La muerte, tras una larga huelga de hambre, del disidente cubano Orlando Zapata Tamayo le ha pillado a José Luis Rodríguez en la sede de Naciones Unidas en Ginebra. En concreto le ha pillado haciendo una bellísimo alegato -es su especialidad- en favor de la abolición de la pena de muerte en todo el mundo. El alegato tuvo lugar bajo la cúpula de su amigo Miquel Barceló, ¿se acuerdan de la cúpula de Barceló?, yo sí: nos costó treinta millones de euros a los españoles y luego hubo que arreglarla a todo correr porque se caía a pedazos. Es lo que tiene racanear con el presupuesto.
El caso es que el silencio de Rodríguez sobre el asunto Zapata tiene al mundo en vilo. Mucho nos tememos, y mucho más se temen Fidel y Raúl Castro, que sea el silencio que precede a una devastadora tormenta de indignación y de
consecuencias imprevisibles. ¿Romperá José Luís relaciones con el régimen cubano? ¿Retirará de inmediato a su embajador en La Habana y expulsará al cubano de la de Madrid como hizo hace poco tras el golpe estado en Honduras? ¿Enviará a la Armada a bloquear la isla para asfixiar a la dictadura y tumbarla de una vez por todas? ¿Se inclinará por un bloqueo económico? No lo sabemos, pero este hombre cuando se queda callado... da miedo.
Miércoles, 30 de mayo
Rufino Soriano Tena
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera