La razón de la fuerza...
13.03.07 @ 15:18:39. Archivado en Sobre el autor
El refranero castellano está lleno de sabias reflexiones. En momentos de crispación y nervios he recordado éste. Frente a la razón de la fuerza está la fuerza de la razón...
Cuando me siento seguro, en lo que pienso, en lo que pretendo, en lo que digo..., puedo con facilidad razonar, exponer razonablemente, ejercitar lo más sublime del ser humano: el raciocinio, la razón, lo razonable...
Cuando la contradicción, la réplica razonable, la crítica igualmente razonable a mis razonamientos, me hace perder seguridad, tengo cierta tendencia al enfado, expresado a veces con la fuerza de las palabras, de los gestos, incluso de actitudes violentas...
¿Les ocurre a muchos lo que a mí me ocurre?
Aunque la respuesta sea un sí ampliamente extendido, eso no justifica –quizá sólo explica- mi recurso a la razón de la fuerza al haber perdido la fuerza de la razón.
¿Puedo yo, pobre mortal, desde el espacio vital que ocupo, creer que mi visión del mundo y de las cosas es sin lugar a dudas la mejor, la única, la verdadera...?
Pero, si por el contrario, atiendo a las razonables razones de mis oponentes, hasta llegar a modificar las mías propias, ¿no estaré cayendo en un fácil relativismo, en un cómodo eclecticismo, en el “todo vale”? ¿Es esto la dictadura del relativismo?
Estas reflexiones que os propongo tienen una clave de humor y de seriedad a la vez. Supongo que entendéis bien la doble lectura, desde lo que estos días se hace y desde lo que desde algunos púlpitos se predica...
Alguien ha compuesto este Decálogo de la Escucha que leo con atención:
1º.- Escuchar es recibir al otro cuando te busca; no es elaborar entre dos una competición de quejas y males.
2º.- Escuchar es decodificar, más allá de las palabras que el otro emite, lo que realmente le inquieta; no es abrumar al otro con nuestros parámetros de medida sobre lo que expresa.
3º.- Escuchar es acoger en tu silencio el cansancio ruidoso de otro; no es acompañar a bombo y platillos un solo instrumental.
4º.- Escuchar es abrirte de orejas, de ojos, de mente y de corazón a la soledad de otro; no es intentar llenar tu soledad con sus palabras.
5º.- Escuchar es ofrecer un espacio tranquilo dentro de ti a la excitación de otro; no es abrir dentro de ti un pasadizo rápido de entrada y salida a las palabras y frases que el otro te diga.
6º.- Escuchar es aceptar que lo que otro dice puede hacerte aprender y crecer; no es una confrontación de estilos donde lo importante es que venza el tuyo.
7º.- Escuchar es atender sin ningún a priori ni prejuicio lo que otro tiene que decir; no es un intercambio petulante de rencillas y rencores.
8º.- Escuchar es descubrir en las palabras del otro parte de la verdad que siempre habíamos buscado; no es la búsqueda en el otro de todos los errores que le suponíamos.
9º.- Escuchar es un acto de libertad y de solidaridad humana con un semejante, nunca una limosna o una caridad.
10º.- Escuchar es infinitamente más que oír: es ser con el otro un remanso de serenidad y amor, aun cuando se esté librando una batalla. Por todo ello, si alguien demanda tu escucha y no estás dispuesto -o no te sientes preparado- para asumir este decálogo, es mucho mejor negarte a brindarla que aparentar una falsa escucha.
Me gusta lo que dice. Lo envía una monja, una monja de monasterio, de esas que escuchan en silencio y aprenden a vivir juntas, queriéndose, en la diversidad de razonamientos. Supongo que después de discutir en el Capítulo o reunión de la Comunidad, acuerdan votando lo que han de hacer en común. Creo que las que no están totalmente de acuerdo con la decisión comunitaria no salen al claustro en manifestación pidiendo la dimisión de la superiora. (La Historia nos cuenta cosas de esas en el pasado, pero hoy nos avergonzamos de ellos).
