Siendo ya verano desde hace poco más de 24 horas, y con amenazas de grandes calores, me parece conveniente sugerir acercarse a la Plaza de Oriente, sin duda entre las más hermosas de Europa, que en pleno corazón de la capital ofrece sin embargo una tranquilidad difícil incluso en la Plaza Mayor de un recóndito pueblo; y, además, un entorno incomparable. La ausencia de tráfico -uno de los grandes logros del Alcalde Álvarez del Manzano- permite escuchar el murmullo de los árboles y la encantadora algarabía de mil pájaros de una docena de razas.

Sentarse en una de las magníficas Terrazas que allí existen -por cierto, perfectamente atemperadas tanto en verano como en invierno-, con el fin de refugiarse disfrutando un rato inolvidable -yo tengo varios en mi recuerdo, y de ahí estas líneas-,… quizás bebiendo un gran cava -al atardecer me gusta el Elissya rosado, cuyo color compite con el del crepúsculo que por allí asoma-, quizás merendando un suculento chocolate con ricos picatostes.
Sin necesidad de precisiones históricas, pienso que a la Plaza de Oriente se le podrían atribuir varios autores. Sin retroceder demasiado en el tiempo -lo sería más que posible-, el primero podría ser José I que, conocido como Pepe Botella y dada su afición a la buenamesa, encaja muy bien en un programa como éste; él dispuso la demolición de viejas casas medievales que no cabían en su proyecto. Isabel II aceptó el diseño casi definitivo del Arquitecto Narciso Pascual y Colomer y en 1844 puso un perfil casi definitivo. Mucho más tarde, en 1972, el Padre Luis Lezama -el Cura de los Maletillas-, con su restaurante La Taberna del Alabardero -calle Felipe V, frente al Teatro Real y casi esquina con la Plaza de Oriente-, puso la primera pincelada de un importante carácter que hoy caracteriza a esta Plaza: el gastronómico. Finalmente, el Alcalde José Mª Álvarez del Manzano quien, como ya he dicho, por los años 90 soterró la calle Bailén -por cierto, con protesta de la oposición tan bulliciosa como injustificada-, eliminando el tráfico para llevar la Plaza hasta el hermoso Palacio Real, dignificando a ambos.
Y finalmente, las terrazas: con referencia al Teatro Real
-sede, por cierto, de un lujoso restaurante del mismo nombre, que ofrece una gran cocina que la crítica ignora, pienso yo que irresponsablemente-, a la derecha hay dos de El Café de Oriente y una de La Botillería; a la izquierda, la de La Taberna del Alabardero, que no está en la misma Plaza sino en la calle Felipe V, precisamente frente a la entrada al Restaurante Teatro Real; de nuevo en la Plaza, la de La Mar del Alabardero, muy cerca del precioso Convento de la Encarnación, que es el último de los restaurantes abiertos por el P. Luis Lezama en la zona. Todas ellas son anexos de sus respectivos restaurantes, cuyas cocinas son de gran calidad también, por lo que en las mismas es posible solicitar algunos de sus mejores platos.
Miércoles, 30 de mayo
Gonzalo Sol
Juan Luis Recio
Patricio Peñalver
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català
Chris Gonzalez -Mora