La ética del reportero... ¿O del editor?
14.10.05 @ 17:41:41. Archivado en Folklore
Paolo Luers se
plantea en un artículo publicdo en El Faro la cuestión de la ética periodística y la pereza de hacer un buen reportaje, quedándose la mayoría de reporteros con la opción más fácil de lo “morbosamente interesante”, principalmente cuando se trata de grandes tragedias humanas o catástrofes naturales. El comodín del testimonio familiar y las lágrimas del desespero son muy tentadoras y venden bien pero... ¿Es esa la mejor opción informativa?
A continuación reproduzco párrafos de su artículo, que se puede leer por completo pinchando aquí.
Sobre las fotografías de catástrofes y dolor humano:
El fotógrafo toma todo tipo de fotos, incluyendo muchas fotos que por decencia no deberían publicarse. Aunque el buen fotógrafo no necesita acosar a las madres dolientes. La responsabilidad principal, en estos casos, es del editor. Un buen editor fotográfico no selecciona estas fotos. Un buen jefe de fotografía no premia al fotógrafo que irrespeta la privacidad.
Además, la foto de una madre que llora a una niña victima de la tormenta Stan no se distingue en nada de la foto de ayer de la madre llorando al hijo víctima de la pandilla X. Estas fotos, tan comunes en periódicos como Más y El Diario de Hoy, y estas escenas transmitidas por 4visión, no van al fondo, no ilustran nada, son resultado de la incapacidad de narrar una historia.
Tenemos muchos fotógrafos excelentes (aprovecho esta columna para felicitarlos por su trabajo de los últimos días), pero muy pocos editores buenos.
Sobre los reporteros y su afán de agarrarse a la madre del difunto:
En los reportajes escritos y de televisión existe el mismo problema, sólo más grave. Abundan las entrevistas a familiares de víctimas. La forma más barata y bajera de crear impacto. Quien no tiene capacidad de escribir se agarra de la madre del difunto. O de la morbosidad del vecino.
Siempre cuando hay un accidente o un asesinato o un desastre, entrevistan a "testigos" que no han visto nada, no saben nada. Aparecen en cámara o en el periódico simplemente porque estaban cerca cuando el reportero necesitaba a un "testigo" o a un "afectado". Son los curiosos y morbosos que se quedan haciendo un círculo donde haya un muerto. Ahí están, siempre dispuestos a salir en cámara, siempre listos para reproducir lugares comunes ("aquí no han venido a ayudar...").
El periodista que no sabe como investigar y narrar un hecho, felizmente se apoya en ellos: familiares dolientes y transeúntes "testigos".
Cuando el testimonio es igual en todos los medios, y todas las historias suenan igual y no aportan nada:
Cuando es un solo reportaje, este error casi no llama la atención. En situaciones como la actual crisis de inundaciones, erupciones y derrumbes, la repetición del mismo error lleva al absurdo esta forma de periodismo.
Cuando un periódico dedica 20 páginas a los efectos de Stan y los reporteros van a 10 diferentes albergues, donde las imágenes todas se parecen, donde los "testimonios " todos se parecen; y además van a 10 diferentes ríos donde las inundaciones todas se ven iguales, las historias de los "afectados" todas suenan iguales; y van a 5 diferentes lugares donde los derrumbes y los testimonios son intercambiables - ¿qué han reportado?
Las páginas de los extras de los periódicos, hechos así, corresponden exactamente a la cobertura televisiva, donde día y noche pasan las mismas tomas -muchas veces no editadas- de ríos, deslaves, derrumbes, gente tratando de salvar sus pertenencias. La información en bruto, en grandes cantidades, y repetida en todos los medios, no informa. Desinforma.
El verdadero papel de los medios:
Los medios se llaman "medios" porque son más que simples espejos o cámaras que captan y transmiten todo lo que pasa. Los medios, pare cumplir su función, procesan la información.
Tampoco los periódicos han trabajado el aspecto de la memoria histórica, de las lecciones no aprendidas por el estado, por la sociedad en general. Una crónica de cómo una familia o una comunidad ha sido afectada por la sucesión de calamidades en los últimos años (guerra, masacres, sequías en verano, inundaciones en invierno, terremotos) y cómo esta suerte guarda relación con la calamidad permanente y estructural que es la pobreza, nadie la ha escrito.
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Elena de Regoyos



