Vaya por delante que no tengo ni el más mínimo problema con el colectivo gay. Que en mi trabajo trato con muchos que lo son y no sólo tengo una excelente relación con ellos sino que a algunos les considero mis amigos, y que fuera de mi trabajo también tengo amigos, buenos amigos, que ademas de ser gays son bellísimas personas.
Dicho esto, me ha llegado un artículo que me ha hecho mucha gracia y que les pongo más abajo, no sin antes advertirles que siempre he sido una persona muy unida a mi maleta y a mi cartera de vuelo. La maleta nunca la deshago, sino que me limito a sacar y meter calzoncillos, calcetines y camisas. Y en verano/invierno cambio también el resto de mi indumentaria.
En cuanto a la cartera, la uso para llevar manuales, circulares, documentos y apuntes que me pueden servir en vuelo, además de todo tipo de objetos como son gafas, linterna, calculadora, ordenador, cámara de fotos, tapones para los oídos (sí, el avión hace mucho ruido y yo vuelo con tapones, porque si no estaría aún más sordo), chocolates, chicles, aspirinas, almax y otros objetos de supervivencia básica.
Además de eso mi cartera de vuelo ha transportado también -entre otras cosas y ya que en casa nos gusta mucho comer y cocinar- el siguiente género: chorizos de Asturias, merluza de Chile, chuletones de Sudáfrica, Colombia, Argentina o del País Vasco, quesos italianos, franceses y holandeses, salchichas alemanas, salmón irlandés o sueco y hasta bogavantes de Canadá o centollos y nécoras gallegos (el Guardia Civil del control del aeropuerto no daba crédito, pero yo no podía apretujar al pobre centollo que había comprado en Santiago en la maleta y sin aire para respirar). Todo lo anterior trato de meterlo en la nevera del avión si es que hay sitio, y si no lo hay procuro que los centollos o los bogavantes no se me escapen por la cabina o salgan a pasearse por el pasillo.
Pues bien, a lo que iba: lo admito, mi maleta y mi cartera tienen rueditas, qué le voy a hacer. Y además no soy el único, sino que -y aquí alguno me va a acusar de delator- la cosa está más que generalizada en el colectivo, se lo juro.
Así pues, colegas del gremio aeronáutico: Estoy preocupado. ¿Seremos todos gays? Lean, lean, con permiso de Evangelino:
"Los hombres de verdad siguen llevando a pulso maletas sin ruedas"
Por Evangelino Domínguez – Hombre
"En estos tiempos en que la gente sólo busca la comodidad y la eficiencia a todas horas y en todas partes, me gustaría romper una lanza a favor de los hombres de verdad que, en vez de haberse comprado una maleta gay con ruedas para no cansarse al andar por los aeropuertos y estaciones de tren, siguen acarreando sus maletones de toda la vida, muchas veces con las dos manos si hace falta.
Los "maletines con ruedines" se empezaron a popularizar por la "tripulación de cabina", que avanzaba con ellos a gran velocidad por las terminales. Sin duda los gays fueron los primeros en pensar que esto era una buena idea, y la contagiaron al resto de la población.
Desde hace ya bastantes años, se han ido tirando a la basura las maletas sin ruedas y sustituyéndose por otras de menor tamaño, que se llevan con menos esfuerzo y que caben en cualquier sitio.
Claro que para utilizar este tipo de maletín marica, de entrada hay que seleccionar mucho más la cantidad de cosas que se lleva uno de viaje. Seleccionar la ropa de manera eficiente, es decir, prever lo que uno se va a poner los días que esté fuera, realmente es cosa de gays. Un hombre de verdad mete las cosas a saco en la maleta y luego ya verá qué se pone o qué se deja de poner. Mete los cajones enteros, con el cajón incluido, y las perchas también.
Además un hombre de verdad no necesita ruedines maricas para que la maleta se desilce suavemente y sin hacer ruido. Un hombre de verdad coge el maletón de toda la vida a pulso y lo lleva hasta donde haya que llevarlo aunque se deslome.
¿Qué idiotez es esa de subir con el maletín al avión y encajarlo en el compartimento superior para tenerlo siempre a mano? ¿Es por si acaso en mitad del vuelo a su dueño le da por sacar el maquillaje de la señorita Pepis? No, coño. Las maletas se facturan, de toda la vida. Y si por facturarlas se pierden, pues se pasa uno las vacaciones con lo puesto, y se jode sin quejarse, como un hombre de verdad.
En un "maletín con ruedines" caben muy bien cosas como calcetines, ropa interior tipo tanga, camisetas ajustadas, tal vez un par de zapatos de tacón y un pintalabios. Hay gente que los usa incluso para llevar solamente un MacBook Air y una cazadora de lino. Dentro de poco harán maletines con ruedas para llevar un pen drive.
Pero ¿dónde mete uno los jerseys de lana? ¿Y las sudaderas? ¿Y las botas de trabajo? ¿Y los bocadillos de panceta? Las cosas de hombres no caben en una maleta gay.
A mí, que me considero un hombre de verdad, no me pillaréis ni muerto con un maletín con ruedas de esos. Sigo llevando una maleta de cuero donde cabría un radiador de hierro fundido de doce elementos. De hecho es lo que suelo llevar cuando voy de viaje, para aleccionar a todos los maricas que llevan sus bragas cómodamente en sus "maletines".
Es cierto que ahora hay maletas con ruedas que son bastante grandes y donde caben muchas cosas, pero eso no hace menos gays a sus usuarios, puesto que siguen necesitando ruedas para transportarlas. Si no, se harían "pupita".
De vez en veo en los aeropuertos y en las estaciones a más personas como yo, hombres de verdad, que siguen llevando sus maletas como siempre se han llevado, a pulso. Las llevamos con una mano, con el cuerpo inclinado hacia el otro lado, haciendo contrapeso como debe ser. O si pesa mucho, la llevamos con las dos manos, aunque nos lesionemos la espalda.
Solemos intercambiar miradas de complicidad porque sabemos que somos los encargados de mantener encendida la llama de la masculinidad en los tiempos que nos ha tocado vivir".
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A pulso todo, claro que sí. Me preocupa la opinión que tendrá este señor de los retretes.
Pero....¿dónde encontró usted a don Evangelino, ese hombre? Es buenísimo.
Miércoles, 30 de mayo
Rufino Soriano Tena
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera