Hablando en plata

Mudbound

18.02.18 | 21:29. Archivado en Cine, libros, música...

Mudbound (2017, dirigida por Dee Rees) ha sido otra gran sorpresa. Una de esas películas -y en mi caso son muy pocas- que no te dejan indiferente. Una vez más se ve que soy un poco masoca, pues se trata de un dramón con mayúsculas, y es que el tema no es para menos.

Veamos. Si mezclamos en un cocktail la sociedad rural del sur profundo en el Mississippi de los años cuarenta, con la Segunda Guerra Mundial, con el racismo más atroz -modelo Ku Klux Klan- y con dos familias que sobreviven en una granja que es un barrizal -de ahí el título de la película-, una familia blanca que manda más que los señores feudales de la Europa medieval y otra familia negra de semiescalvos, que obedecen sin rechistar y que las pasan putas para comer todos los días… el resultado es explosivo, como no podía ser de otra manera.

Los protagonistas se salen, empezando por Florence, que es la madre del clan negro, la familia Jackson, encarnada por Mary C. Bilge, que está nominada para no sé cuantos premios (que espero que se lleve). Uno de sus hijos es Ronsal, interpretado por Jason Mitchell, otro crack en un papel muy duro, literalmente, ya que es el que recibe más palos, lo cual es mucho decir. Rob Morgan hace de Hap, el marido de Florence, que también recibe lo suyo, y también lo borda. Para mi es el mejor de todos.

En la otra esquina del ring tenemos al clan blanco, la familia McAllan, con una grandísima Carey Mulligan -que interpreta a una Laura McAllan que está completamente fuera de juego en el campo, rodeada de pobreza, con su piano como consuelo y con un marido al que no quiere-. Mulligan también se merece algún premio. Su marido es Henry, Jason Clarke, que siendo un hijo de puta no es de los peores, como tendremos ocasión de comprobar. Su cuñado es Jamie, Garrett Hedlund, que es el bueno de la familia y que para mi sobreactúa un poco su stress postraumático y alcohólico a la vuelta del frente, aunque no está mal del todo. Por último está el padre de los McAllan -Jonathan Banks, que les sonará si han visto Breaking Bad- que literalmente se sale en su papel de racista y, este sí, de hijo de puta integral. Banks es un actor secundario que creo que ya se merece algo más, pues es un actorazo.

La historia que nos cuentan en realidad es muy básica. Tras un planteamiento y presentación de los personajes un poco largo, un blanco de la familia que manda y un negro de la que obedece se van a la guerra. Uno es el piloto de un bombardero, el otro el comandante de un tanque. Los dos pasan las de Caín combatiendo en Europa, aunque aquí es importante hacer la observación de que si bien a ambos les contaban que iban al frente para defender la libertad, los negros en su pueblo eran ciudadanos de tercera, o de cuarta, que se sentaban en la parte para negros de los autobuses, restaurantes y cines, que tenían puertas para negros en los comercios, y que si necesitaban una transfusión en el frente, donde combatían en batallones formados sólo por negros, sólo les ponían la sangre de otros negros. No se si me explico.

Con todo lo anterior comprenderán que se puede hacer un cocktail muy potente, y este, créanme, lo es. Si le añaden una música buenísima, unos actores excelentes y una ambientación perfecta, tendrán como resultado una gran película que creo que se llevará un montón de premios más que merecidos. No se la pierdan.

Por último, una observación: estoy radicalmente en contra de los doblajes, y me da verdadera pena que ver que mientras que aquí nos miramos el ombligo y nos gastamos millonadas en fomentar hasta el ridículo nuestras lenguas vernáculas, nuestros vecinos portugueses o del resto de los países europeos, por no hablar de los sudamericanos, casi no doblan las películas... y hablan inglés mucho mejor que nosotros. Dicho esto, esta es una de esas películas que NO se pueden doblar, ya que lo que hablan todos, pero especialmente los negros, es un slang del sur profundo de los Estados Unidos que no tiene traducción posible. Es mucho mejor leer los subtítulos que perderse lo que dicen los actores, y cómo lo dicen, que no tiene desperdicio.


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