
El pegarse el madrugón y la paliza de volar diez o doce horas también tiene sus recompensas, incluso cuando el resto del país está de vacaciones. Sin ir más lejos, el domingo de ramos pude ver la procesión de la borriquilla en Granada, el jueves santo en Málaga la del Cristo de la Buena Muerte, escoltado nada menos que por la Legión, y el viernes santo asistí a la Pasión según San Mateo de J.S. Bach en un auditorio de Londres. He disfrutado muchísimo, lo que no está mal para alguien que no es creyente.
Al paso que van las cosas entre Zapatero y la Iglesia no sería de extrañar que acabemos viendo a las procesiones dar vueltas en un estadio o en un polideportivo. Sin embargo las mejores procesiones están en Andalucía, el mayor caladero de votos de ZP, y no creo que a los andaluces les guste la idea, como lo demuestra el hecho de que muchísima gente joven participa y se implica a fondo en las procesiones, ya sea como organizadores, costaleros, penitentes o músicos, por lo que no parece que esta tradición esté en peligro de extinción. Así que el nuevo ultralaicismo militante tiene un hueso duro de roer con la Semana Santa, pero como también hemos visto ya a algunas mentes lúcidas de la progresía nacional inventar el
bautizo y la primera comunión civiles y pedir la celebración del solsticio de invierno en vez de la Navidad, todo es posible.
El caso es que el ambiente que se respira en las calles al paso de las procesiones es emocionante, no hay nada igual y así lo aprecian los miles de turistas nacionales y extranjeros que acuden y se maravillan con lo que ven. No es para menos, delante y detrás de los pasos que cargan sobre sus hombros los sufridos costaleros desfilan penitentes con capirote, niños vestidos de nazarenos, mujeres vestidas de negro con peineta, mantilla y rosario, generales y oficiales de uniforme, compañías de la guardia civil de gala o de los legionarios cantando "soy el novio de la muerte". Si a esto sumamos el fervor del público, las saetas o los piropos que la gente lanza a la Virgen el resultado es que no hay palabras. ¿Surrealismo?, ¿España profunda? No lo se, pero todo ello es fascinante y hay que estar allí para entenderlo. Yo me alegro de haber estado.
Más aún me alegro del regalo inesperado de poder escuchar lo mejor de Juan Sebastián Bach en Londres. ¿Que exagero? Pinchen aquí, cierren un momento los ojos y escuchen el aria erbarme dich: http://www.youtube.com/watch?v=aPAiH9XhTHc
Hice mi propia penitencia aguantando tres horas de cola para finalmente conseguir una entrada cinco minutos antes de que empezara el concierto en el Barbican Hall. Cuatro horas después llegué al hotel agotado y muerto de hambre pero flotando en una nube. Había valido la pena, la Pasión según San Mateo siempre vale la pena y además esta fue excelente. Si han llegado hasta aquí, y como no hay palabras para explicarlo, les dejo con el coro final: http://www.youtube.com/watch?v=qw6eJRMmgXU
Sábado, 18 de febrero
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Cesar Sinde
Toni García Arias
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Francisco Rubiales
Antonio Javier Vicente Gil
Carlos Ruiz Miguel