Hablando en plata

Gemio y Trueba, concierto para soprano y tenor

28.11.16 | 11:17. Archivado en Circo Político

A ver, que pecar puede ser muy divertido y muy entretenido, pero la faena que tiene ser pecador es que luego te tienes que confesar. Y encima yo tengo un confesor que no se corta un pelo y me da mucha caña. Pues bien, se ve que esta vez he sido muy malo porque al cabrón de él, con perdón, me ha puesto como penitencia escuchar como mínimo una hora seguida a Isabel Gemio. Por supuesto que he intentado regatear:

- ¿Y no podía ser un programa entero de Julia Otero? Pero no había nada que hacer.

- O una hora de la Gemio, o te vas al infierno, que por cierto se está poniendo fatal. Tú verás si prefieres que Fidel te suelte un discurso, pero no el standard de siete horas sino uno que dure toda la eternidad. La otra opción es tragarte en directo un Aló Presidente de Hugo Chávez, hasta que se enfríe el infierno. Y no descartes que Fidel y Hugo, que son muy colegas, te hagan una actuación a dúo para ti sólo. Así que tú veras.

Todo esto es muy duro, durísimo, pero qué le voy a hacer, ya me gustaría a mi pecar menos, o no pecar. La cosa es que no he tenido más remedio que aceptar la penitencia, a la fuerza ahorcan. Así que ayer me tomé un omeprazol y un válium, hice los ejercicios de estiramiento mental, me armé de valor y puse la radio. La cosa empezó en la línea habitual, aunque hay que decir que a Isabel cada vez le hacen más gracia las cosas que dice ella misma -como por ejemplo “buenos días”- y se ríe sin parar. Pero es que además como hacía unas horas que nos había dejado Fidel, pidió a la gente que llamara y cuando llamó uno diciendo que se alegraba de que haya desaparecido un dictador la Gemio nos dijo que aquí respetamos todas las opiniones.

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Contra la impunidad

25.11.16 | 15:04. Archivado en Cosas de Txapela Herría

Como era de esperar, y con cuatro millones de habitantes en Madrid, no se llenó el cine de la Asociación de la Prensa, que tampoco era enorme. Aún así, había bastante gente en el estreno de Contra la impunidad, gente que ya nos conocemos casi todos desde hace muchos años por asistir a todos los saraos de lo que yo llamo “la resistencia”.

Quiso la casualidad que cruzando la Gran Vía, justo enfrente, ayer había otro estreno, el de la película de Fernando Trueba, con Pe y compañía. Por cierto, que Trueba se descolgó ayer en una entrevista en El Mundo con que él es un tipo bastante majete y también que los que han atacado al cine español deberían pensar que están haciendo un daño a su país (sic). Hay que joderse. Pongan por favor en you tube "Trueba no es español" y verán a lo que me refiero. En cualquier caso allí sí que había focos, cámaras, prensa, alfombras rojas y toda la parafernalia. Supongo, y me temo, que el generoso presupuesto estaba regado con nuestras subvenciones, como suele ser habitual. El caso es que más tarde algunos coincidimos con parte de la peña glamurosa de la película de Trueba luciendo sus modelitos en la barra de un restaurante cercano. Podría apostar a que ninguno sabe quien es ni ha oído hablar de Iñaki Arteta.

Iñaki es el director de Contra la impunidad, un documental políticamente incorrecto y más que incómodo para muchos en los tiempos que corren, pero también imprescindible. Y es imprescindible, entre otras cosas, porque en España quedan más de trescientas familias que todavía no saben quien mató a sus maridos, padres, hermanos o hijos.

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Paul Simon: cómo joder un concierto

22.11.16 | 23:37. Archivado en Cosas...

A diferencia de sus colegas Bob Dylan y Leonard Cohen -que Dios le tenga en la gloria-, Paul Simon a sus 75 años sigue teniendo una voz más que aceptable, aunque luzca una tripita que una camiseta demasiado pegada no ayuda nada a disimular, y un rostro transparente y un poco raro que probablemente le han acartonado an algún quirófano.

Me enteré de que venía a España este verano pero como las entradas costaban un pastón no las compré hasta estar seguro de poder asistir. Las saqué, con gran ilusión de que todavía quedara alguna, la semana pasada.

Como nos pasó con Cohen, era probablemente la primera y última vez que le íbamos a poder ver en directo, así que, un día es un día, decidimos tirar la casa por la ventana y verle cómodamente sentados y muy cerca del escenario, aunque para ello tuviéramos que hipotecar la casa.

La cosa pintaba bien: estábamos a menos de 20 metros del escenario, había instrumentos para un grupo de diez músicos, sin contar uno que salió en un momento dado con un cajón flamenco, junto a un bailaor bastante bueno que se marcó una pequeña exhibición. Además estábamos en el pasillo central, con lo que enseguida pudimos confirmar que el sonido era bueno.

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Miércoles, 22 de noviembre

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