Sería muy bueno, no sólo para nosotros, sino para las siguientes generaciones, que los españoles recuperáramos la capacidad de la escucha y del respeto a las decisiones tomadas legítimamente en orden al bien común. Sería muy bueno que los cristianos fuéramos luz de paz en un tiempo de crispación y violencia, cuando menos verbal. Sería bueno, buenísimo, que los pastores de las Iglesias fueran artesanos de la paz, evitando apoyar de una u otra manera el enfrentamiento y la división.
¿Acaso es razonable morir, o matar, por una idea?
Os propongo esta oración que un día escribió el Padre Larrañaga. Muchas gracias al que nos la ha hecho llegar a través de la Red para que muchos la dejemos aflorar en nuestro corazón:
Señor Dios, te alabamos y te glorificamos
por la hermosura de ese don que se llama diálogo.
El diálogo desata los nudos,
disipa las suspicacias, abre las puertas,
soluciona los conflictos, engrandece la persona,
es vínculo de unidad y madre de la fraternidad.
Haznos comprender que el diálogo
no es una discusión ni un debate de ideas,
sino una búsqueda de la verdad
entre dos o más personas.
Haznos comprender que mutuamente
nos necesitamos y nos complementamos
ya que yo puedo ver lo que los otros no ven
y ellos pueden ver lo que yo no veo.
Señor Jesús, cuando aparezca la tensión,
dame la humildad para no querer imponer
mi verdad atacando la verdad del hermano,
de saber callar en el momento oportuno,
de saber esperar a que el otro acabe
de expresar por completo su verdad.
Dame la sabiduría para comprender
que ningún ser humano es capaz
de captar enteramente la verdad toda,
y que no existe error o desatino
que no tenga alguna parte de verdad.
Dame la sensatez para reconocer
que yo también puedo estar equivocado
en algún aspecto de la verdad y para dejarme
enriquecer con la verdad del otro.
Dame, en fin, la generosidad para pensar
que también el otro busca honestamente
la verdad y para mirar sin prejuicios
y con benevolencia las opiniones ajenas.
Señor Jesús, danos la gracia de dialogara pregunta para los lectores del blog: ¿qué podemos hacer nosotros en estas circunstancias?
Hablemos (pero hablemos bien, por favor).
Francisco Paz
Comentarios:
¿En verdad valen la pena esos sacrificios (de vidas humanas) en muchas partes del mundo para lograr lo que se logra? ¿No tienes la impresión de que después de los muertos, que son siempre los mismos, los que los han empujado a morir, siguen sentados en sus poltronas? Si murieron por "su" causa los nombrarán "héroes" o "mártires", pero con eso se quedarán...
¿Vale la pena morir o matar por una idea?
Ojalá los responsables políticos, económicos, religiosos, etc. fuesen capaces de acordarse más frecuentemente de la dura historia de la Humanidad; si fuese así, seguramente podríamos esperar algo más del futuro que espera a nuestros hijos.
Un cordial saludo.
Lo pensamos desde la comodidad de la sociedad occidental, con las necesidades vitales y muchas otras que no lo son tanto satisfechas (alimento, educación, sanidad, etc.) y con un amplio conjunto de derechos y libertades fundamentales reconocidos y garantizados.
Sin embargo, esta situación privilegiada corresponde específicamente a un determinado lugar (países desarrollados o del primer mundo) y momento (fines del s. XX y principios del XXI) y no podemos olvidar que estos privilegios se han alcanzado a costa del sacrificio de muchos hombres que han dado incluso lo más preciado -su vida- en la lucha por obtenerlos.
Lamentablemente, la Historia nos enseña que nos son pocas las ocasiones en que la conquista de derechos legítimos, o el mantenimiento de los que ya se disfrutan, sólo es posible a costa de grandes sacrificios y de muchas ...
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