
Aniceto, mi amigo mejicano, era un tío muy majo. Además de brujo era "comunista teórico". Lo de teórico lo llevaba a rajatabla, pues en un país en el que había mucha pobreza Aniceto era el perfecto burgués que sin currar mucho vivía muy bien.
Aniceto me contó que de pequeño su abuela le había dado este consejo: "Aniceto, tú pídele a Dios que te ponga donde haya mucho para repartir, que de coger ya te ocuparás tú".
Tratándose del Méjico del Presidente López Portillo -que fue un auténtico fenómeno en un país plagado de virtuosos en el arte de partir y repartir- el de la abuela de Aniceto era un sabio consejo. Baste decir que al último año del mandato de cada presidente le llamaban "el año de Hidalgo... pendejo el que deja algo", en referencia a la avidez con que todo el que manejaba un peso de dinero público se esmeraba en su último año en el cargo.
Viernes, 17 de febrero
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Francisco Rubiales
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Antonio Javier Vicente Gil
Carlos Ruiz Miguel
Pedro Fernández Barbadillo
Rufino Soriano Tena
Enrique Zubiaga
Vicente A. C. M.