones sociales, que incluye la defensa de los derechos de los no nacidos así como el respeto a la vida de los enfermos terminales. Sin embargo, la inobservancia de los derechos humanos dentro de la institución eclesiástica constituye un problema no resuelto, y es algo que todo el mundo sabe y que los mismos clérigos reconocen públicamente”. (Bernardo Barranco V.)
Bernardo Barranco V. es vicepresidente del Centro de Estudios de las Religiones en México (CEREM) y aporta una reflexión que me ha parecido de gran interés en un artículo de opinión titulado Los derechos humanos en la Iglesia, que alguien ha tenido el buen gusto de enviarnos. Os propongo su lectura y comentario. Podéis encontrarlo en la siguiente dirección:
http://www.jornada.unam.mx/2007/09/05/index.php?section=opinion&article=022a1pol
Podemos partir de la pregunta que el autor se hace desde el comienzo: ¿Cómo entender a la Iglesia que reivindica y exige los derechos humanos, cuando ni ella misma los cumple?
¿Se trata simplemente de un problema de entendimiento de cómo es y cómo funciona la Iglesia Católica? ¿Es más bien una constatación de incoherencia entre lo que se dice y lo que se hace? ¿Es posible admitir que los miembros de la Iglesia Católica deban renunciar como punto de partida a los derechos humanos para sí mismos al formar parte de ella?
Me interesa resaltar una cita del periodista Enrique Maza, miembro de la Compañía de Jesús, jesuíta, en su libro Libertad de expresión de la Iglesia, editado en Océano 2006, que Bernardo Barranco incluye en su reflexión:
“En nuestra época, en pleno auge de la modernidad… la libertad de expresión de los cristianos al interior de la Iglesia no está a la altura de las circunstancias (…) cuando la autoridad se convierte en dominio, teme a la libertad, se refugia en el secreto y se erige en dueña de la verdad. Sólo la autoridad auténtica acepta sus límites. El poder autoritario, porque lo es, no sólo teme a la verdad, sino que teme al futuro. Por eso controla o cancela los canales de expresión”.
En verdad que hoy a nadie se prohibe hablar, decir, opinar, escribir… Menos mal que pasaron los tiempos en que algunos podían ser encarcelados, torturados y quemados por ese motivo. Miguel Servet o Giordano Bruno son vergüenza común a las Iglesias Cristianas. Pero si tu hablar, decir, opinar, escribir… no coincide con la opinión de los dirigentes de tu comunidad eclesial, ¿podrás seguir ejerciendo el Ministerio, sea el que sea, dando las clases de religión o participando de la vida comunitaria sin problemas?
Quizá hay unas comunidades más abiertas que otras a la disidencia, a la heterodoxia, a la heteropraxis, pero la Iglesia Católica, dice el autor, “tal como está organizada: jerárquica, gerontocrática, autoritaria y homofóbica no puede, en su interior, ser escrupulosa en el ejercicio de una cultura de los derechos humanos tal como fueron redactados en 1948 en el texto de la Declaración Universal de los Derechos Humanos”.
Al tratar estos asuntos muchos recuerdan dos encíclicas de los Papas: Pacem in terris (Juan XXIII) y Ecclesiam suam (Pablo VI), además de los documentos del Concilio Vaticano II sobre la misma Iglesia, en sus relaciones internas y en su relación con la sociedad humana. Textos que podríamos volver a leer y meditar, para una buena revisión de los procesos históricos, de a dónde hemos llegado y a dónde parece que se quiere llegar…
En la puesta al día o aggiornamento que proponía el bueno de Juan XXIII a toda la Iglesia Católica, ¿cuántas cosas han ido mejorando a lo largo de estos largos 40 años? ¿Qué cosas ni siquiera se han todavía intentado? ¿Qué logros han ido quedando asfixiados por el camino? ¿Dónde están hoy las generaciones que se alegraron entonces de poder aplicar las recomendaciones del Vaticano II en cuanto a participación, corresponsabilidad y compromiso? ¿En qué ha cambiado realmente la Iglesia Católica?
“La estructura de mando, de ejercicio del poder, de identidad, de disciplina y memoria de la Iglesia son premodernas, casi medievales. Por ello, ante los retos de las sociedades actuales, el espíritu de los derechos humanos modernos provenientes de la cultura secular está ausente de su organización, porque la Iglesia se ha configurado de manera estamental y funciona de modo piramidal, que no facilita cauces de participación ni mucho menos asoma de modo alguno rasgos democratizadores; prima el dogma, la disciplina y la autoridad en torno al Papa, con el argumento que la Iglesia no es un sistema de poder, sino una institución cuyos fundamentos son divinos y sus fines espirituales”, dice el autor del artículo.
¿Qué dicen a esto los lectores de ‘religióndigital’? Ya sabemos la opinión de algunas personas cuya formación teológica y espiritual se quedó en el Catecismo del Concilio de Trento y escasamente fue capaz de evolucionar de acuerdo a los signos de los tiempos. Ellos dicen que Jesucristo fundó una Iglesia, que es por tanto de institución divina y no humana. Que Jesucristo mismo eligió a los apóstoles y encomendó a Simón-Pedro las llaves de la puerta del Reino. Que sólo eligió a varones, aunque algunos estaban casados… Y así todo lo que se deriva de la interpretación historicista del Nuevo Testamento, como si todo hubiera ocurrido tal cual se relata…
¿Acaso hay otras visiones de la Iglesia de Jesucristo, de lo que fue durante varios siglos, de lo que podría volver a ser? ¿Acaso otras estructuras organizativas al interior de la propia Iglesia son posibles sin alejarse de la recta doctrina? ¿Comunidad responsable y participativa, sinodalidad, conciliaridad, etc., son realidades posibles y deseadas por algunos católicos?
Hablemos, con paz.
Francisco Paz
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El niño no olvida en toda su vida -ni debe- la violencia del padre. La humanidad no debe olvidar que la Iglesia es una institución violenta y opresora que tiene en su ser la capacidad de quemar vivas, de martirizar y de usar la violencia contra las personas.
Igual que el padre está inhabilitado de por vida para la mente del hijo sufridor de sus agresiones, la Iglesia está inhabilitada para cualquier tarea social en la mente de los que recordamos y no perdonaremos nunca sus aberrantes conductas del pasado.
Los Derechos humanos, adoptados por la ONU en 1948, en París, como homenaje a la Declaración de 1789, no se firmaron por España hasta 1976, contra la iglesia franquista.
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