Supongamos que tengo un barquito con diez tripulantes. Supongamos que necesito uno mayor y decido encargar un portaaviones. Supongamos que después de las fotos de la botadura -que siempre quedan tan bonitas con los discursos, la banda de música y la botella de champán- me hago a la mar con el flamante portaaviones... y con los mismos diez tripulantes. Y ahora dejemos de suponer, porque eso es lo que ha hecho Esperanza Aguirre en Madrid con el recién estrenado Hospital Puerta de Hierro. El resultado, de momento, ha sido el mismo que era previsible en el viaje inaugural del portaaviones. Pónganse cómodos y lean lo qué cuenta un "cliente":
"Después de cinco días seguidos con fiebre estoy hecho polvo, así que cuando el sábado el termómetro llega a 39º decido ir cuanto antes al sitio más cercano donde creo que me puedan ayudar: el nuevo Hospital Puerta de Hierro, a las afueras de Madrid.
Me registro y explico el problema. Me pasan a una sala de unos treinta metros cuadrados en la que hay diez enfermos un poco apretados, pero tengo suerte y me puedo sentar en la última butaca disponible. Como no hay mucha intimidad es inevitable que todos escuchen la siguiente conversación cuando una enfermera se dirige a un paciente de unos ochenta años y un poco sordo: "¡así que está usted con diarrea!", "pues sí, señora", "¿y cuantas veces?", "pues... muchas", "pero, muchas ¿cuantas son?", "no me acuerdo pero todo el día..", "bueno, y cómo es lo que hace: ¿muy líquido, tiene color, huele mucho...?". Aquí el pobre hombre, que cada vez se encoge más y habla más bajo, contesta: "pues sí, muy liquido y muchas veces...". En la sala nadie se mira y hay un silencio sepulcral. Increíble pero cierto.
Después de media hora allí me pasan a otra sala de espera (días después mi médico de cabecera, un extraordinario profesional, me cuenta que le llaman "la Franja de Gaza". No tardaría mucho en comprender por qué). Es de unos ochenta metros cuadrados y hay al menos sesenta personas sentadas en bancos corridos. Si pillas asiento lo mejor es no levantarse, porque te quedas sin él y te toca estar de pié. Allí están representados gran parte de los países de la tierra y hay de todo: una persona de unos setenta años que está con 40º de fiebre, un chaval y su novia a los que les han dado una paliza en la discoteca, una magrebí con pañuelo, gotero y en silla de ruedas, un futbolista de uniforme y con botas con una tremenda brecha en la cabeza y otro que aparentemente tiene un hombro roto y que no puede ni moverse. Pasa más de una hora dando alaridos hasta que se lo llevan.
Tres horas después de llegar al hospital me recibe un médico. La verdad es que es muy amable, parece muy competente y está abochornado por el trato que dan a los pacientes. Me explica que están desbordados, que el hospital es muy grande pero que no hay suficiente personal. Me dice que me harán análisis, rayos X y un ecografía, y que la cosa "tardará un poco". También me dice que intentará encontrar una camilla para que me tumbe y un yogur para que coma algo, pues estoy en ayunas.
Vuelta a la sala de espera. Me meten una vía en vena y me sacan sangre, recogen también una muestra de orina y cuando les digo que tengo sed me dan un vaso para que vaya al cuarto de baño y beba. Los baños ya no tienen pestillo, a cambio han puesto un cartel hecho a mano en el que pone "libre" por un lado y "ocupado" por el otro. Dentro se han caído varias baldosas, la tapa del retrete está suelta y la suciedad me recuerda a algunos que he visto en África.
Un par de horas después me hacen las placas y la ecografía. Pregunto por la camilla y por el yogur y me dicen que no hay ninguna de las dos cosas, pero en cambio me pinchan otra vez en el otro brazo para sacarme más sangre, pues al parecer la vía que me han puesto no funciona.
Llamo a mi mujer y consigo colarle en la sala, que se va vaciando poco a poco. Me trae un bocata y líquido para hidratarme un poco, pues con la fiebre estoy empapado de sudor. El bocata es lo primero que como desde las nueve de la mañana.
A las once de la noche el médico me dice que se han perdido los análisis de orina y que hay que repetirlos. Tiempo estimado: 2 horas. A la una me dice que me tienen que ingresar pero que no hay habitaciones, así que tratará de conseguir una cama o una camilla. Empiezo a pensar que la táctica del hospital es la selección natural, la supervivencia del más fuerte: a los que más aguantan y no se escapan o se quedan por el camino llega un momento que les atienden y tratan de curarles.
