El País entrevista al recién reelegido Lula
03.11.06 @ 13:20:35. Archivado en Periodismo, Política
Ya en su primer discurso tras la reelección Lula se comprometió a mejorar su relación con los medios y ser más transparente. Y lo hizo de inmediato, concediento entrevistas a todos los medios brasileños -a excepción de Veja y Folha, que le han fustigado invariablemente-. En cuanto a medios extranjeros, se decantó, entre otros, por el diario español El País y los italiano y francés La Repubblica y Le Figaro.
Pueden leerla completa en El País ,firmada por Jorge Marirrodriga desde Brasilia, en abierto aquí.
Su respuesta a la pregunta sobre la corrupción durante su mandato resulta una una curiosa forma de darle la vuelta y convertir lo malo en bueno. Una capacidad admirable en el presidente brasileño que, sin duda, se ha llevado un importante varapalo sobre cómo funcionan los órganos de Gobierno.
Verdad no le falta, pero tras su alegría por haber destapado la corrupción se adivina el daño que todo este asunto le ha tenido que hacer. Está claro que es parte de su trabajo como político venderse hasta en lo negativo, pero su respuesta a la pregunta de los escándalos de corrupción en Brasil estos cuatro años atrás es, cuanto menos, esperanzadora. Lula no pierde la fe y hace que sus votantes tampoco lo hagan:
¿Qué papel juegan los escándalos de corrupción en la reforma?
Una de las cosas que me enorgullecen es que mi primer mandato se haya caracterizado por una política de lucha contra la corrupción. Alguna vez he comentado con el ministro de Justicia que a medida que se descubren grupos de corruptos, la gente puede confundir el combate contra la corrupción con el surgimiento de ésta. Los datos de la Policía Federal demuestran que las bandas que hemos descubierto llevaban años operando en el país y nadie decía nada. Se prefirió guardar la corrupción debajo de la alfombra y nosotros la hemos sacado a luz. Entre 2003 y 2006 la Policía Federal realizó más de 300 operaciones contra la corrupción organizada. En los anteriores ocho años apenas fueron 48.
De sindicalista a presidente del Gobierno hay un trecho, y su optimismo inicial fue encontrándose con muros cada vez más difíciles de franquear, que le llevaron a una difícil situación personal, de decepción por lo que se descubría de la gente de su entorno en la que él confió con la inocencia de quien pretende llevar a la práctica su utopía de Gobierno de la noche a la mañana. Quizá haya aprendido Lula a ser más desconfiado, a vigilar a quien se le acerca y no dejar nada al azar.
Algún tiempo después de haber llegado por primera vez a la presidencia entrevisté a Frei Betto, propulsor del programa estrella del primer mandato de Lula, Hambre Cero. De aquella entrevista recuerdo un mensaje claro del asesor del presidente, y era la decepción que tenían de ver que como dice el refrán, en Palacio las cosas van despacio.
Llegaron al poder llenos de ideas e ilusión, con muchas ganas de remendar todos los males de Brasil. Y se encontraron con un sinfín de trámites y, sobre todo, con un Congreso en contra, sin mayoría y muchos votos que obstaculizaban todos aquellos proyectos que querían poner en marcha de inmediato. Primer chasco de la realidad de gobernar un país.
Con esos datos, realmente se ha visto a un Lula decepcionado y triste al final de su primer mandato, abrumado con tantos palos que de verdad no esperaba.
La esperanza de los que han vuelto a votarle está en que realmente haya escarmentado. Le han dado otra oportunidad porque creen en su empeño por mejorar Brasil y, si no le perdonan lo ocurrido, sí que hacen algo de vista gorda. Esperemos que no decepcione.
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Elena de Regoyos



