Aranjuez. Los Jardines del Príncipe, Casa José, y tinto "Homet" .
10.11.09 @ 12:09:18. Archivado en Restaurantes, Análisis
El profesor Ramón Tamames y yo, acompañados por Carmen y Mª Pía, nuestras respectivas esposas, acudimos cada primavera a Aranjuez con el fin poder dar un largo y despacioso paseo charlando por los cien caminos reales del hermoso Jardín del Príncipe, encerrado por el Norte por el Tajo, causa de que esté siempre feraz, y, al Sur, por la carretera que lleva a Colmenar de Oreja, cuna de magníficos vinos entre los que destacan los de Bodegas Jesús Díaz (desde los años 80 me gusta especialmente su blanco, y desde hace un año más o menos, su tinto Cueva del Convento).
Hacía años yo que no iba en otoño, y tuve -tuvimos- la suerte de que la Virgen de Almudena –ayer, 9 de noviembre- nos facilitara un maravilloso sol radiante que señalaba y destacaba mejor los distintos verdes, rojos y oros del otoño. Algo tendría el lugar cuando, todavía sin ese jardín aunque sin duda con una importante arboleda, Carlos I instó a su hijo Felipe para que recuperara la casona y espacios que, totalmente abandonados, sin embargo venían siendo de la Corona desde los Reyes Católicos. Así, en 1560, Felipe II otorgó a Aranjuez el título de Real Sitio, y un año más tarde, al tiempo que fijara en Madrid su Corte, empezó allí la construcción del espectacular Palacio Real -Herrera resulta evidente- que, francamente abandonado después y durante siglo y medio, fue reiniciado por Felipe V, terminado Fernando IV, y ampliado y rematado por Carlos III a iniciativa de su hijo Carlos, Príncipe de Asturias.
Carlos IV, ya finalizando el XVIII y continuando aquel trabajo paterno, hizo traer de América varias especies de árboles y construyó la preciosa Casita del Labrador sobre lo que había sido una vieja casa de labranza. Así, no sólo la variada e imponente vegetación ni tampoco esa “Casita” sólo, ofrecen el espectáculo del Jardín del Príncipe, sino también bellas esculturas y fuentes de carácter mitológico, así como preciosos cenadores chinescos, pequeños estanques llenos de vida, y otras sorpresas que las cuatro estaciones aportan. Todo fue sin duda estímulo e inspiración, tanto para las pinturas de Santiago Rusiñol -falleció en esta ciudad en 1930- como para Joaquín Rodrigo, Marqués de los Jardines de Aranjuez, para componer su Concierto de Aranjuez.
Pero no sólo de belleza y cultura vive el hombre, por lo que me parece necesario recordar tres cosas referidas al pan o, mejor, a la buena mesa completa:
Primero, la fantástica huerta plural de Aranjuez -se dice que de “perfil renacentista”- origen de las famosas fresas que dieron nombre al ferrocarril Madrid Aranjuez inaugurado en 1851 por la Reina Isabel II -el segundo de España tras el Barcelona Mataró de 1848-, pero también de sus conocidos espárragos, así como de sabrosas lombardas, bellas coliflores blancas, turgentes repollos, frescas lechugas, aromáticos tomates, etc., etc…
Segundo, el Restaurante Casa José, donde disfrutamos de su cocina y bodega en cada una de las excursiones al Real Sitio. Lo conocí por los años 80, siendo una taberna con vocación de casa de comidas que estaba frente al mercado próximo a la carretera de Andalucía; la regentaban José Cerro y su esposa. Su breve carta, lugareña, sabrosa y sencilla condujo a éxitos y fama que a principio de los 90 obligó a la familia a trasladarse a una encantadora casita de dos alturas en la esquina que la calle Abastos hace con la estrecha y transitada calle que, aun cuando hoy pueda parecer mentira, hasta poco antes había sido carretera de Andalucía. Retirados ya los padres, la excelente cocina es cosas de Fernando Cerro, y el comedor, amablemente atendido, lo es de su hermano Armando y Ana, su mujer, así como de la de Fernando, Maricarmen, cuya vocación profesional queda patente ante el hecho de que este año, pese al gran esfuerzo que la distancia sugiere -52 km-, todas las tardes acude con aprovechamiento al Curso de Sumilleres de la Cámara de Comercio de Madrid. Realmente, casa José es un gran placer añadido a los que el Jardín ofrece y, como en éste ocurre, con diferentes matices en cada estación del año. En esta visita éramos seis y la cuenta ascendió a 220 €; muy bien también.
Tercero, el vino que me recomendó Armando -Maricarmen no estaba-, un “Homet” Reserva 2004 elaborado -unas 4900 botellas sólo- por la bodega arancetana “Real Cortijo de Carlos III”, conjunto construído en 1782 por Carlos III para asegurar suministros a la Casa Real. Hoy es Monumento Nacional en el que se elabora uno de los mejores vinos de la D.O. Vinos de Madrid. El Homet está elaborado con 70% de Tempranillo, Merlot, Syrah y Cabernet Sauvignon, a partes iguales; antes del embotellado fue guardado durante unos 14 meses en barrica. El que yo diga que nos pareció extraordinario tiene sin duda menos valor que informar que el Concurso Bacchus, organizado por la Unión Española de Catadores, le dio una medalla “Bacchus de Oro”, que es su mejor calificación; yo he participado en el mismo como Jurado en tres ocasiones, por lo que conozco la ecuanimidad de catadores de todo el mundo con los que allí coincidí.
Como resumen del día, muchas gracias a todos los Reyes que fueron creando este Real Sitio, gracias a la familia Cerro por su magnífica cocina, gracias al Real Cortijo por su vino, y gracias, por descontado, a la Virgen de la Almudena que nos permitió holgar un lunes de tan agradable manera. ¡Gracias!
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Gonzalo Sol
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