Ahora la sala está casi vacía y me puedo tumbar en un banco. Hay un individuo alto y con la cabeza afeitada que lleva varias horas dando la bronca para que le den de comer. Al final se tira al suelo, se hace el muerto y se lo tienen que llevar los de seguridad. Al rato vuelve con un sándwich. Me dice la enfermera que va casi todos los días para que le den de comer, pero que el tipo es violento y a ella le da miedo. No me extraña, a mi también. Mi mujer me sugiere que me desmaye yo también a ver si por lo menos me ponen en una camilla
A las tres de la mañana -once horas después de mi llegada- me enseñan una especie de camastro y me dicen que me ponga un pijama. Cuando vuelvo con el pijama me encuentro a un tío en mi cama. Me dicen que espere y que me buscarán otro. Después de media hora de pié en el pasillo me ponen otro camastro en una sala con otros cinco enfermos. A las cuatro me enchufan un antibiótico en vena, han pasado doce horas y es la primera acción que toman para curarme.
Es prácticamente imposible dormir, pues los demás también están mal y se quejan. Uno es el señor de la diarrea y otro es un señor muy mayor que pregunta a cada rato que dónde está. Hay mucho ajetreo y a las siete directamente tocan diana. Por fin me traen algo de comer: unas galletas, un vaso de leche con un sobre de café, una ración de margarina y otra de mermelada. Trato de comer un par de galletas.
Cuando llega el especialista de guardia resulta que, oh milagro, es mi médico del seguro y al verme la cara debe pensar que no aguantaré vivo otro día allí, así que me hace unas recetas y me manda para casa.
Salgo de la Franja de Gaza derrapando y juro no volver jamás estando consciente.
Doña Esperanza: Lo se, soy consciente de que la oposición le ha organizado a usted "comités de recepción" de liberados sindicales disfrazados de médicos. Pero, con todos mis respetos, no siga inaugurando hospitales si no tiene personal para atenderlos, coño".
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Lo mejor del hospital son sin duda los profesionales que trabajan en él. Pero están desbordados y pasan muchos malos ratos y mucha vergüenza, tal y como admitió el médico. No tengo queja de ninguno y dudo que hayan tenido a un paciente más fácil y educado que yo, igual sí pero más no, te lo aseguro. Lástima que no haya tres veces más profesionales allí, que es lo que para mi ojo inexperto hace falta (ellos parecen estar bastante de acuerdo con esta apreciación).
Ah, y encantado de que Espe siga inaugurando hospitales, pero si no pone gente para atenderlos creo que tendrá que leer más cosas como esta. Y no, no ha sido fácil criticar, ha sido una experiencia bastante difícil de olvidar, me hubiera encantado ahorrarme el trámite.
Un saludo,
Estimado José María:
Te preguntas muchas cosas: ¿Quien soy yo para criticar? ¿Busco algo más? ¿Me he tirado once horas esperando para poder criticar a Espe?
Pues mira, solo soy un pringado que se limitó a seguir las instrucciones claras y precisas de su médico de cabecera. Sí, el de su centro de salud: "Ojo con esto que tienes, que no es ninguna broma y tenlo bien claro: si la infección no responde a los antibióticos y el fin de semana estas mal y con fiebre alta te vas a urgencias enseguida". No era el plan que más me apetecía para pasar el fin de semana, pero es exactamente lo que hice. El resultado ya sabes cual es, y si no me llegan a soltar me largo yo en pijama y arrastrando el gotero. Otro día allí no se lo deseo ni a mi peor enemigo.
SIGUE...
Y yo me pregunto ¿Y qué? ¿Es criticar por criticar o buscas algo más diciendo esta sartá de sandeces?
Lo primero, si tienes 39 de fiebre el hospital no es tu sitio, sino el centro de salud. Otra cosa es que queramos -al estilo señorito andalú- que nos atiendan según llegamos por cualquier tontería que tengamos, como si unas Urgencias hospitalarias estuvieran para tratar la fiebre de un tío hecho y derecho.
Si lo que quieres es desgastar, veo que ya lo has hecho: has desgastado al personal sanitario que se deja la piel por nosotros, acudiendo al hospital que más urgencias ha atendido en 2009 (de los nuevos) en todo Madrid.
¡Qué fácil es criticar! ¡Qué sencillo es sentarse delante del teclado y decir: 'no funciona'! Desde luego, con 'pacientes' como tú, siempre tendrán más difícil funcionar a la perfección ¿Un antibiótico y a casa? ¿Y eres capaz de tirarte once horas esperando?
¿¿Y tú te permites decirle a la presidenta que deje de inaugurar hospitales?? ¿Quién e...
Bueno Quique, ¿pero ya te has curado o no? Que no nos cuentas el final.
Miércoles, 30 de mayo
Rufino Soriano Tena
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera